La vida de Rubén Soler Ferrer en 8 películas

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Rubén Soler Ferrer en el rodaje de un videoclip del grupo Ambros Chapel. Foto: Edie Andreu.

Me llamo Rubén Soler Ferrer. ¿Cómo definirme? Bueno, soy realizador y editor, licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Politécnica de Valencia, y ahora además padre. He dirigido varios documentales relacionados con el mundo de la música, primero sobre la música tradicional “Dolçaina: del carrer a l’aula” y, posteriormente, la moderna como “La Inercia de la costumbre”, sobre el músico valenciano Manolo Tarancón y el largometraje documental “Los Tontos Buenos Tiempos” acerca de la banda Doctor Divago. También soy el co-director, junto a Alba Forés, de “L’estiu més negre”, un documental sobre los incendios del 2012, y el montador de “Teología. Perdimos un imperio por esto”, de Carlos Aimeur, sobre La Muñeca de Sal. Compagino el día a día con videoclips que no considero normales, “anormales” como diría Fronkonstin, y que hago junto a mi colega Santi “Sapone” Agustí, como “Tears” y “Cellophane”, de Ambros Chapel y “Selección Natural”, de Reno. Actualmente soy freelance y sobrevivo dentro del mundo audiovisual en mi reducto, La Fundación Píxel, junto a otros compañeros de batallas.

A mí las propuestas que lanzan algunos blogs de hablar de películas, hacer listas con ellas, catalogarlas y otras cosas, me encantan porque soy, lo declaro ahora, un gran seguidor de las listas. El motivo de esta afición es la de ahorrar tiempo y ver directamente cosas que me puedan interesar. Verlanga me propone hacer ahora una lista películas relacionadas en periodos de 5 o 10 años, y tras varios días de meditación creo que voy a dejar la lista de la siguiente manera:

0-10 años

Fue una época marcada por el Beta y el videoclub Provigasa (evidentemente eran tiempos pre-marketing/pre-web y no existía aquello del “naming”). Mi madre solía reservar películas que alquilaba los fines de semana. De todas aquellas quiero destacar “Gremlins” (Joe Dante, 1984). Recuerdo perfectamente la expectación por llegar a casa, ver el estuche amarillo del videoclub, abrirlo y descubrir la cinta de beta con la etiqueta “Gremlins”. Aquella película me dejó fascinado: el cuento fantástico ambientado en Navidad, aquella criatura amable llamada Mogwai que puede desatar el mal, la banda sonora de Jerry Goldsmith, y sobre todo, aquella sensación que transmitían las películas fantásticas de los 80, el ahora llamado “sense of wonder”. Fueron años de mucho cine fantástico, también una época muy marcada por Spielberg, del que no podías escapar. Muchos años después encontré el origen de los Gremlins en aquella historia escrita por mi querido Richard Matheson para la serie “The Twilight Zone”, de Rod Sterling, “Nightmare at 20.000 Feet”, pero esto corresponde a otro periodo.

10-20 años

Esta época estuvo marcada ya por el VHS, lo que me permitió convertirme en un buen consumidor de películas y de los géneros más variopintos, preferiblemente el fantástico con John Carpenter y el de acción (la Canon dominaba aquel periodo). De esta época destacaría el cine clásico: las comedias, el cine negro, los dramas… Veía todo lo que podía. Los videoclubs de Gandía tenían un buen surtido pero la Biblioteca Municipal poseía un catálogo diferente. De este periodo destacaría “Rear Window” (Alfred Hitchcock, 1954). Aquella película me dejó k.o porque no sólo era un gran thriller, además tocaba la psique. ¿Cuántas veces hemos mirado por la ventana e imaginado cómo serán las historias al otro lado, en las otras casas? Seguro que muchas. Hitchcock tocaba no sólo el tema del voyerismo, sino que además abordaba el de la imaginación y la observación. Es una película que no me canso de ver y que con la edad he ido apreciando mucho más, llegando a convertirme casi en un mitómano de esta.

20-30 años

Es ya un periodo marcado por la universidad. Tuve la suerte de tener grandes profesores que me ayudaron a ver más allá y empecé a visionar mucho cine europeo, alternativo, documental…  De este periodo destacaría por encima de todo a la Nouvelle Vague y a Jean-Luc Godard. Estaba acostumbrado a ver un cine creado bajo modelos de guion, estructuras bien definidas y muy funcionales. Todo estaba perfectamente asentado hasta que llegaron los malditos franceses y lo reventaron las bases. Godard era mi ídolo porque hacía que me calentara la cabeza. De todas las que vi rescataría ahora “Une femme est une femme” (1961). En aquella película, Godard se cargaba la narrativa audiovisual: cambios de música, intertítulos, mezcla diferenciada de géneros pasando de la comedia al musical sin transición alguna, los colores vivos en un París totalmente grisáceo… Básicamente es un musical al estilo de Godard, si es que esto se puede llegar a estandarizar.  A modo de apunte quisiera añadir a Iván Zulueta porque toda su filmografía me marcó muchísimo, con él llego el pop y el rock al cine patrio.

35…

Sigo consumiendo mucho cine, pero ahora me dejo guiar por la máxima de Ray Bradbury de que hay que verlo todo para aprender. Estoy a mitad de esta década y no puedo hablar de ninguna película en concreto. Todas las buenas y legendarias ya han sido vistas, y ahora queda rebuscar entre ese cine olvidado, de género, películas que no han gozado de la popularidad de las que han estado producidas por los grandes estudios. Las últimas producciones que más me han sorprendido han sido “Beyond The Black Rainbow” (Panos Cosmatos, 2011), “Berberian Sound Studio” (Peter Strickland, 2012), “Canino” (Yorgos Lanthimos, 2009), “Coherence” (James Ward Byrkit, 2014) o “Baghead” (Duplass Brothers, 2008), todo películas independientes, accesibles, de producción barata y temas interesantes. Imagino que de ahora en adelante iré en esta línea, sin salirme del camino de la independencia absoluta porque en el cine más de consumo empieza a resultarme anodino y vacío.

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