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Terriblemente sujetos a las pasiones

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El año pasado la Seminci de Valladolid puso en marcha una encuesta, en facebook, para elegir la mejor película española de los últimos 60 años. La ganadora, con un 22% de los votos, fue “Amanece, que no es poco” de José Luis Cuerda. Una película que ahora cumple 25 años y mantiene intacta la frescura e irreverencia de cuando se estrenó. Un film de culto que despierta pasiones entre sus seguidores (“los amanecistas”) y, que incluso tiene su propia ruta turística por los tres pueblos de la Sierra del Segura en los que se rodó (Ayna, Liétor y Molinicos).

“Amanece, que no es poco” no ganó ningún premio Goya, fue vapuleada por algunos críticos y recaudó casi 70 millones de pesetas menos de lo que costó. A todas luces, nada hacía pensar que esta película tendría una larga carrera de fondo, que la gente memorizaría algunos de sus diálogos y que un día se proyectaría al más puro estilo “The Rocky Horror Picture Show”, salvando las distancias.

Su argumento cuesta explicarlo y cualquier intento acaba bloqueado por la irrealidad racional de lo que se está proponiendo y con la sensación de fracaso. Un pueblo que siente devoción por Faulkner y en el que brotan humanos de la tierra, recibe la visita de un joven ingeniero español, que trabaja en Oklahoma y se ha tomado un año sabático, al que acompaña en un sidecar su padre, que dice ser su representante y que ha matado a su mujer (y madre del otro) por mala. A su llegada se van encontrando con personajes variopintos como ese borracho que se desdobla por amor, un labriego que le habla a su calabaza o el alcalde recibido como Mr.Marshall y que se niega compartir con los mozos a su turgente mujer.

Como bien dijo Luis García Berlanga, “Amanece, que no es poco” tiene el mejor reparto de la historia del cine español. No exageraba ni un ápice. Luis Ciges, José Sazatornil, Manuel Alexandre, Miguel Rellán, Cassen, Chus Lampreave, Rafael Alonso, Alberto Bové, Aurora Bautista, Antonio Gamero o Gabino Diego son algunos de ellos. Cuesta imaginar sus personajes interpretados por otros, aunque es cierto que pensar que Joan Manuel Serrat pudo haber sido la pareja de guardia civil de Ovidi Montllor, dispara las papilas gustativas.

“Amanece, que no es poco” es una comedia, pero que no les oiga su director añadir el calificativo surrealista. Él prefiere hablar de picaresca. Lo que es indiscutible es que el film sigue una línea invisible de humor, con ciertos toques disparatados o absurdos que ya habían cosechado genios como los de la otra Generación del 27, Capri, Tip y Coll o Gila, y que Faemino y Cansado estaban empezando a utilizar por entonces. Tampoco se descubre nada al apuntar que los chanantes no habrían sido los mismos sin el libre albedrío cómico de esta película.

amanece-que-no-es-poco-125 años y que se siga hablando de la cinta no es algo común en el cine español. Tampoco que para celebrar tan insigne aniversario se haya editado un libro sobre ella. No podía hacerlo otra editorial que Pepitas de Calabaza (¿adivinen a quien homenajean con su nombre?), que ya había dado buenas muestras de su estupenda labor con libros que indagan en un humor tan fascinante como el del film de Cuerda, tales como “¿Por qué nos gustan las guapas?” de Rafael Azcona o esa joya en formato de obra teatral titulada “Juan Ignacio y José Ángel. Dos hombres sin destino” de Montero y Maidagán, por poner dos ejemplos.

El libro es uno de esos volúmenes que se devoran con apetencia, pero al mismo tiempo con la ansiedad de saber que se está acabando. Tal vez, por ello, en las primeras páginas se anuncia que los “cuerdistas” están de enhorabuena por un proyecto futuro de la editorial. Es precisamente el director de “Amanece, que no es poco” el responsable de los textos que se recogen. Comienza con un retazo de su biografia que abarca desde su infancia hasta la realización del film en cuestión. Una delicia en la que desgrana anécdotas y datos que ayudan a comprender no sólo el armazón y la razón de ser de la película, sino de toda su filmografía. Comprenderán que no desvelemos nada para que su lectura sea aún, más si cabe, gozosa. Se completa el libro con “Ab Urbe Condita”, un proyecto que presentó Cuerda para una serie de televisión y en el que ya son reconocibles muchos de los personajes y situaciones que luego se desarrollarían en “Amanece…”; el guión original del film con secuencias no incluídas en el metraje final y comentarios del propio director; y una galería de fotografías de la película. Imprescindible para “amanecistas” y no.