Alberto Silla

Foto: Eva M. Rosúa.

Foto: Eva M. Rosúa.

Nombre: Alberto Silla.
Edad: 27 años.
Lugar de nacimiento: Torrent.
Lugar de residencia: Torrent.
¿Cómo definirías tu actividad artística? Soy un poco vale-todo, un comodín. Todo lo que sea un poco creativo me llama. Yo me defino como creativo directamente.

Alberto Silla es diseñador de juguetes en particular pero en general es un fabricante de ilusiones a través de sus diseños. Nos reunimos con él en la exposición que Las Naves organiza junto a la ADCV por sus 30 años. Un entorno muy propicio para nuestro invitado, si no fuera porque su estudio se llama Que Maten Al Diseñador. Y es que la ironía y el sentido del humor es uno de los marchamos del protagonista de esta Generación Las Naves.

¿Cómo llegas al diseño?

He pasado por todo, desde querer ser arqueólogo a querer ser doctor o abogado, pero al diseño llego por casualidad. Hice el selectivo en la Facultad de Diseño. Antes del examen me di una vuelta y descubrí que se podía hacer algo creativo y además vivir de ello, así que decidí probar. Y probando llevo ya casi diez años (risas).

Y más concretamente, ¿cómo llegas al diseño de juguetes?

También de casualidad (risas). Iba para diseñador gráfico, en parte porque los planos y yo no nos llevamos nada bien. En la Universidad nos dieron la oportunidad de poder hacer algo de producto relacionado con juguetes. Congenié muy bien con la empresa que vino a la facultad y me llamaron para hacer prácticas. Después me ofrecieron trabajar con ellos. Y así empezó todo. Ahora estoy en Goliath.

¿En qué consiste tu trabajo?

En Goliath empecé haciendo traducciones de los juguetes que nos mandaban de la central en Holanda. Adaptaba tanto los logotipos como los colores o las frases que se utilizan para venderlos en el mercado español, expresiones tipo “Tener la lengua larga”, que allí no tiene significado. Gustó mi estilo y ahora están saliendo cajas de España para el resto del mundo. Lo más gráfico de lo que trabajo son los juegos de cartas.

¿Cómo está valorado este trabajo entre los profesionales del diseño?

El juguete es como la chica fea del baile a la que nadie quiere ver. Hay mucho juguete y funciona muy bien, pero la gente entiende el diseño como algo moderno. Y cualquier cosa tiene que estar diseñada. El juguete es muy complicado diseñarlo porque cada año hay novedades, su vida suele ser de una temporada, de Navidad a Navidad. Los niños son muy exigentes y la competencia muy grande. Pero cuando funciona algo es un pelotazo.

¿Cómo surge Que Maten Al Diseñador?

En el Máster de Diseño del CEU coincidimos cuatro personas y decididimos presentarnos al nude. Llamamos a un chico que hacía diseño de producto y adoptamos el nombre Que Maten Al Diseñador (QMAD). Nuestro proyecto estaba relacionado con un asesinato. Hicimos, por ejemplo, una alfombra con el perfil de un cadáver dibujado con tiza. La idea era llamar la atención y por eso elegimos un nombre que se le queda a todo el mundo. Gustó la propuesta, funcionó bien y al año siguiente salimos al mercado ya sin la Universidad.

¿Se puede mantener un estilo personal y reconocible trabajando bajo la marca de un estudio?

No sabría que contestarte. Es cierto que ahora cuando veo algunos de nuestros primeros trabajos sí reconozco la mano de alguno de mis compañeros, incluso la mía. Ahora, en realidad, somo más un taller que un estudio. De los que empezamos QMAD quedamos dos personas, más el chico de producto que nos sigue ayudando. Los dos tenemos un trabajo al margen del estudio y actualmente nos juntamos en QMAD para hacer locuras. Es como una vía de escape para nosotros.

Foto: Eva M. Rosúa.

Foto: Eva M. Rosúa.

QMAD se caracteriza por ser una apuesta irreverente, gamberra, con mucho sentido del humor.

Totalmente. Desde el mismo nombre como he dicho antes queríamos llamar la atención. Hacer algo divertido e interesante. Ir más allá de esa tendencia del diseño que todo sea blanco y negro, aportar algo de color, de risa, contar una historia. El diseño no debe servir sólo porque es bonito, tiene que tener un valor añadido, servir para algo.

¿Qué tiene, pues, que tener un buen diseño?

Ser util. Puede tener una finalidad artística, pero sin olvidar lo que digo. Una silla sin respaldo, por ejemplo, no es util, por muy chulo que sea su diseño. Hay que diseñar pensando en las personas y el uso real que va a tener, contemplando cosas como el desgaste del producto, su ubicación, donde se va a guardar,…

También guardas relación con el diseño de fallas a través de Imaginarte.

QMAD empezó a colaborar con Imaginarte, que era un grupo de personas que se dedicaban a hacer fallas por su cuenta. Fueron dos años, más o menos, hasta que al final hemos acabado formando parte, también, de Imaginarte. A los dos miembros de QMAD nos gusta mucho la ilustración, aunque no somos ilustradores, y las fallas nos permite trabajar en ese sentido. De todas formas es un mundo muy complicado. Hoy en día, en los monumentos infantiles es en los que más cambios se están produciendo. Pero ocurre un poco como con los juguetes. Son los feos de Valencia (risas). Hay diseñadores que no ven bien que trabajes en fallas. Por suerte, gracias a la que hicieron Ibán Ramón y Dídac Ballester para Mossen Sorell – Corona, empezó a cambiar eso que digo. Aunque ya antes de ellos hubo otros diseñadores que habían hecho fallas. Yo soy fallero y no deja de ser curioso que ese cambio lo estén protagonizando gente desde fuera de las fallas como ilustradores, arquitectos, diseñadores,… en lugar de artistas falleros.

¿La solución para que convivan, con total normalidad, monumentos más clásicos con otros más innovadores pasa por la desaparición de la etiqueta Falla Experimental?

Creo que sí. Es un problema porque el Jurado va a seguir viendo que es una falla experimental, por lo que hay que intentar que no llame la atención y no crear una categoría para ellas. Si le das esa categoría, estás dotando a esa falla de una especialización que no se merece, debería ser tratada como cualquier otra, para intentar conseguir la normalización.

¿Cuál es tu soporte preferido?

Voy por temporadas. Ahora me ha dado la fiebre de los toys. Pero lo que siempre está ahí son los carteles. Es algo que apenas tiene uso, porque internet ha ocupado su sitio. Ahora no te enteras, por ejemplo, de una exposición porque hayas visto un cartel en la calle, sino porque lo ves en la red. Pero yo lo sigo defendiendo.

¿Qué referentes tienes?

Saul Bass, We Buy Your Kids, Paco Bascuñán, Nacho Lavernia, Hey Studio, Manolo Prieto, Jay Shaw, Mary Blair… Y a quien pille por delante. Admiro mucho a gente de aquí como Pablo Mestre, Boke Bazán, Menta… De todos suelo sacar cosas. Como hago un poco de todo suelo buscar por muchos ámbitos.

Su trabajo:

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