Se buscan joyas de joven autor

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El hall de la Escuela se convierte en tienda temporal de exposición y venta de joyas. Fotos: Eva M.Rosúa

Los alumnos y ex-alumnos de Joyería de la EASD son persistentes en su idea de renovar un sector tradicional y venido a menos en la ciudad. Y es de agradecer el empeño porque hay tanto talento que sería un gemacidio (sí, de gema) desperciar este potencial. Como no hay mejor manera para empoderarse que el asociacionismo, se han unido en una web y en las redes para que podamos seguir sus andanzas y estos días han montado en su escuela una tienda (que va por su cuarta edición) para mostrar y vender sus creaciones. La creatividad se (de)muestra andando y no paran. Lástima que la colaboración prevista con el Mercado Central para exponer sus piezas en alianza con uno de los símbolos de Valencia se haya quedado en suspenso (como nos explica el organizador de La Botiga y ex-alumno de la EASD, Ignacio Belda Cubells).

La joyería inquieta, mira al futuro y al pasado, no para de mover la cabeza hacia delante y hacia atrás cual niña del exorcista, porque la inspiración es una curiosa criatura que se nutre de lo existente para darle una lectura nueva. Las fuentes de estos jóvenes joyeros son inagotables y abarcan en la muestra, desde obras literarias experimentales como el Finnegans Wake de Joyce (en que se basa Matilde Rodríguez de Vera Mas), hasta la recolección de fragmentos cerámicos de deshecho (de Jwlda), pasando por los restos orgánicos vegetales que la naturaleza ofrece en bandeja de tierra (bellotas, piñas de ciprés, ramas, hojas, trozos de madera…) que sirven a Elena Vento, Tania Pérez García, Anabell Bravo o María Climent entre otras. O intrigantes mensajes dejados en diarios íntimos como recoge Natalia Araya. Y hay hasta una catalogación de Azahara Santoro de las más insólitas fobias que enamora por poética y singular: la fobia a ser tocado por el hongo que vive en los espejos, miedo a las flores mojadas que desafían la gravedad, a las palabras largas, al pelo de las mariposas de coral plateado…

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Las joyas de Matilde Rodríguez de Vera Mas tienen un aire celta

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La firma Jwlda de Ignacio Belda Cubells, realiza piezas únicas a partir de “objets trouvés” en las playas.

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De arriba a abajo y de izq. a dcha. la naturalez muerta pero vibrante de María Climent, Elena Vento, Tania Pérez García y Anabell Bravo.

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Azahara Santoro cataloga las fobias más inquietantes y bellas, como la “antrohigronobarofobia” el miedo irracional a las flores mojadas que burlan la gravedad.

Son piezas las que se exhiben para ser admiradas y llevadas (no olvidemos que la joyería ha de cumplir unos parámetros de ergonomía porque no es susceptible de ser calificada como joya cualquier pedazo de imaginación) y por supuesto, compradas. Estos jóvenes están preparados para afrontar un reto frente a las tendencias grandilocuentes de la joyería con un ritmo el suyo pausado, meditado. Los detalles que llevamos anexos a nuestro cuerpo son un susurro que habla de nosotros y de nuestras preferencias. Y de uno de los oficios más ancestrales que no se debería perder. Sólo una petición a los jóvenes joyeros: constrúyanse webs en condiciones en las que mostrar sus creaciones, la mejor herramienta para lograr un diseño sostenible.

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Las joyas de Anabell Bravo son mini esculturas.

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