Cine

Experimento Stuka, cuando los nazis bombardearon El Maestrat castellonense

Ángel Beltrán, uno de los testimonios que aparecen en el documental.

Mayo de 1938. Cuatro pueblos castellonenses (Benassal, Ares del Maestrat, Albocàsser y Vilar de Canes) son bombardeados. Mueren 40 personas. “Son cosas de la guerra” es la explicación que parece que todos aceptan, más por miedo que por convicción. Pero los objetivos de la bomba y las localidades escogidas siembran la duda de que solo fuera eso. Ochenta años después, el documental Experimento Stuka (en los cines Lys a partir del 9 de noviembre, y también con fechas cerradas en el resto de España), dirigido por Pepe Andreu y Rafa Molés, arroja la luz necesaria sobre aquel suceso al que el historiador británico Antony Beevor se refiere como “uno de los experimentos más sanguinarios de la tecnología militar”.

Un párrafo sobre ellos, precisamente en el libro La guerra civil española del propio Beever, es lo que impulsó al físico Óscar Vives (tres personas de su familia fallecieron en los bombardeos) a investigar, a bucear en archivos, a buscar explicaciones, a luchar por las respuestas de preguntas que ni siquiera muchos se atrevían a realizar, a recuperar la memoria histórica, la suya y la de todos. Experimento Stuka es ese camino, pero también el de los aviones que bautizan el documental, el de la Legión Cóndor nazi y sus experimentos sobre población civil, o el de unas personas que nunca han olvidado aquellos días, aquel ruido, aquellas bombas, aquellos pueblos destruidos, cuando apenas eran unos niños. Rafa Molés nos atiende desde Mallorca, minutos antes de presentar allí el documental.

¿Qué tenéis que decir de las acusaciones de falsedad sobre lo que se cuenta en el documental vertidas por la editorial Galland Books y recogidas por el periodista Javier Cavanilles en Cultur Plaza?

Quien haya podido ver o tenga la oportunidad de ver Experimento Stuka se dará cuenta enseguida de que en realidad se trata de un documental social, que cuenta la historia de un ciudadano que, cansado de esperar, decide hacerse él mismo todas las preguntas y buscar por su cuenta las respuestas. Este caracter ejemplificante que llama a la reflexión sobre la memoria histórica es sobre lo que se articula la película. No es pues una película histórica pero sí que habla de Historia, la historia del silencio, la represión y el miedo y las consecuencias que ello tiene.

El hecho de que se conozca tan poco nuestra propia Historia, y esto es un hecho singular de España, hace que ese agujero enorme de conocimiento y memoria se ocupe fácilmente por especulaciones, misterios, negacionismo o esoterismo. En ese sentido surge ese artículo de la editorial Galland (que cabe recordar fue uno de los pilotos alemanes más sanguinarios de la Legión Cóndor) en el que se insiste en la idea de que lo que ocurre en estos cuatro pueblos fue un sencillo acto de guerra más con consecuencias colaterales para la población civil. Es interesante la tesis porque coincide con las respuestas iniciales de los testimonios de los bombardeos cuando les preguntábamos por qué nunca cuestionaron qué pasó en sus pueblos. Los ancianos decían inocentemente una y otra vez: “son cosas de la guerra”. Bajo esta sentencia se ha ocultado y silenciado realidades atroces de nuestra Guerra Civil durante 80 años.

Nosotros preferimos basarnos en la investigación detallada de la documentación de forma directa, y no a través de referencias, y contrastarla con historiadores de prestigio mundial como Stefanie Shüler-Springorum o el propio Antony Beevor, que ya en 2005 dijo y publicó que estos bombardeos fueron experimentales y que dio la pista clave a Óscar Vives, vecino de Benassal y protagonista del film, para completar y contrastar la investigación que luego conoció Beevor y que hizo que, después de tres años de contactos con él, participara en el film ampliando y revisando sus afirmaciones de 2005.

Cabe destacar, además, un hecho singular sobre el artículo publicado en Galland Books y es que sus autores jamás han visto el documental. Sorprende pues que un pretendido artículo que exige rigor se base sobre la falta de rigor más básico que es escribir sobre lo que no se conoce. Si lo hubiesen visto verían como su versión y la del documental no se alejan tanto, pese a las imprecisiones manifiestas de su investigación puestas en tela de juicio en un congreso historiográfico en la Universitat Jaume I.

Caso similar es el del artículo de Valencia Plaza, que supone una réplica exacta de los argumentos publicados por Galland Books. El periodista, tras conocer la publicación de Galland Books nos pidió una entrevista mintiendo, como reconoció tanto el redactor como el director del medio, sobre el objeto del reportaje ya que nunca dijo que su intención era la confrontación de las dos tesis, sino “hablar sobre el documental”. El resultado fue que el artículo se publicó con la versión negacionista y no se intentó contrastar jamás esa información con nosotros, cosa que habríamos estado encantados de hacer porque disponemos de detalles históricos de gran valor y precisión que han servido para fundamentar la película aunque no se hayan usado para centrar el film en su vertiente social. El periodista prefirió evitar una respuesta de los directores para poder escribir su artículo. Cuando, tras la publicación del artículo se advirtió de esto al periodista y al director del medio, el director retiró el artículo e incluso escribió un editorial pidiendo disculpas y reconociendo la falta al código deontológico del periodista y la mala praxis periodística. El redactor llegó incluso posteriormente, en reunión privada y con el director del medio presente, a reconocer que sí, que se trataba de un experimento pero que “el ego le había podido”. Eso no impidió que tras la polémica generada por el uso del artículo de Galland Books por parte de un senador del PP para impedir una investigación de los bombardeos en el Senado (donde llegó a decir que la culpa fue de los republicanos por no retirar de los pueblos a la población), tanto el director del medio como el periodista decidieran, de forma oportunista, volver a publicar el artículo, palabra por palabra, el mismo que habian reconocido antes como una falta al código ético profesional y como ejemplo de mala práxis periodística.

¿Por qué ocurre esto? Es dificil de entender porque nuestras mentes no funcionan con los mismos criterios que las de los autores de Galland Books ni, de lejos, como la mente del redactor de Valencia Plaza. Pero podemos imaginar que puede tener su origen en ese agujero de verdad que hay respecto a nuestra historia más reciente. Y donde hay vacío se cuela, repito, el negacionismo, la ideología, el ego, el esoterismo, el oportunismo, … es difícil de entender para nosotros.

Sobre los datos concretos, podríamos extendernos con un detalle exhaustivo que no hemos usado en el documental para no desviar la atención sobre la tesis del film, que es que los ciudadanos tenemos que tomar las riendas de este proceso de recuperación de la memoria histórica.

Sin embargo, y a modo de resumen, podemos explicar que sí, como todos los historiadores reconocen, La Legión Cóndor vino a España a ayudar a Franco pero sobre todo a entrenar a su nuevo ejército del aire y a experimetnar con nuevas tácticas y armamento militar pensando, no en tanto en al Guerra Civil, sino en la aún insopechada II Guerra Mundial. Prácticamente todos los ataques, de uno otro modo, de la Legión Cóndor tuvieron esta misión, como reconoce el propio encargado de la Legión Cóndor, el general Von Rischtofen, en sus diarios privados que hemos podido leer personalmente en Alemania.

En este caso en particular confluyen varias circunstancias. Por una parte ha llegado hace unos meses el nuevo Junkers 87A diseñado para lanzar una bomba en picado de 250kg. Los nazis querían saber si podría funcionar con una bomba de 500 kilogramos y durante semanas lo prueban tras la batalla de Aragón en objetivos, tal y como se explica en el documental, tales como curces de caminos, estaciones de tren, baterías antiaéreas. El hecho, según Antony Beevor y Óscar Vives, de que el frente se quede estancado durante semanas en el Maestrazgo, que los Stuka esten muy cerca, en la base de Sénia, que tengan la oportunidad de observar a los cuatro pueblos afectados, los primeros en zona republicana, con calma y que la aviación republicana se fuera de este frente para defender Cataluña dejando que los nuevos juguetes alemanes, los Stuka, pudiesen volar sin ser cazados, daría la oportunidad a la Legión Cóndor de probar por primera vez los Stuka sobre objetivos civiles. Concretamente las iglesias y las casas nobles de los centros de los pueblos. Las más robustas, como explica Beevor. Querían saber los efectos de las bombas sobre esos edificios más sólidos para ver si seguían desarrollando el prototipo (cosa que sí hicieron). Es por eso por lo que se elabora la carpeta de Friburgo titulada específicamente “Efectos de las bombas de 500 kilos lanzadas des de los Junkers 87A sobre los pueblos de Albocàsser, Ares, Benassal y Vilar de Canes”. Las fotos del día antes y el día después desde el aire para ver los objetivos primero y después la destrucción y precisión de las bombas, se completan con otras a pie de suelo, una vez las tropas franquistas ya han llegado a los pueblos, para fotografiar las dimensiones de los cráteres y la magnitud de la destrucción. No tienen como objetivo ver el avance del frente ni establecer una estrategia militar de guerra, como explica Beevor, sino testar los aviones, las bombas, su precisión y su destrucción.

Es cierto también que esos días en los partes de guerra que, de hecho, se muestran en el film, se habla de otros bombardeos convencionales. Todos ellos, pese al empeño de los autores del artículos de Galland y del redactor de Valencia Plaza (que fue informado a posteriori de estos detalles a los que hizo caso omiso), fueron realizados en el frente real, en las montañas y nunca sobre la población civil. De hecho, gracias a la precisión de las fotos de la carpeta de Friburgo podemos incluso contar las bombas caídas, que corresponden exactamente con las de los Stuka y solo con las de los Stuka.

Hay además partes difusos de la Legión Cóndor que hablan de otros pueblos cercanos también bombardeados por los Stuka, sin embargo desconocemos por qué estos otros pueblos no se analizaron por parte de la Legión Cóndor y es por ellos que ni Beevor ni Vives han especulado al respecto. Solo se habla de los pueblos que sí estan documentados. De los hechos.

Sobre si los 4 pueblos estaban en el frente o no, solo hay que ver el documental para darse cuenta de que se explicita que son los primeros en zona republicana. Óscar Vives dice incluso que en Albocásser sí había tropas concentradas. Entendemos que en esto coincidimos con los autores del artículo negacionista, pero también entendemos que al no ver el documental hablen solo por referencias periodísticas y especulaciones.

En ese sentido, es bien sabido por toda la historiografía que todos los experimentos y test de la Legión Cóndor, como se dice en el documental, se hacían precisamente en el frente de guerra. Primero porque era donde actuaban en compañía de las tropas franquistas, segundo porque así se podían camuflar como actos de guerra necesarios tras la mala propaganda internacional que porporcionó a Franco arrasar Guernica y, sobre todo, porque así al estar cercanos el frente y llegar a los pueblos atacados en poco tiempo podían analizar sin que se hubiese alterado el terreno o inciado la reconstrucción de las ciudades y pueblos, los efectos de sus ensayos.

Dicho esto, extracto resumido de 4 años de investigación y de contrastar información, cabe destacar que, evidentemente, ese no es el objeto del film, como se ha dicho al principio, sino solo una circunstancia que sirve de marco a la historia personal y social que los espectadores podran ver, y los autores de Galland Books también, si tienen la oportunidad de ver la película. Puedo extenderme en esto muchísimo si queréis y dar datos y referencias muy concretas si hiciese falta.

Sobre el artículo de Valencia Plaza, añadir que hay una reclamación interpuesta antre la FAPE por violación reincidente del código deontológico profesional y por mala praxis periodística. Si queréis conocer más detalles sobre los hechos puede revisar la respuesta que publicamos al respecto en nuestras redes ante la negativa de Valencia Plaza de publicar la rectificación:

Hablando ya del documental propiamente dicho, ¿cómo llegáis a la historia?

Un compañero de la Universitat Jaume I donde daba clases me comentó la historia de Óscar Vives y la carpeta de Friburgo. Inicialmente fue el hecho del experimento silenciado lo que nos llamó la atención, pero no para hacer un documental. No encajaba en nuestra línea de documentales sociales, que son los que nos mueven. Aún así seguimos la historia, fuimos a los pueblos para conocer a los supervivientes y a Óscar Vives y el Grupo de Recuperación de la Memoria de Benassal. Fue entonces cuando realmente encontramos la historia, nuestra historia, que era la de un ciudadano que cansado de pedir responsabilidades decide ser responsable y pasar a la acción contra un silencio de ocho décadas. Esta es la historia que encontramos y la que queríamos contar como ejemplo a seguir de algo que tenemos aún pendiente en la mayoria de ciudades y pueblos de España: hablar y saber.

¿Existía algún vínculo familiar entre las víctimas y el equipo del documental? Entre ellas hay un Leovigildo Molés, ¿es familia tuya?

No, existen Molés en la comarca castellonense de donde yo soy, la Plana, y también en el Maestrat y Els Ports, pero no somos familia. Lo que sí es cierto es que me unía un vínculo con el pueblo de Benassal. Yo pasé allí los primeros veranos de mi infancia porque tenia asma y necesitaba un clima más seco que el de mi pueblo. Así que cuando hacía las primeras entrevista a aquellos testigos vivos de los bombardeos, ya ancianos, sí que recordaba mi infancia y, sobre todo, algo que yo no hice con mis abuelso, que era preguntarles qué pasó durante aquellos años de guerra, aquellos 40 años de dictadura y tantos años despúes. Nunca hice ese trabajo en mi casa, como creo que muchos no han hecho.

¿Cómo fue la reacción en los pueblos cuando llegáis con la intención de rodar el documental? ¿Fue fácil convencer a la gente para que diera sus testimonio? ¿Os encontrastéis con alguna negativa, con alguien que no quisiera remover el pasado?

Fue muy fácil pese al caracter introvertido y reservado de la gente de la comarca. Óscar Vives y el Grupo de Recuperación de la Memoria ya habían hecho una trabajo previo y la gente accedió a contar su historia.

Lo que sí que fue difícil, y costó algunas semanas y varias entrevistas, fue que los supervivientes se significaran y dijeran qué pensaban más allà de relatar los hechos. Todavía había miedo y desconfianza al vecino en estos temas. Un ejemplo. Una superviente (ahora fallecida), Rosa Soligó, ya fuera de cámara nos explicó que en su familia eran republicanos y ateos. De repente sonaron las campanas de la iglesia y nos dijo que nos tenía que dejar, que se iba a misa como todos los días. Estupefacto le dije: “¿Pero si me acabas de decir que no crees en Dios?”. Ella me respondió: “No creo, pero voy a misa todos los días, por si acaso”. Y esto no era el pasado ni cosas del pasado, esto es el presente.

¿Y la reacción posterior con la información sobre la autoría e intención de los bombardeos?

Hemos visto con nuestros ojos y hemos presenciado cambios de 180 grados en la vida de personas. Uno de los personajes del documental, hijo de un miliciano republicano, ha estado sufriendo durante años el acoso que recibía su padre en el bar del pueblo porque la gente de derechas le acusaba de que “ellos” (los rojos) habían sido los culpables de matar a gente del pueblo con los bombardeos. La historia es tan esquizofrénica que la versión oficial tras la guerra, dado que los Stuka de la Legión Cóndor bombardearons las iglesias, fue que habían sido los republicanos los autores, a pesar de que los pueblos estaban en zona republicana. El padre de este personaje falleció sin saber que fue en realidad la aviación alemana. Ahora, su hijo en la película se siente triste, pero al mismo tiempo reconfortadao de saber que su padre siempre tuvo razón cuando le explicaba que era imposible que la República pudiese hacer aquello con los aviones que tenían. Era una historia callada, solo explicada en el interior de su casa. Nunca exteriorizada y siempre aguantando las acusaciones veladas, hasta el último día de su vida.

Llama mucho la atención cómo muchos de esos testimonios que aparecen no han olvidado lo que ocurrió, recuerdan con precisión anécdotas, detalles, incluso algunas frases pronunciadas aquellos días.

Nos impactaba escuchar una y otra vez cómo relataban los hechos exactos del bombardeo, entrevista tras entrevista. Pasaban meses entre una entrevista y otra a la misma persona y siempre añadían observaciones, recuerdos nuevos. Pero el relato exacto del día del bombardeo todos lo repetían exactamente igual una vez y otra vez, como si se les hubiese quedado marcado a fuego.

Especialmente por su significado es el relato de Ángel Beltrán (hoy fallecido), que vio el bombardeo desde las afueras cuando iba a trabajar al campo. Describe cada una de las tres bombas lanzadas, una por cada uno de los Stuka, como hombres vestidos de negro, como si cayeran del avión. Solo entendió que eran bombas cuando tocaron las casas y explotaron. Nos habla del aislamiento, de lo inesperado para aquellos civiles del bomardeo, de lo cruel que fue.

Óscar Vives en un fragmento del documental.

¿Qué lectura hacéis de que sea un ciudadano, además físico (afectado por los bombardeos), pero al fin y al cabo, una iniciativa personal, quien con su empeño busque una explicación de lo sucedido? ¿Tiene España un problema con su memoria histórica (es impresionante, en ese sentido, lo abandonado que aparece en el documental el refugio en Vilar de Canes)?

Óscar Vives és un físico teórico muy reconocido mundialmente. Es empírico, meticuloso, capaz de concretar lo más abstracto. Esa necesidad de conocer la realidad hasta su lado más profundo ya la llevaba consigo, por eso no nos extraña que fuera alguien como él el que tomara esta inciativa y la documentara tan minuciosamente.

Es ese sentido crítico, esa necesidad de saber y esa responsabilidad asumida personalmente lo que no existe en este país y concretamente en este asunto de la memoria histórica más reciente.
La transición nos obligó a callar, y quizás fue importante para la reconciliación inmediata. Pero había habido tres años de guerra, más cuarenta de dictadura y represión, más un transición y una ley del silencio que no ha acabado y que ha durado demasiado. Por eso ahora que se empieza a plantear remover los símbolos de la dictadura surge todo a flor de piel y de forma tan visceral. No hemos hablado, no hemos estudiado, no se ha investigado los suficiente para entender las razones de lo que pasó con la guerra y al dictadura. Y sin razones, ese espacio lo ocupa el estómago. Sin razones no podemos hablar ni entendernos y no las hemos buscado lo suficiente. en ese sentido lo que hace Óscar nos parece ejemplarizante.

¿Tuvisteis algún obstáculo durante el rodaje? ¿Qué fue lo más complicado de todo?

Lo más complicado ha sido que el experimento no se coma la historia humana que hay en la película. Cuando hay nazis, guerra, apariencia de misterio, …, surgen relatos y reacciones como las del periodista de Valencia Plaza o los autores del artículo de Galland Books. No tenemos nada a lo que agarrarnos y algunos se agarran a la anécdota.

Pero todo esto es mucho más prosaico. La Legión Cóndor vino aquí a entrenarse y a experimentar con personas reales para una guerra todavía aún mayor. España les sirvió de tablero de juegos.

Hemos luchado para explicar el hecho singular del experimento, pero para que el espectador entienda que lo realmente singular es lo que ha hecho Óscar Vives y el grupo de memoria histórica. Creemos, por la reaccion de los espectadores a la salida de los festivales donde hemos estado, que eso sí está en la película. Quien no la ha visto, por supuesto, entendemos que se agarre a lo “siniestro”.

Algo que nos resultó también difícil fue descubrir ciertas realidades como que los derechos de las imágenes de los bombardeos de Guernika que gestiona la Filmoteca Nacional los cobra en realidad Falange española, propietaria de los derechos de esas imagenes tan cruciales. Al final decidimos no pagar por ellas y encontramos unas de peor calidad de una empresa argentina que también conserva algún derecho.

Pepe Andreu y Rafa Molés, directores del documental.

El documental está muy cuidado, no solo en cuanto a lo que es su contenido, sino visualmente. ¿Cómo trabajasteis en ese sentido sabiendo que en ocasiones no tendriais recursos visuales (las recreaciones son un gran acierto) para contar lo que se narra?

Conocíamos desde el principio todo el material gráfico histórico del que disponíamos y éramos conscientes de que lo único que no tendríamos porque no existían eran esos momentos íntimos y precisos que describían los testigos del instante del bombardeo. Así que decidimos construir las maquetas y dioramas que ilustran ese momento. Por una parte, nos permitía trasladarnos a ese instante y convertir a esos ancianos en los niños que eran. Por otra parte, el uso de las maquetas durante todo el documental sabíamos que iba a cobrar sentido al final, cuando analizamos la psicología de la guerra, no solo de la Guerra Civil, y las maquetas nos servian para que explicar que en esta y en otras guerras, las víctimas siempre son piezas de un juego macabro que juega una mano lejana.

¿Fue muy ardua la labor de documentación y archivo?

Es duro moverse por los archivos. Trámites, coste económico en el caso del de Friburgo en Alemania y las imagenes históricas cinematográficas…. Pero lo que más nos sorprendió, y por eso lo mostramos en el documental, es que los archivos militares españoles estan toalmente abiertos al público. Cualquier ciudadano puede ir a Ávila o Villaviciosa de Odón, dar el nombre de su pueblo y le ofrecerán, para que los estudie, los documentos originales que hablan de su pueblo. Cualquiera puede ir y reconstruir su historia. Cualquiera puede tener en sus propias manos un parte original escrito a máquina sobre papel de baja calidad, con tachones, con anotaciones a lápiz, en el que se da, por ejemplo, la orden de atacar su pueblo. Es emocionante tener esos pedazos reales de Historia en tus propias manos.

El montaje, la música, incluso el ritmo narrativo (esos minutos iniciales sin off ni testimonios, que es como si el espectador llegara a esos pueblos por primera vez) también destacan especialmente. ¿Pusisteis especial interés en que el documental no solo contara una historia, sino que el espectador pudiera sentir que estaba viviendo lo que se le contaba?

Sí, era muy importante entender la naturaleza rural, el aislamiento de los pueblos en los que sucedió todo. Ese paisaje árido, esa soledad de las calles. Eso es el presente de estos pueblos. Había que acercarse a ellos para entender qué fácil fue hacer estas pruebas alli y qué sencillo ha sido mantener el silencio durante ocho décadas.

Además necesitábamos que se pudiese sentir nuestra tésis inicial: “Matar a una persona no es fácil”. Por eso, la guerra intenta que el que tiene que matar mate de lejos, cuanto más mejor… porque si ves cara a cara a quien disparas, si lo entiendes, si lo concoces, si te preguntas cosas sobre su vida, quizás sea más difícil que alguien te teledirija y acabes matando con la “excusa” de la guerra.

“La verdad ha reconciliado”, dice uno de los testimonios casi al final del documental. ¿Ese sería el camino (investigar, desclasificar archivos,…) para recuperar la memoria histórica?

Es el gran descubrimento, no basado sobre hipótesis ni creencias ni fe, de nuestro trabajo en este documental. Lo hemos visto, ha pasado frente a nosotros. Frente a aquellos que dicen que rebuscar en el pasado abre heridas lo que hemos visto aquí es que es todo lo contrario, solo saber la verdad puede cerrar las heridas para siempre. Los vecinos, de todos los bandos, han podido pasar página por fin, saber y seguir viviendo.

¿Qué sensación se os quedó una vez visionasteis el documental terminado por primera vez?

No és fácil nunca, siempre tendemos a ver todo lo que aún podríamos mejorar. No és facil ver tu trabajo acabado y ver que siempre está incacabado. Pero sí que podemos sentir a través de los ojos de los que lo han visto. Hemos visto caras de emoción, de ánimo y hemos visto a jóvenes que salían de la sala y nos decían, voy a grabar a mi abuelo con el móvil y preguntarle todo lo que recuerda sobre la guerra,… Eso era todo lo que buscábamos.