Angulo, el jugador sin corona

Ilustración: Eva M. Rosúa.

Ilustración: Eva M. Rosúa.

Admitiendo la inherente subjetividad en cualquier selección de ciertas individualidades de un colectivo, en la referente a los mejores jugadores de la historia del Valencia CF posiblemente resultaría una elección ecuánime de un elenco de futbolistas unánimamente aceptados por el valencianismo, como el trío de argentinos Kempes, Piojo López y Ayala en el grupo de foráneos; Mundo, Baraja y Cañizares en el de españoles sin pasado en el filial, y con la prácticamente inapelable presencia en el de exjugadores del CD Mestalla de Asensi, Puchades, Claramunt, Arias, Fernando, Mendieta y Albelda, auténticos iconos del valencianismo en cada una de sus décadas. Cualquier posible combinación de estos trece jugadores compondría el once ideal del club blanquinegro.

Planteando similar alineación histórica en grandes clubes, manifiesta sería la titularidad de Gento en el R.Madrid, Iniesta en el Barcelona, Maldini en el Milán, Adelardo en el At.Madrid, Coluna en el Benfica, Giggs en el Manchester United o Pelé en el Santos. Todos ellos líderes absolutos en el palmarés de títulos conseguidos en su club. Corresponde tan distinguido honor en el Valencia CF al manchego Santiago Cañizares y al asturiano Miguel Ángel Angulo, ambos con idénticos siete entorchados. Considerado el de Puertollano como el mejor guardameta de su historia, paradójico resulta, en cambio, que Angulo, pese a tan laureado currículum, no ocupe plaza vitalicia en el olimpo valencianista. Su polivalencia, virtud fundamental en su adaptación a diferentes puestos y funciones, coartó sus opciones en la excelencia de la especificidad.

Angulo, formado en la cantera del Sporting, se acogió a esa norma federativa del cambio de residencia que le permitió pasar del filial rojiblanco gijonés al Mestalla a mitad de la temporada 1995-96, destacando brillantemente y logrando su cesión el curso siguiente al Villarreal en la Segunda División, como siguiente estadio en su proceso de aprendizaje en la élite del fútbol nacional. Contribuyó determinantemente a una tranquila permanencia del equipo amarillo en la División de Plata, mereciéndose el definitivo asentamiento en la plantilla del Valencia en la temporada 97-98. De oficio delantero, a lo largo de su carrera profesional en el conjunto valenciano Angulo se adaptó a roles diferentes, jugando de media punta, interior de ambos lados, de lateral derecho e incluso de carrilero izquierdo, ejerciendo de ese futbolista plurifuncional siempre tan valorado e imprescindible para el cuerpo técnico de un club. En sus casi 500 partidos disputados con la elástica blanquinegra, anotó 79 goles, destacando por su importancia el par que le endosó al Barcelona en el 4-1 en la ida de la semifinal de la Champions de la temporada 1999-00 y el que significó el 0-1 en la Romareda el 11 de abril de 2004, posicionando al Valencia como líder a falta de 6 jornadas, lugar que ya no abandonó hasta la conclusión del campeonato liguero.

Estadísticamente, atendiendo al balance de goles marcados por el ovetense, la campaña 98-99 pudiera predominar sobre las restantes, si bien su auténtico mérito radicó en su regularidad y versatilidad en beneficio del grupo durante diez años, coincidiendo con esa etapa tan gloriosa en la historia del club. En ese periodo, comprendido desde la temporada de su debut hasta la 2006-07, Angulo fue el jugador valencianista que más partidos disputó,  considerándosele siempre fundamental en los esquemas tácticos de entrenadores prestigiosos como Ranieri, Cúper, Benítez y Quique. Sorpresivamente destituido este último en octubre de 2007 por Juan Soler cuando el equipo ocupaba la cuarta posición en la tabla, su sustituto, Ronald Koeman, decidió apartarlo de la disciplina de la primera plantilla junto a Cañizares y Albelda, en un injusto menosprecio a tres símbolos del valencianismo. Afortunadamente reemplazado el técnico holandés por Voro, en un intento desesperado por  la salvación de la categoría en los últimos seis encuentros, Angulo aún pudo resarcirse anotando un gol al Levante en el 1-5 de la penúltima jornada, el postrero en su larga trayectoria en el Valencia CF. Un año más tarde, en junio de 2009, tras una temporada con Emery con escasa participación en el equipo, decidió finalizar su periplo como jugador che, comenzando un nuevo proyecto en el conjunto lisboeta del Sporting de Portugal.

Jamás considerado por la afición blanquinegra como una deidad de sus altares, el asturiano pertenece a esa estirpe de hombres de club, como Amadeo, Seguí, Piquer, Roberto, Mestre, Cerveró o Giner, tan necesarios como los populares ídolos de la hinchada, que aportan ese imprescindible grado de  implicación y de fidelidad  garantía en su progreso como club.

Los cinco trofeos nacionales (2 Ligas, 2 Copas y una Supercopa) y los dos europeos (UEFA y Supercopa) conforman ese total de siete, cifra máxima conseguida jamás. De fútbol en absoluto preciosista ni tribunero, probablemente Angulo ostente el máximo galardón oficioso del jugador más versátil de toda la historia del club. Rendir a tan alto nivel en tan diversos puestos, incluso en ocasiones durante los noventa minutos de un mismo partido, resulta tarea ardua y compleja, sobre todo considerando la calidad de sus rivales, excelsos profesionales especialistas en su demarcación. Tener la aptitud y la actitud de adaptarse a tan distintas variantes según la posición exige una óptimas condiciones físicas y técnicas. Ser capaz de asimilar y ejecutar los conceptos tácticos requiere de un elevado nivel cognitivo. Durante un decenio, el polivalente jugador de Oviedo demostró su talento en una de las Ligas más competitivas del mundo. Obviando particulares gustos y valoraciones, Miguel Ángel Angulo, además de ser, junto a Cañizares, el jugador del Valencia más laureado, posible y objetivamente también haya sido uno de los de mayor inteligencia futbolística de su casi centenaria historia, argumentos suficientes para justificar su implacable derecho a permanecer por siempre en el sanctasantórum del valencianismo.

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