Al otro lado del escenario

Foto: Fernando Sala.

Foto: Fernando Sala.

La compañía El Patio Teatro representará su obra “A mano”, el próximo mes de julio, en el Assitej Summer Festival de Seúl. Antes habrán estado en Dinamarca y Polonia, y después irán a Brasil. Por su parte, Xirriquiteula Teatre harán parada, en mayo, en China, con su montaje “Papirus”. Todas esas fechas fueron cerradas desde Valencia. Ana Sala es la responsable de ello, a través de Ikebanah. Posiblemente, una de las empresas más internacionales de esta ciudad. Centrada en las artes escénicas y la música, se dedica a la distribución y labores de comunicación de espectáculos por todo el mundo. Es el otro lado del escenario, el que no recibe el aplauso, pero sin el cual las ovaciones acabarían siendo mudas o no existirían. Dublín, Munich, Macao, pero también Lleida, Gijón o Enciso (La Rioja). Mucho trabajo, intuición, experiencia, profesionalidad y una buena agenda. Desde Valencia hasta el infinito y más allá.

¿Cómo acaba una licenciada en Ciencias de la Información dirigiendo y gestionando giras y proyectos de compañías de artes escénicas y grupos de música, estatales e internacionales, en España y en el mercado internacional?
Desde pequeña me quise dedicar al mundo del teatro y del espectáculo, en mi familia tengo antecedentes amateurs dedicados al teatro, la zarzuela y la ópera. Desde la infancia me apasionaba la interpretación sobre el escenario, la fuerza de la comunicación por el teatro. Recibí clases en mi adolescencia en la Escuela Municipal de Teatro de Aldaia, eran finales de los ochenta, y aquellas escuelas extendidas por toda L’Horta Sud y Nord hicieron un gran papel en la formación actoral y escénica de muchos de nosotros que luego hemos acabado dedicándonos profesionalmente al teatro. Seguí con múltiples cursos y a la hora de decidir qué carrera estudiar, las circunstancias familiares y otras cuestiones me hicieron optar por consolidar mi otra pasión: la escritura y la comunicación. Cursé Periodismo en Valencia. Seguí con el teatro paralelamente durante los años de facultad, ensayando, actuando, de bolos… Pero en cierto punto fue incompatible por horarios pues empecé a trabajar media jornada durante los estudios. Al acabar Periodismo me fui al extranjero y al regresar a finales de los noventa me encontré un panorama laboral muy definido por la dedicación de la mayoría de mis colegas a la televisión y radio valencianas o al periodismo más local. Mis ideas no encajaban en estos ámbitos y surgieron otros trabajos enfocados al periodismo cultural y social, con los que me volqué como freelance o a dedicación partida.

En el año 1999, antiguas compañeras de la Escuela de teatro de Aldaia me buscaron para proponerme trabajar con ellas como su representante o distribuidora. Habían creado compañía, Nas Teatre, dedicada al clown y el humor. Fue mi principio en la distribución. Empecé de cero. Sin conocimientos ni formación sobre el oficio, que por aquel entonces no estaba demasiado reglado ni organizado. Me dediqué de lleno y trabajé desde la intuición, la lógica y aplicando mis conocimientos de comunicación. Me introduje en el sector profesional, y empecé a contactar como distribuidora con otras compañías que me daban más versatilidad y posibilidades. La propia calidad artística de los espectáculos que distribuía me dio un perfil definido ante el sector profesional valenciano y nacional. Viajé mucho, asistí a ferias y festivales nacionales e internacionales, donde conecté con otros artistas europeos a los que traje a España… y empecé a sentar las bases de una línea concreta en la distribución que quería desarrollar, acorde con mis ideas, experiencias y objetivos vitales. Así durante estos 15 años, hasta hoy.

¿Llegaste a intervenir directamente (actriz, autora del texto,…) en algún espectáculo?
Actué como actriz en los montajes de la Escola Municipal de Teatre d’Aldaia, que entonces dirigía Santiago Sánchez (L’Om-Imprebís) con los que hacíamos pequeñas giras locales por municipios del Circuito Teatral o del programa del SARC de la Diputació de València en los años noventa. También participé en cortometrajes profesionales como actriz.

Durante 6 años trabajaste como directora de Assam Management, una empresa que no dista mucho de lo que es ahora  ¿Cómo fue esa primera experiencia?
Assam Management es el inicio de Ikebanah Artes Escénicas. Mis principios, dos caras de una misma persona y un proyecto de gestión y distribución, pero entonces 15 años más joven y con menos experiencia. La creé cuando amplié cartera de distribución y empecé a coger otras compañías además de Nas Teatre para enriquecer mi trabajo y también abrir las oportunidades profesionales y económicas. Contacté con compañías españolas solventes y que llevaban espectáculos muy atractivos en aquella época, tanto para adultos como para público familiar, como Uróc Teatro o Roman y Cía, Iguana Teatre, etc. Aquellos años fueron muy duros. De mucha incerteza, inestabilidad económica, desgaste emocional, trabajo duro. Fueron años de siembra, que hoy dan sus frutos. Me defendía y vendía, pues el rigor artístico y técnico de los espectáculos estaba presente, pero fueron años en los que conocí el oficio por dentro, me formé a base de práctica y muchas horas dedicadas, viajes, sacrificio del tiempo personal, créditos bancarios para compensar impagos o retrasos de los ayuntamientos…

En el 2002 me llegó un proyecto que cambió aquel panorama: “Tinajas”, un precioso espectáculo de Amores Grup de Percussió que aunaba danza, percusión y música india. Me abrió muchos caminos, una mayor distribución en el mercado nacional e inicié mis primeros pasos en el mercado internacional. Me dio solvencia para mantener la empresa y ayudó a consolidar mi imagen profesional. Me acerqué al campo de la música y me llegó otra magnífica propuesta: la distribución en los circuitos teatrales nacionales e internacionales de L’Ham de Foc, renovador grupo del folk de raíz valenciana, con fuertes influencias de las músicas mediterráneas, que tenía un gran peso y eco en la escena musical valenciana, nacional e internacional. Con ellos y gracias a la productora que les gestionaba, El Caimán Producciones, profundicé en el sector musical, invertí en viajes, asistencia a ferias y festivales internacionales, y se abrieron muchos otros caminos en el mundo. Con el Caimán me involucré en la distribución de grupos potentes musicales entonces como Chambao, El Bicho, Enrique Morente, Lila Downs, Casa de Fados, Ana Moura… y abrí una vía de distribución de grupos musicales que llevaba estos grandes nombres a los espacios teatrales y auditorios de La Red Estatal de Teatros y Auditorios. Fueron años de muchas satisfacciones y que me permitieron consolidar las finanzas, así como mi camino profesional. Esto sin abandonar la línea de distribución que ya llevaba, de espectáculos de teatro y danza contemporánea no convencionales, pues el objetivo estético, educativo y cultural de la empresa siempre estuvo por delante.

De Assam pasas a Tornaveu, entonces una de las empresas referencia en Valencia en ese sector.
Cuando en 2005 contactaron conmigo desde el equipo de dirección de Tornaveu, Assam estaba en un buen momento en cuanto a trayectoria, objetivos y proyectos iniciados. Llevaba 6 años de trabajo atrás y estaban germinando algunos frutos. Sin olvidar criterios básicos de calidad y la búsqueda de espectáculos con un marcado valor ético o la preservación de ciertos valores, estaba definiéndose ya esa línea de distribución de propuestas donde la emoción, la sensación, la cercanía con el espectador, la eliminación de fronteras en la comunicación estuvieran presentes y la vez se conjugaran como un valor característico de Assam Management. Económicamente todavía no había logrado la estabilidad completa pero estaba saliendo adelante y sabía qué quería “vender” y ante quién daba la cara y ante qué no. Tornaveu era un proyecto que empezaba entonces fuerte con la gestión del TEM, Teatro El Musical en el Cabanyal, con ambiciones y un experto equipo directivo artístico y técnico detrás. Su propuesta me interesó, llevaba 6 años trabajando en solitario y me apeteció mucho entrar en un equipo, conocer la gestión de un teatro desde dentro, desarrollar una línea de distribución de producciones teatrales más grandes respecto a los formatos que llevaba en ese momento. Mi tarea fue abrir una línea de Distribución dentro de la empresa donde dar salida a sus producciones ante el mercado valenciano y nacional (“La ópera de los tres cerditos”, “Cuentos de los Bosques de Viena”, “Cuento de Invierno”,…). A ellas unimos mis propuestas en cartera y me dieron un paraguas formal y de estructura que fue muy positivo en los inicios en lo referente a bagaje profesional y control de los gastos, a la vez que yo aporté un “patrimonio” de distribución importante y consolidado que enriqueció y complementó sus producciones y el departamento de Distribución.

Has mencionado el Teatre El Musical. ¿Qué piensa una gestora cultural cuando ve como se infrautiliza un espacio como este?
Me entristece que las autoridades políticas valencianas hayan reaccionado tan lentamente y mal al desastre que ya se esperaba iba a suceder. La productora de Moreno llegaba con antecedentes contrastados cuestionables. Ha sido y es un derroche de dinero público, y la sociedad valenciana está muda al respecto. Es fundamental resolver esta situación, que me consta está en vías de solución, pero se deben encontrar modelos de gestión realmente sostenibles y que piensen en “lo público”. El TEM es un teatro levantado con recursos que nacen de nuestros impuestos, tiene unas magníficas condiciones y posibilidades, la ciudad necesita de espacios teatrales públicos diversificados para la gran producción teatral estatal e incluso internacional que no tiene cabida ahora mismo, no por falta de espacios sino de rigurosos gestores o programadores. Hay público con muchas ganas y necesidad de una buena programación en los teatros, y ésta es imprescindible en los teatros públicos gestionados con nuestro dinero. Un espacio cultural de titularidad pública, si debe tener una gestión privada porque los gobernantes así lo imponen, debe mantener unas bases cualitativas intocables: debe mirar por la educación, la verdadera comunicación cultural, el interés general, la diversidad de géneros, formatos, intereses, ideas, miradas… Valencia tiene además del TEM otros espacios escénicos infrautilizados y nosotros, desde el sector profesional de momento solo podemos aglutinarnos y crear otros proyectos de iniciativa privada, tal y como ya muchos compañeros están haciendo creando festivales modestos pero singulares y muy interesantes en Valencia, que están dando bocanadas de aire fresco y renovador a la oferta artística contemporánea de la ciudad.

Ana y actores

Ana Sala, los miembros de la compañía El Patio Teatro y la actriz rusa Dascha, en Moscú.

En Tornaveu estas dos años y medio y vuelves, de nuevo, a la aventura en solitario.
Me costó un mes dar el paso, pero el desencadenante fue un seguido de acontecimientos y accidentes físicos que evidenciaron que necesitaba reposo, pensar y valorar un cambio, volver a encontrar mi camino personal y motivación profesional tras esos años. Cuando trabajas para los demás, como era el caso, puedes ganar en estabilidad material y en ciertas comodidades pero pierdes parte de tu libertad de decisión, a menudo las condiciones fuerzan un cambio en tu camino, en tus criterios, has de hacer cosas que no te gustan tanto, supeditada a la estructura que te cobija y sus objetivos. Nuestros objetivos diferían y finalmente la contraprestación laboral no resultó ya tan interesante. Tomé la decisión por necesidad física y moral, y por un compromiso profesional conmigo misma.

¿Qué fue lo más difícil a la hora de poner en marcha Ikebanah? ¿En qué medida te ayudó tus casi diez años de experiencia previa?
Sinceramente no fue tan difícil, fue como llegar a un nuevo alto en el camino, para descansar y seguir avanzando más tarde. Fue una continuación, a la que se le dio mayor estructura y entidad, energías renovadas, objetivos concretos, bases profesionales y una imagen definida.

¿Cual es tu método de trabajo? ¿Dónde descubres a las compañías (ferias, certámenes, actuaciones,…)?
Las vías son varias, en efecto: por asistencia a ferias y festivales estatales o internacionales, o bien porque recibo las propuestas directamente por parte de las compañías. Hay una gran producción en el mercado nacional, las llamadas con ofertas de espectáculos para la distribución son diarias. Pero necesito verlos en directo, tener la experiencia personal, sentirlos.

Cuando encuentras una compañía que te interesa, ¿pasa a ser de Ikebanah en exclusividad?
No siempre, depende de lo que busquemos ambos, del espectáculo, de los objetivos o momentos en que cada estructura está. En el caso de compañías extranjeras a quienes organizo las giras en España, sí les pido exclusividad pues hay un arduo trabajo que hacer para introducirlas en el mercado y desarrollar el plan de gira. Es imprescindible, hay una fuerte inversión al inicio de cada colaboración con ellas. En el caso de las estatales, depende de muchos factores. Pero si es posible, es importante y positivo tener esa exclusividad pues hay mucho trabajo volcado en ellas y a menudo los frutos llegan a medio o largo plazo. Es fundamental una buena relación con las compañías, basada en la mutua confianza y en la sinceridad.

¿Puede darse el caso que te interese sólo un espectáculo en concreto de una compañía o siempre confías en que tengan cierta regularidad todos los montajes que hagan?
Siempre he seguido el proyecto global de la compañía que llevaba en exclusividad, asumiendo cada nueva producción con fidelidad y compromiso. Pero esto me ha planteado muchas veces conflictos internos, evidentemente cuando las creaciones no han estado a la altura o no me han resultado completas o interesantes. Te ves obligada a defender el proyecto general artístico ante los profesionales de la programación, cuando a veces tú misma no gustas de ciertos aspectos de alguno de los montajes. Es una cuestión similar a los retos que supone el compromiso sentimental que se adquiere con una pareja estable, con sus altibajos. Actualmente, me planteo un cambio en este tipo de tesituras: defender solo los trabajos que me resultan completos a mi parecer o con los que me identifico de cada compañía, que pueden ser todos o casi todos o algunos.

La distribución es un oficio de alta exigencia física y mental, hay que tener mucho aguante, paciencia y fortaleza. Después de muchos años de volcar energía personal en ella, llega el momento de concentrarla hacia lo realmente interesante y que tenga un alto nivel de calidad estética y técnica y sea de interés general. Personalmente necesito estar motivada con lo que distribuyo, ha de conmoverme para poder trasladar este sentimiento a mi interlocutor y que el proceso tenga un resultado. Me gusta que los espectáculos que distribuyo tengan un sello que los una o defina y para ello necesito ser muy escrupulosa con mis elecciones. Habrá gustos para todos, pero en el fondo todas las propuestas tienen un mensaje claro, un objetivo hacia el espectador y unas bases de calidad indiscutibles.

Tu trabajo se compone de dos fases, por un lado localizar esos montajes de los que hemos hablado y después conseguir que se programen. ¿Cómo se realiza esta segunda parte?
(Risas) Abracadabra, has abierto el cofre de las esencias escénicas… Comunicación, tesón, diligencia, información, oportunidad, persistencia, promoción, buena relación calidad-precio, interés de la propuesta, horas de trabajo, atención, reuniones… No hay reglas matemáticas, es un cóctel de esencias bien combinado. Es alquimia y por tanto es una conexión orgánica, tan diferente como personas o propuestas hay en el sector.

Cuando visitas alguna feria, asistes tanto para descubrir nuevos espectáculos como para dar a conocer los que tú gestionas. ¿Cómo acabas conjugando ambas facetas sin volverte loca?
Ser y estar, esa es la cuestión. Estar para ver, abrirse a descubrir potencialidades o evidencias artísticas consolidadas. Y ser una misma para establecer las conexiones precisas para hacer tu trabajo. Hay momentos para todo. Normalmente organizo los encuentros previamente con los programadores, pero también suceden reuniones fortuitas, en las ferias se dan ambos aspectos. Ambas facetas son parte de nuestro trabajo y para ellas estamos. ¡Sin locura!

¿Se puede decir que no todos los públicos son iguales? ¿En qué medida afecta eso a tu trabajo? ¿Cómo puedes intuir que un espectáculo puede funcionar en Asia, pero no en España o al revés?
En cierta forma son iguales pero tienen sus características culturales especificas, es natural. Lo veo mucho en las giras en el extranjero, podría encontrar pequeñas diferencias entre el público francés, inglés, americano, español, japonés, ruso, marroquí… pero en esencia reaccionan igual a las cuestiones fundamentales emocionales de un espectáculo. De momento, todos los espectáculos que he movido en el mundo han funcionado muy bien, más allá de estas diferencias. Solo algunos en los que el contacto físico con el público es fundamental y que se nutren de reacciones e interacciones emocionales claras y libres, pienso que podrían colisionar con aspectos culturales profundos de una sociedad como por ejemplo la japonesa. En este caso, sí pienso que la barrera formal cultural de una sociedad respecto a la expresión de las emociones y el contacto físico entre desconocidos podría arruinar y quitar el sentido a un determinado espectáculo donde estos factores fueran fundamentales para la comunicación.

Foto: Fernando Sala.

Foto: Fernando Sala.

¿Qué tiene que tener un espectáculo para que lo incorpores a Ikebanah?
Sobre todo que me emocione, me genere endorfinas y atracción, y me provoque un sentimiento de querer ser parte de él o de querer compartirlo ante el público de mi país o de otros países. Me ha de enamorar, aun si tiene pequeños defectillos, sus virtudes deben pesar en el balance general o convencerme para hacerle un hueco en mi agenda. En lo técnico: contar con un buen hacer artístico y técnico, generar buena comunicación con el público, provocar un mundo emocional que le conmueva, provocar estados de felicidad y belleza, risa o tristeza, pero desde la profundidad de intenciones en la creación. Y sobre todo que genere una experiencia de proximidad y cercanía con el público, para mí básicas en el hecho teatral.

Repasando los montajes que representas, sorprende que todos tienen su propias características, pero al mismo tiempo les une algo en común, como una línea de coherencia (muchas veces centrado en la capacidad que tienen para generar sus propios mundos) en todos ellos. ¿Es voluntario o simplemente fruto de tu gusto personal? ¿Crees que es algo bueno porque genera marca respecto a Ikebanah?
Es totalmente intencionada, en el sentido de que son fruto de una mirada definida sobre las artes escénicas. Creo que hay una búsqueda artística, estética, ética y filosófica inherente a todos ellos que conecta conmigo y mi manera de ver el mundo.

Llama la atención que, en los montajes, al margen de los estrictamente musicales, suele primar el aspecto visual en los espectáculos por encima de otros. ¿Facilita eso que luego puedan ser programados por todo el mundo sin problemas idiomáticos?
Es un elemento importante, en efecto. No es algo que haya buscado a priori pues la decisión de trabajar con ellos es básicamente profesional, por su gran calidad artística y porque conecta con mi imaginario y filosofía, pero creo que de alguna manera sus características técnicas y la versatilidad que proponen han ayudado a incluirlos. Son propuestas bellas y a la vez muy prácticas, y esto facilita mucho el trabajo.

¿Qué es lo más satisfactorio de tu trabajo?
Ver cómo el público disfruta de los espectáculos, cómo tienen experiencias emotivas, alegrías, relajo, felicidad por el momento que se comparte, gozo estético, reflexión, encuentro consigo mismo, con el artista, con los que les acompañan… Satisfacción por el trabajo hecho, porque hay unos resultados emocionales y personales en el espectador que merecen cualquier esfuerzo previo. También la oportunidad que me da de conocer otras culturas, otros países, y abrir mi mente al “otro” y diferente. Es algo impagable.

¿Y lo menos?
El arduo trabajo que a veces resulta, la intensidad de horas invertidas, el desgaste de energía al contactar con el programador, cuando no está o está ocupado, o cuando no está receptivo… el ocasional silencio al enviar propuestas, la incertidumbre ante la saturación en nuestro canales de comunicación con los gestores, el tener que “buscar” al otro para contarle… o cuando escucho en determinados foros cómo se banaliza o desprecia, “etiquetando” superficialmente, trabajos artísticos desde una gran presuntuosidad o ignorancia…

¿En qué medida han facilitado tu trabajo los avances tecnológicos de los últimos años o como presenciar un espectáculo en vivo no hay nada?
Ver vídeos en internet para valorar el interés de una propuesta artística ayuda, orienta, pero también limita la percepción. Se pierde organicidad, autenticidad, piel. Ver un espectáculo en vivo es necesario para tener la sensación, la emoción, que puede impulsarte a identificarte o no con lo que se te presenta. A mí ver un vídeo me ha ayudado a decidir desplazarme para ver en vivo una obra, y me he alegrado luego. Y al mismo tiempo me ha podido desanimar o me ha hecho entender en algún caso que no merecía la pena hacerlo o que convenía descartar la propuesta.

¿Ikebanah va incorporando continuamente nuevas propuestas o prefieres trabajar con un número cerrado que sabes que funciona bien?
La empresa va incorporando nuevas propuestas conforme se valora el interés artístico y potencial económico o perfil de cada una. Me encantaría poder trabajar con todas las que nos llegan y me parecen afines al estilo que seguimos. Pero hay un factor que condiciona al escoger propuestas y es la relación exceso de trabajo versus limitación del tiempo… Tenemos que dejar muchas opciones interesantes por el camino porque no quedan más horas en el día para realizar todos los objetivos ya comprometidos… Aun así debo decir que me cuesta mucho decir que “no” cuando veo un gran potencial… Me fío mucho de mi intuición, y normalmente me guía por el buen camino…

Teniendo en cuenta lo mucho que viajas, eres una voz autorizada para trazarnos un pequeño mapa de cómo estan las artes escéncias por el mundo? ¿Qué destacarías?
Están estupendamente, es impresionante la cantidad de espectáculos y compañías que giran en el mundo. Este año pasado he asistido a varias ferias internacionales de artes escénicas y es apabullante y satisfactorio constatar la cantidad de buenos espectáculos que circulan por el planeta. Al final es cierto que los grandes teatros y festivales más fuertes de cada país acaban programando un pequeño puñado de éstas, pero vivimos en un mercado de libre competencia y sobrevive el mejor y más preparado, a la vez que el más bello. El mundo quiere belleza, normalmente un buen trabajo artístico siempre gozará de una larga trayectoria. Es una lucha de especies artísticas…

En estos años ha sido grato comprobar que el programador internacional está muy bien preparado, documentado, es muy profesional, es consciente de su responsabilidad y su carácter de gestor de lo público. Se siente como una parte más del tejido cultural, al mismo nivel que el representante que le suministra propuestas. He sentido que nos escuchan, nos piden, nos respetan. Hay una relación sana profesional entre ambos agentes culturales, programación y distribución se entienden bien.
En el extranjero se trabaja con mucha seriedad, atenciones y respeto al creador. Y se trabaja en red, se estimula el trabajo en cooperación para economizar recursos. Me gusta relacionarme de esta forma. Mi trabajo resulta mucho más satisfactorio, y acaba siendo más práctico y efectivo, más grato en lo personal también.

¿Cómo ves Valencia culturalmente hablando?
Me da pena decirlo, pero la veo muy atrás culturalmente respecto a Europa o América del Norte o Asia, que son los continentes que conozco mejor. Hay mucho que aprender de la gestión de lo público en Europa por ejemplo. Sobre todo en el sector del teatro/danza para niños y jóvenes… estamos muy por detrás de los logros adquiridos en Francia, Holanda o Bélgica por citar algunos países… Confío en que la sociedad cambie y con ella sus políticos. Es necesario un cambio moral y de actitud ética ante cualquier aspecto de la vida. El trabajo, el desarrollo profesional del individuo, la educación ética y la gestión de los recursos públicos son una parte fundamental para el bienestar social sobre la que los gobernantes deberían incidir. Y están íntimamente conectados con el disfrute y desarrollo cultural de una sociedad.

¿Qué planes de futuro tienes?
Si tengo que imaginarlo, diría que trabajar, seguir el camino trazado, seguir apoyando artistas por el mundo, viajar, conocerlo más, disfrutarlo, ampliar la empresa y en algún momento espero lograr que vaya sola, para dedicarme a soñar proyectos nuevos, profesionales y personales… y descansar un poquito más. No descarto posibilidades y aunque me paso el día planificando agendas y calendarios de otros, y por ende los míos, y proyectando hacia el futuro, cada día procuro vivir más en el presente y en lo personal hago planes a muy corto plazo. El futuro es un cúmulo de pequeños presentes que han llegado, así que para contrariar un poco y por salud mental, vivo al máximo el hoy para que cuando lleguen los porvenires, me encuentren donde quiero estar.

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