Escenarios

Una entrada al mundo interior de las personas

Rafael Álvarez, El Brujo. Foto: María Saavedra.

La taberna fantástica, de Alfonso Sastre, fue la obra que, dirigida por Gerardo Malla, catapultó a Rafael Álvarez, “El Brujo” en 1985. Incluso TVE emitió una de sus representaciones y años después se adaptó al cine. En la revista Cambio 16, Paco Rabal decía, poco después del estreno,  que El Brujo le parecía un actor formidable y que le ponía los pelos de punta; Adolfo Marsillach hablaba de un trabajo excelente; y Julieta Serrano explicaba que “produce mucho placer cuando se toca ese punto en que la vida se pone así, en evidencia, en un escenario, de una manera tan creíble”.

Pero toda esa ola triunfante tuvo una cara b que el actor sufrió en silencio. “Después de esto paradójicamente no me sentía feliz, sino abatido y con una sensación de vacío y hastío verdaderamente alarmante. Ya lo tienes, me dije, era esto, y ahora ¿qué?”,  confiesa el actor en el texto promocional de su obra Autobiografía de un yogui (en La Rambleta del 6 al 8 de abril). La solución la encontró precisamente en el libro que da título al montaje, de Paramahamsa Yogananda. “La historia es entrañable, humana, sencilla y de gran belleza. Jamás me olvidé de este libro. Dejó una semilla”.

Esa semilla acompañó a El Brujo en su vida durante los siguientes años, ayudándole tanto en los buenos como en los malos momentos, hasta que Yogananda volvió a cruzarse en su camino. “Hace un par de años una amiga me regaló otro libro suyo. Estaba leyéndolo en mi casa cuando una inspiración interior me puso en movimiento”. El resultado fue esta obra, en la que repasa la vida del que fuera gurú del yoga en el mundo occidental, con algunos apuntes de la suya propia.