Entrevistas Libros

El hombre que amaba las revistas

Los micromundos. Nadie habla de ellos, pero existen. En la tienda de licores de la esquina (bodega queda menos literario, lo siento); en aquel banco del parque; o en la ventana, con una luz encendida, que ves desde tu casa mientras tecleas en el ordenador. Lugares a priori normales, pero que esconden todo un universo inesperado. Cuando paseas por El Cabanyal tienes la sensación de que sus calles están abarrotadas de ellos. Ese bajo que están rehabilitando; el taller de la esquina en el que parece que el tiempo se detiene; o la chiquillería gitana vigilada, desde dos sillas, por sendas mujeres que chillan y ríen. Incluso esa mesita de noche abandonada al lado de un contenedor crees que tiene una historia fascinante detrás. Entras en un patio normal, de una finca normal, subes por unas escaleras normales, entras en una casa … y el micromundo te recibe.

Alfonso Moreira
Fotos: Diego Obiol

Alfonso Moreira es muy ordenado. No sólo por la disposición de las cosas en su casa, sino por cómo planifica sus proyectos y cómo va destripando sus ideas. Gesticula mucho y habla apasionadamente. Se levanta varias veces a por revistas y libros que refuercen lo que cuenta. Desde el primer momento descubres que es un estupendo anfitrión. Ríe y con sus palabras defiende una visión expansiva de la cultura. Sin elitismos. Sin pedanterías. Pero, ojo, con contenido. Si Verlanga fuera un equipo de fútbol le ficharíamos para que liderara la defensa. Si Verlanga fuera un circo, sería nuestro domador. Como Verlanga es una revista cultural, es nuestro entrevistado.

Moreira es gallego, aunque oyendo como imita el acento valenciano durante la charla, nadie lo diría. Desde el año 2000 anda enfrascado en una apasionante aventura, Faximil Edicions Digitals, una editorial que (según reza en su web) publica revistas, libros y bases de datos utilizando formatos digitales avanzados (antes en dvd’s, ahora en un archivo descargable). Números Sueltos es la hemeroteca que ofrece a los interesados la totalidad del catálogo. Bucear por sus referencias es como hacer un viaje en el tiempo por algunas de las cabeceras más significativas de este país. Nombres como Cuadernos de Ruedo Ibérico, L’Espill, Valencia Semanal, Nueva Cultura o Pensat i Fet.

¿Qué criterio sigues para escoger las revistas que publicas?
Alfonso Moreira- Al principio, cuando trabajábamos con la Biblioteca Valenciana decidíamos las cabeceras que nos resultaban interesantes a ambos. Ahora conjugamos encargo con catálogo propio. Catálogo propio son aquellas revistas que nos gustan, que nos resultan interesantes. Y te llevas bastantes sorpresas. Hay revistas que tienen mucho nombre, por lo que has leído, son como clásicos. Pero tienes que ir a verlas y a veces no son para tanto. Pero por otro lado, te llevas sorpresas agradables. Revistas que, aparentemente, no te interesan y que te acaban encantando. Pensat i Fet por ejemplo, la revista fallera. Yo no es que sea antifallero, pero es una cosa que no me interesa. No sé. Como los toros. No tengo ningún interés en el asunto, más del puramente de convivencia, por decirlo de alguna manera. Y sin embargo, Pensat i Fet, llegué a ella a través de l’Associació d’Estudis Fallers, la descubrí y es una gran publicación.

¿Prima, entonces, el gusto e interés personal a la hora de tomar las decisiones?
A- Sí, principalmente así es. Pero luego hay decisiones comerciales. Si ha funcionado una revista de arquitectura, sigamos con la arquitectura (risas).

¿Hay una labor de investigación profunda previa a la publicación de cada cabecera?
A- Por supuesto, hacemos labor de investigación. Pero hemos llegados a un punto en que la bibliografía que hay, casi la conocemos íntegramente. Hay la que hay. Y los enterados son siempre los mismos. Un experto en revistas es este señor que fue Ministro de Cultura con Zapatero, César Antonio Molina. Yo iba bastante por Madrid y mi objetivo era conseguir una entrevista con él. Pero nada. No pude. Si es mi ídolo (risas) si nos vamos a entender estupendamente.

Alfonso Moreira

¿Con qué problemas soléis encontraros?
A- Principalmente, son problemas de derechos y de ejemplares. Buscamos las colecciones completas de cada cabecera. Por eso, cuando empezamos, creíamos que acabaríamos en las bibliotecas y no, hemos acabado en colecciones particulares. Contactas con ellos y te las prestan. Las digitalizas tranquilamente y se las devuelves.

¿Y se quedan tranquilos cuándo os las prestan?
A- (Risas) Tranquilos no. Hay de todo, pero muchas veces llega a ser complicado. Hay gente que te las deja sin problemas y otros que tienen un seguro. Los hay que te piden dinero porque para ellos aquella revista, a la que igual no le han hecho caso nunca, es como su herencia. Siempre firmamos contratos sobre los derechos. Ha habido veces que no ha sido viable porque nos pedían cantidades muy elevadas, como 12.000 euros.

Esos coleccionistas privados, ¿suelen conservarlas en buen estado?
A- Los privados sí. Las bibliotecas las tratan peor. El señor que nos prestó Pensat i Fet tenía los ejemplares en una bolsita. Y para sacarlos había que ponerse guantes. Luego depende de la calidad que tuviera el papel en el que se editaban. Nosotros, más de una vez, con la digitalización los reconstruimos. Hay un trabajo artesanal. Eliminamos cuños. No es escanear y ya está. Hay que tener muchas cosas en cuenta, como por ejemplo el color. La mayor locura es Valencia Semanal y sus tramas. Eran muy aficionados a poner fondos y tramas. Una vez escaneados, le pasamos un OCR. Hemos probado muchos. Ahora tenemos uno ruso que es perfecto. Lo lee todo. Incluso si hay una foto con una pancarta, lee el contenido de la misma.

Sólo os falta corregir las faltas de ortografía.
A- Se ha intentado (risas). Ha habido gente que nos lo ha pedido por favor. Pero no hemos llegado a eso.

Resulta curioso como en vuestro trabajo conjugáis esa labor de investigación más clásica con una necesidad de estar al tanto de las novedades tecnológicas, para que vayan evolucionando los formatos en los que ofrecéis las revistas.
A- El otro día estuvo actuando en el Kaf Café de Benimaclet, Daniel Drexler (el hermano de Jorge), y tenía una canción que decía “yo soy un hombre del siglo XX que vive en el siglo XXI”. Yo tengo esa sensación. A mí me parece maravilloso descubrir programas nuevos. Genial. Igual a un chico joven no, porque está habituado, pero yo que he pasado por procesos menos digitales, me encanta.

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Tu vida siempre ha estado, de una manera u otra, ligada a las revistas. Antes de la experiencia de Faximil Edicions Digitals, dirigiste dos publicaciones. ¿Qué tal fue la experiencia?
A- Creo que es lo mejor que he hecho en mi vida. El hecho de que sean periódicas les da un punto muy interesante. Porque nada más salir una, ya estas pensando en el siguiente número. Un poco en el sentido fallero. Además, aprendes un montón de cosas. Y conoces gente. Yo he conocido a un montón de gente interesante a la que no hubiera conocido de no haber sido por las revistas.

¿Qué revistas eran?
A- Una era más cultural, O Tranvía, que la hacíamos en Galicia. Y la otra, Métodos de Información, era una sobre bibliotecas que llevé durante ocho años. Sacamos 51 números. Teníamos portadas de Micharmut, de Calatayud,… Una revista modesta, pero muy chula. Fue de las primeras que sacamos en dvd en Faximil. Era una revista para un público profesional. Tuvo bastante impacto. Llegó a ser una revista importante. Teníamos casi 600 suscriptores. Para mí ser director de revista es de lo mejor que se puede ser. Es leer artículos que te mandan; es encargar haz un artículo de nosequé, tú otro sobre tal sitio… a mí eso se me da bien (risas). Hacíamos monográficos. La revista era muy bonita, la verdad. Y fue una experiencia muy satisfactoria que, además, me promocionó mucho. Números Sueltos no hubiera existido si no llega a existir Métodos de Información. Fue mi Cambridge, donde aprendí yo todo.

Y esa pasión por las publicaciones perdura hoy en día, ¿no?
A- Yo soy muy aficionado a las revistas, a los fanzines, a todo. Hoy en día estoy suscrito a doce revistas. Me gustan mucho. La novela, el libro en general, tiene un prestigio que no tienen las revistas. Y me gustan sobre todo las revistas populares. Las revistas que han sido importantes en la vida de la gente. Porque yo he tenido revistas importantes en mi vida. Que iba al estanco de mi pueblo y las compraba. Que ahora parece una historia del Abuelo Cebolleta. Pero nosotros comprábamos el Ajoblanco y nos íbamos todo los del pueblo a leerlo juntos. Igual que cuando comprábamos un disco. Siempre he sido buen lector. Me reconozco ahí. Me interesa todo. Las revistas tienen de bueno eso. Que no es sólo la opinión de un señor, sino la opinión de varios. Y hay algunas que están, realmente, bien.

Alfonso Moreira

¿Qué revistas actuales te interesan?
A-
Estoy suscrito a Panenka; a Mètode; a Bostezo; a Alternativas Económicas; al Qué Leer para estar al día de lo que sale y porque me gusta el enfoque;  a Mongolia, que me parece la mejor noticia de los últimos años. Para leer el periódico tienes que leer Mongolia, para ver el Telediario tienes que ver a Wyoming; a Orsai, que es casi más una secta que una revista. Me encanta eso de que haya un señor fumando porros y editando lo que le de la gana desde un pueblo de Barcelona. Y está sacando unos libros muy buenos. Igual si lo tuviera en casa no le aguantaría (risas). Me gusta Jot Down, aunque no estoy suscrito, la leo en la web. Y últimamente, gracias al ipad, me he cambiado las suscripciones a digital. También voy al kiosko y me compro algunas sobre Mac para ver lo que hay.

¿No crees que hay cierta paradoja entre esa recuperación de las revistas editadas en papel y que esa labor se realice digitalmente?
A- Yo no soy nada fetichista. Ni de los libros, ni del papel. No le veo más valor al libro que lo que te deja. Yo quiero leer. Mi biblioteca actual tiene crecimiento cero. Libro que entra, libro que sale. No voy a tener más espacio para los libros. Los libros en una biblioteca pública están de puta madre y las revistas también. Yo, incluso, dono las revistas a las que estoy suscrito, una vez leídas, a la biblioteca en la que trabaja mi mujer. Leen Mongolia gracias a que pasa por mi casa. Y por ello no me he cambiado a la suscripción digital. Y acumular, ¿para qué? ¿Te las vas a volver a leer? Además, yo trabajo, profesionalmente, como documentalista, y sé donde encontrarlas si luego las busco. Sé donde están. Me conozco bien el sistema bibliotecario. Y me parece una gran idea que guarden las colecciones completas para cuando se necesite un número ir allí a por él.

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Ahora que hablas de las bibliotecas, ¿no deberían ser una alternativa para ese sector de la población que exije que la cultura sea gratis?
A-
Nunca he sido del gratis total. Yo creo que la gente tiene que pagar por las cosas. La gente lo descarga porque puede. Es un poco como lo de la acumulación. Lo hacen porque pueden. No tengo otra lectura. Y las bibliotecas tienen el problema de que no se han aprovechado los 20 años buenos para establecer un sistema bibliotecario al que ahora pudiéramos acudir y tuviera, por ejemplo, la última novedad de John Irving. Aquí, en Valencia estamos bastante desfavorecidos. Hay pueblos cercanos que están mucho mejor. Que lo lleva una persona competente, que durante esos 20 años ha sabido utilizar su presupuesto. 1000 euros en libros o revistas dan para un montón. Sólo con llevar una política abierta y no comprar únicamente lo que a tí te gusta. Pregúntale a la gente lo que quiere leer y tendrás un fondo estupendo. Claro, si ocurre como en la biblioteca de este barrio, que las únicas revistas que tienen son los suplementos culturales de los periódicos, pues resulta bastante estremecedor.

¿Has sufrido el pirateo de alguna de las publicaciones de Faximil?
A- Sí. Yo lo que hago es mandarle un correo avisando que no lo pueden hacer. Pero por experiencia, sé que se cansan, que escanean y suben algunos ejemplares, pero no todos. Aunque lo que sí que hacen es piratearte tu copia. Y claro, joder, a mí me ha costado un dinero y una investigación. Cuesta mucho digitalizar una colección completa. Si falta un número, hay que buscarlo. Y eso cuesta un trabajo también. Nosotros, además, técnicamente somos unos pijos del escaneo. Tiene que ser perfecto. Pero tenemos un montón de pirateo, sobre todo de Cuadernos de Ruedo Ibérico y de las revistas anarquistas.

Alfonso MoreiraDespués de todos estos años, ¿te queda alguna asignatura pendiente?
A-
Hay revistas que me han gustado siempre a las que no he podido acceder por lo que sea. En lo 80 se hicieron muy buenas revistas en la administración. Quites, una de toros, dirigida por Carlos Marzal. Me contó él la historia. En el 82 aterrizó en la Plaza de Toros de Valencia un francés como gestor y entre sus iniciativas estuvo hacer una revista de toros. Sacaron 14 números, que para mí y para Números Sueltos es una cantidad genial. En Quites escribían desde Bergamín hasta Ferlosio, que luego ha renegado de su afición a los toros. Fue la época, también, de aquellos recortables de El Persa de la Plaza de Toros. Hicieron la mejor revista de toros, según he leído yo, que se ha hecho jamás. Y fue en Valencia en los 80. Y me interesa mucho, aunque no me interesen los toros. Es que he visto la revista y es excelente. Otra que me interesa y no he podido meter baza es Debats. Debats, que la edita la Diputación, tiene un problema. Durante 50 números tenía un nivelazo…el número dedicado a Berlín, el de Viena,…el problema es que luego, cuando hubo el cambio de régimen, la revista siguió, pero sin la periodicidad ni la calidad que tenía. Pero es que no hay nadie a quién yo le pueda decir “me interesa esta revista hasta que llegaron ustedes”.

El otro día leía a Oriol Regás, el hermano de Rosa Regás, que fue un señor con una vida bastante peculiar tal y como contaba en sus memorias. Yo leo memorias para ver si encuentro cosas. Y contaba que habían hecho una revista de motos que había sido muy afamada en su momento. También Ajoblanco intenté sacarla, pero no pudo ser. O la revista Poesía, de Madrid, que me interesa mucho. Pero la hacía el Ministerio de Cultura. Fíjate tú, el Ministerio de Cultura editando una revista de poesía.

Y en ese caso, ¿qué solución hay?
A-
No hay interlocutor. No puedes hablar con nadie. La clave fue haber hablado en su día con César Antonio Molina (risas). Hay un número que es el Guernika, escala 1:1. Es casi una idea de Vicente Ferrer, de Media Vaca (risas). Hay revistas a las que no se pueden acceder y serían una maravilla. Nosotros con Cuadernos del Norte tuvimos nuestro único gatillazo. Teníamos el permiso del director, Juan Cueto, pero la revista la editaba Cajastur. Llegué a firmar un contrato, pero me llamó un abogado de Cajastur que quería hablar con mis abogados y preferimos evitar problemas y dejarlo correr. Una putada porque el trabajo lo hicimos y fue un trabajo muy duro porque era un papel tostado y los titulares eran de color marrón y hubo casi que reconstruirlo. La estoy subiendo a la web de Números Sueltos, pero ejemplares sueltos. Hay otra de flamenco que es interesantísima, que tampoco hay manera. La Caña. La revista está digitalizada por una universidad de Málaga y yo si tuviera los derechos la volvería a escanear porque han hecho una patata. Tienen un número sobre Camarón que es para morirse, el mejor documento que hay sobre Camarón.

De todos los hallazgos que has hecho a lo largo de la historia de Faximil, ¿cón cuál te quedas?
A- De lo más interesante que he hecho como trabajo han sido tres obras de consulta con las que nos lo pasamos muy bien. El Atlas Anatómico del Cuerpo Humano, de la Zoología y de las Plantas de López Piñero. Una obra excelente. Fuimos a bibliotecas y descubrimos libros desposeídos de sus elementos gráficos. Claro, enseguida hay que avisar de ello, no vaya a ser que en un futuro se nos acuse de haberlo robado nosotros. Yo utilizo mucho las obras de consulta y ya había olvidado un poco la idea de editar más, pero ahora con las app sí le veo una salida. Eso sí, no tengo quién me las encargue (risas). Pero bueno, es algo habitual en mí. Pero ya aparecerá. El contenido ya lo tenemos.

¿Y si hablamos de alguna sorpresa?
A- Tenemos una obra que es un éxito raro. El viaje literario de los hermanos Villanueva. Los hermanos Villanueva, Joaquín y Jaime, fueron dos frailes que se recorrieron un montón de iglesias. A principios del XVIII uno de ellos estuvo en las Cortes de Cadiz y tuvieron un encargo del Rey de recopilar todas las joyas que había en las iglesias de España. Empezaron en Xátiva e hicieron todo el recorrido. Hay 3 tomos de Valencia y 16 de Cataluña y 4 de Mallorca. Van contando lo que ven. Una obra maravillosa. Fue toda una sorpresa. Tiene mucha gracia literaria. Me he leído todos los tomos. Cuenta que llegan a un pueblo, lo que ven, lo que hacen… Nos lo han comprado todos los curas de Cataluña.

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¿Cómo llegaste a esa obra?
A- Fue un encargo. Un encargo que se convirtió en todo un descubrimiento. Bueno, más bien, fue un soplo. Alguien me puso tras la pista diciéndome que estaba muy bien, pero que el problema era que eran muchos tomos y nadie los tenía. Claro, digitalizarlos era la mejor opción.

Tantas revistas visionadas y leídas, te habrán permitido analizar cómo evolucionan a lo largo de los años. Imagino que en algunos aspectos será muy significativo, como por ejemplo la publicidad.
A- La publicidad de las revistas es interesantísima. Es sorprendente. Hay algunas revistas, sobre todo de los años 70 y los 80, que se mantiene más la publicidad que el contenido. Te da el tono de la sociedad, unas modelos de Paduana, el Dyane 6,… Están muy bien hechas. Y los sueltos, esa morralla, me interesa, es lo que leo. Frente a la gran proclama o la gran editorial en la que los tipos se ponen estupendos. Me gustan las revistas que llevan publicidad, que han llevado un negocio detrás.

¿Qué proyección internacional tiene Números Sueltos?
A- Yo he tenido un distribuidor en Estados Unidos durante 6 años. Una cosa maravillosa. Le mandas las revistas y él te manda un cheque importante, a mi nivel claro está. Las vendía a las universidades americanas, que están comprando papel en todas las Ferias. Dentro de unos años, el que quiera consultar determinadas cosas tendrá que recurrir a ellos. Es algo que da de pensar. Por otra parte, Sudamérica me interesa mucho. Tenemos un par de cosas cubanas. Pero es más problemático.

moreira066¿Qué futuro le ves a las revistas?
A- Se salvarán las revistas que ofrezcan textos. Y los periódicos también. Textos de profundidad. Y modelos mixtos. Alternativas Económicas tiene suscriptores y si eres suscriptor entras en la web y si no lo eres, no. Me parece un modelo superválido. Pero ahora hay un renacer de las revistas. Yo veo dos modelos de revistas. Las generales que forman parte de una empresa mayor. Y las más especializadas. La gente se sigue gastando más dinero en publicaciones en papel que en formato electrónico. Y te lo digo por experiencia, porque a nosotros hay gente que nos quiere comprar números en papel. Una revista tampoco necesita tantos seguidores. Siempre han estado en crisis. Es como los teatros y su mala salud de hierro. Les veo más futuro que a las redes sociales. Yo soy optimista, pero es cierto que soy optimista por naturaleza, sino no estaría en estos berenjenales (risas).

Números Sueltos también tiene un apartado de ebooks, en el que confluyen diversos sellos. Por un lado está Faximil Books, en el que editáis tanto novedades de autores recientes como libros que merecen una segunda oportunidad.
A– Lo de los libros es un poco como lo de las revistas. Tal y como están la editoriales hay una demanda para recuperar libros que parezcan interesantes, que tengan que estar. Es algo casi personal. Pero eso sí que no sean novelas. Debe ser por la edad, pero me interesa la no ficción, el ensayo. Ahora sacamos una cosa de Europa y otro contra la familia tradicional, una reivindicación de la familia monoparental. Obras nuevas, pero interesantes. Libros que no se han publicado, pero se deberían publicar. Me los voy encontrando. Vicente Blasco Ibañez, una biografía, de Ramiro Reig es una vergüenza que no esté publicado. Es un libro excelente y resulta que se lo han guillotinado, que lo cuenta él. En Amazon es el que mas hemos vendido. Tengo un libro ahí que descubrí en Rumania que me gustaría publicarlo. He intercambiado un par de mails con el autor y no hay problema. Lo único es que no encuentro el momento. Aquí no hay nada editado sobre el tema. Pero también es porque yo he ido un par de veces allá, me da por entrar en las librerías y comprarme libros. Pero no sé si tendría mucha salida aquí.

También tenéis disponible el catálogo de Numa, editorial valenciana que tuvo actividad entre el 200o y el 2004.
A- Numa es un fondo que tenía Arturo Castelló, que era el editor. Él ahora se dedica a los videojuegos y le va muy bien, por cierto. Yo era lector de Numa y como sabía que estaba cerrada hablé con Arturo. Nos pasó el fondo y con él hicimos nuestro aprendizaje. Luego sacamos Faximil Books y ahora estamos con una nueva colección para tabletas, Fax4Tab. Por subsellos no será (risas).

¿Hay algún tipo de periodicidad en Faximil Edicions Digitals?
A- No, no tenemos. Lo vamos sacando cuando podemos. Ha habido épocas buenas que sacábamos 6 cabeceras al año, pero luego ha habido otras de 1 ó 2. Ahora estamos en un impasse, dando el salto a la tableta y eso implica volver a sacar todas las referencias y a mí hay cosas que me hacen ilusión y otras que no tanto. Alguna equivocación, que no han tenido la salida esperada, y volver a ello no tiene mucho sentido.

¿Proyectos de futuro?
A- En estos momentos, tenemos que, por un lado, seguir buscando publicaciones para subir a Números Sueltos. Ahora estamos con la revista de cine Casablanca. Además hay dos libros preparados, pero a la vez hay otros dos danzando, dos de encargo. También hay un posible libro que me gustaría hacer, un manual. Y por otro lado, tengo que pasar todo el material que ya tenemos al formato de las tabletas, que es en lo que estoy metido ahora. Y me encantaría hacer los Atlas de López Piñero en app. Vamos, que no paramos.

 

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Acaba la conversación y Alfonso nos lleva a lo más parecido que he estado jamás del almacén de Papa Noel. Una estantería con todas las referencias de Faximil en dvd. Nos regala algunas. También un libro en papel y una camiseta. Es como un 6 de enero en plena primavera. Es lo que tienen los micromundos.