Adelantamos un capítulo de “Comunico, luego existo”, libro de Marta Salvador

Foto: Eva M. Rosúa.

Foto: Eva M. Rosúa.

25 ideas para comunicarnos de forma eficaz. Ese es el subtítulo y el contenido del nuevo libro de la escritora y periodista Marta Salvador del que os avanzamos un capítulo en exclusiva. Cada episodio del mismo, va precedido de un cuento de la autora que sirve además para contextualizar o introducir las ideas que a continuación se desarrollan. El lenguaje oral y el paralenguaje, la asertividad, el aprender a decir “no”, las mentiras piadosas o el lenguaje inclusivo son algunos de los temas que Marta Salvador expone a lo largo de la obra.

“Comunico, luego existo” se presenta este próximo sábado, 19 de diciembre, a partir de las 12:00h, en la Librería Dadá del IVAM. Rafa Rodríguez, editor de Verlanga, moderará una mesa en la que participaran, junto a la autora, profesionales del mundo del periodismo y la comunicación como María Jesús Minguez Lucas, Begoña Vilata Martínez y Olivia Pérez.


Comunico, luego existo. 25 ideas para comunicarnos de forma eficaz
de Marta Salvador

Capítulo 4

Felicidades:  23-09-93. Te quiero
El bote de pintura en aerosol se le escurre a Antonio entre los dedos. Como un fugitivo se adentra en la noche para darle una sorpresa a María. Vence las dificultades diciéndose una y otra vez casi en voz alta: «Le va a encantar, le va a encantar, le va a encantar…».
Rosario se detiene en el portal de su casa para leer un letrero en rosa pintado en el suelo: «Felicidades: 23-09-93. Te quiero». Arrastra su soledad en forma de caniche malhumorado a las siete y media de la mañana mientras piensa qué romántico sería despertar un buen día con alguien tan enamorado.
A las nueve menos cinco sale María con los gemelos en el carro y Sofía llorando detrás. Hoy se le ha hecho tan tarde que no ve la pintada que acaba de emborronar con las ruedas del cochecito. Solo al volver a casa, cerca de las nueve y media, descubre con espanto que Antonio, una vez más, se ha saltado la orden de alejamiento.

cmlueUn mismo mensaje, infinitas interpretaciones
Este espeluznante relato es un ejemplo de cómo un mismo mensaje puede ser interpretado de múltiples formas, casi de tantas como receptores haya, y los motivos para que se den también pueden ser variados. En este caso ha fallado el referente, uno de los elementos de los que se compone la comunicación humana.
Para que exista comunicación necesitamos un emisor, quien envía el mensaje; un receptor, quien lo recibe e interpreta; un canal, medio por el que ese mensaje se transmite; y un código, que es el lenguaje que se utiliza en cada caso. Además, tenemos el referente que es el ámbito de la realidad sobre el que estamos refiriéndonos en el mensaje, el contexto en el que se realiza la comunicación.
Existirán diferentes interpretaciones de un mismo mensaje si hay distintos canales o un canal distorsionado, si el código no es adecuado o alguno de los receptores no lo domina o si, como veremos algunos ejemplos, el referente de la situación es diferente para distintos receptores. También veremos ejemplos de comunicación no eficaz cuando emisor y receptor no consiguen entenderse porque falla alguno de los elementos de los que se compone la comunicación.
El emisor del mensaje «Felicidades: 23-09-93. Te quiero» tiene la intención de sorprender a una persona muy querida. El primer receptor, una vecina ajena a las circunstancias de la pareja, interpreta el texto escrito en el suelo como una declaración de amor, tal cual el emisor ha parecido que quería hacerlo.
Sin embargo, cuando aparece la exmujer del emisor, completa la información con un referente, un contexto en el que el exmarido, y autor del mensaje, tiene una orden judicial de alejamiento del domicilio familiar. Con este referente, que complementa el mensaje, podemos entender la pintada en el suelo como la declaración de amor que el hombre que no se puede acercar a su mujer le hace, bastante cerca de la interpretación de la vecina; o como una amenaza, como intuye la exmujer, a quien va dirigido el texto callejero y en el que ella, además, leería de forma velada «puedo saltarme la orden de alejamiento cuando me dé la gana».
Careciendo de un referente común, cada transeúnte que pasara por esa calle podría interpretar la pintada de una y mil formas. Así, un anciano que fuera a la compra podría recordar el día de su boda; una adolescente soñaría con la idea de que ese mensaje fuera dedicado a ella; o un niño de 9 años podría tomar el texto como una rayuela en la que saltaría de «e» en «e», pasando por los «3» y volviendo de nuevo a las «e» sin pisar ninguna otra letra.
De hecho, la mayoría de los chistes o los textos publicitarios utilizan la confusión con respecto al referente para mostrar esa sorpresa tan característica de los textos creativos y humorísticos.
«Un famoso rico pasea con su hijo por su hacienda ganadera. El hijo le pregunta al padre:
— Papá, papá, ¿todo lo que veo alrededor es ganado?
— ¡No hijo, la mayoría es robado!».
Evidentemente no es un gran chiste pero es un buen ejemplo de cómo se suele utilizar la confusión en el referente para lograr la risa o el efecto sorprendente en un texto creativo, un chiste o un eslogan. Como se nos alude a una «hacienda ganadera», pensamos en ese referente, ese contexto concreto. Así cuando se utiliza el término «ganado», lo desciframos en ese ámbito y lo definimos mentalmente como el sustantivo que se refiere al «conjunto de bestias que se apacientan y andan juntas». Es después, con la respuesta «¡No hijo, la mayoría es robado!», cuando buscamos otro referente que nos ayude a encontrar otra explicación, esta vez ubicada en el ámbito de los negocios y, automáticamente, cambiamos la definición anterior de ganado por el adjetivo «dicho de una cosa: que se gana». De forma que comprendemos el chiste y nos hace más o menos gracia, dependiendo de nuestro particular sentido del humor. Y todo este cambio de referente se hace de forma automática y en un tiempo muy reducido (aunque siempre hay quien, como yo, le cuesta “cogerlos”) y no es más inteligente quien “pilla” antes los chistes, sino que tiene más facilidad para ver o buscar otros puntos de vista, con una especial habilidad para desembarazarse de un primer referente. Es como un músculo, que se puede entrenar y que algunas profesiones como monologuistas o publicistas lo tienen más desarrollado.

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