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“Miles de muchachos”, cuando València fue punk

Generación 77. Foto: Pepe Ortiz.

¿Existió alguna vez el punk en València?

Así titula Eduardo Guillot el prólogo de su libro Miles de muchachos, una crónica oral del punk valenciano. Es una pregunta retórica, claro está, porque la respuesta, además de en ese mismo prefacio, se encuentra en las páginas siguientes.

Sí, existió.

A lo largo de las casi doscientas páginas del volumen, se suceden los testimonios de los protagonistas de aquel periodo. Miembros de grupos como La Morgue, Interterror, Generación 77, Seguridad Social, Cómplices, Éxtasis o La Resistencia, junto a responsables de los dos sellos más significativos, Citra y Ediciones Milagrosas, desgranan y comparten sus recuerdos. Canciones, peleas, alcohol, drogas, calle, ingenuidad y muchas ganas de divertirse. No fueron miles de muchachos ni falta que les hizo.

Guillot, actualmente Director Artístico de la Mostra de València, Cinema del Mediterrani, y durante muchos años periodista cultural, vivió de primera mano lo que ahora cuenta. Su primera intención fue convertir la historia del punk valenciano en un documental. Pero tuvo que abandonarlo por una cuestión presupuestaria y reconvertirla en la historia oral que ahora se presenta cuidadosamente editada por el Institut Valencià de Cultura.

¿Crees que tiene algo de paradoja o, por el contrario de normalidad, que el libro que cuenta la historia musical de unos muchachos que se sentían fuera del sistema haya sido editado por la administración pública?

Me parece lógico y normal. Cuando le presenté el proyecto a Jorge García, del por entonces Institut Valencià de la Música, me dijo que era obligación de las instituciones ocuparse también de las músicas populares urbanas. Y tenía razón. Posteriormente, tras la reconversión a Institut Valencià de Cultura, Marga Landete asumió la idea con idéntico parecer. Para mí no tenía sentido de otro modo, ya que se trata de un libro de alcance local y no hubiera sido fácil encontrar una editorial de ámbito estatal interesada en una escena tan específica. El libro propone una aproximación historiográfica que no solo puede, sino que debe tener cabida en las instituciones culturales. En 2002, la Filmoteca Nacional Británica organizó un ciclo de películas punk y tampoco nadie lo consideró paradójico, porque se trataba de echar la vista atrás y revisar unos hechos históricos. Otra cosa es que se puedan cuestionar decisiones tomadas entonces, como que Éxtasis se apuntaran a participar en Les Mogudes de la Dipu o Cómplices escribieran una canción contra el mismo concurso porque no llegaron a la fase final. Eso sí me parece paradójico.

En el prólogo del libro avisas de que se trata de “una crónica oral, no una historia crítica, por lo que se prescinde de opiniones periodísticas que ofrezcan valoraciones de carácter retrospectivo”. Pero teniendo en cuenta que fuiste testigo privilegiado de aquellos años y que durante muchos años ejerciste el periodismo cultural, ¿qué valoración crítica harías del punk valenciano en aquellos años?

Creo que hay material musical que vale la pena y merece un reconocimiento historiográfico que hasta ahora no había tenido. Uno de los principales objetivos del libro es, precisamente, reivindicar un puñado de canciones que no obtuvieron la repercusión que merecían y han permanecido en el olvido. Por eso los protagonistas de Miles de muchachos son los músicos. Hubiera resultado igualmente apasionante aproximarse a esas bandas desde una perspectiva crítica, pero tengo la sensación de que el libro ofrece suficientes herramientas como para que el lector pueda construir esa mirada por sí mismo a partir de la información que ofrecen los protagonistas de los hechos. No hay más que atar cabos.

Llama la atención, y más si cabe hoy en día en que las redes sociales amplifican y exageran cualquier noticia relacionado con un grupo musical, la modestia (y la ausencia de mitificación) de la mayoría de los entrevistados a la hora de recordar aquellos años. Y no solo en cuanto a aspectos musicales, sino en su relación con la policía (“Cuando te pedían el DNI tenías que estar calladito”) o las peleas en las que se metían (“Nosotros no éramos tan duros por mucho que nos empeñáramos en parecerlo”).

Es cierto. Quizá el motivo es que es la primera vez que se hace algo así en València y todos los testimonios valen tanto por lo que dicen como por lo que callan. Todo el mundo se conoce y en ocasiones parece que nadie quiera quedar mal. Gente que también vivió aquellos años me ha comentado que todos están muy modosos en sus declaraciones, pero mi trabajo era ceñirme a ellas. En todo caso, creo que ellos son conscientes de que tampoco hicieron ninguna revolución y que colgarse medallas sería absurdo y desproporcionado. Si dejamos de lado el componente musical, el libro es un compendio de episodios protagonizados por unos adolescentes insatisfechos y con cierto espíritu rebelde, pero también bastante ingenuos. No eran ni delincuentes ni activistas políticos.

Éxtasis.

¿En qué medida que la historia del punk en València haya estado oculta tiene que ver con que algunos grupos no dejaran material grabado?

Es un factor fundamental. Las grabaciones son el legado de cualquier banda. Nombres como Análisis de Orina o Killers suenan míticos, pero nadie es capaz de decir si lo que hicieron valió la pena porque, sencillamente, no podemos escucharlo. Tenía muy claro que iba a ceñirme a la música, no a las leyendas urbanas ni al porcentaje de actitud que demostrara cada uno, porque eso no es cuantificable. De todos modos, si esas grabaciones se hubieran producido, habría que ver hasta dónde podían haber llegado. Con las infraestructuras que había en València, no sé si hubieran logrado repercusión nacional.

David Dúplex es uno de los protagonistas del libro que despierta más interés. Puede que por haber fallecido, porque sus declaraciones pertenecen a aquellos años y por lo tanto no están hechas con la perspectiva que da el paso del tiempo o porque realmente era una persona con un talento y brillo especial. De hecho, no hay nada más punk en el libro (más allá de las ansias de epatar que tuviera al hacerlo) que unas declaraciones suyas de 1980 en las que reivindica a Els Pavesos y dice que los demás grupos de València son una mierda. ¿Qué recuerdos tienes de él y que papel crees que desempeñó en esta historia?

Coincidí poco con él, y creo que su adscripción punk se circunscribe a los primeros balbuceos de La Morgue, que muy pronto se convertiría en un grupo pop, alejado de la estética y el sonido que definían el punk anglosajón y más interesado por la música melódica de los sesenta. David Dúplex entendió que el punk tenía un importante componente de provocación y la ponía en práctica siempre que tenía ocasión, ya fuera sobre un escenario o ante la grabadora de un periodista.

Los accionistas del sello Ediciones Milagrosa, según Juan Carlos de Manuel, “fueron la flor y nata de la burguesía valenciana”. Alfonso Olcina, de Citra, el otro sello significativo del periodo, tiene un perfil como más empresarial. ¿Faltó en el punk valenciano que surgieran sellos desde dentro?

Imagino que ese dentro se refiere a que partiera de los propios grupos, porque sellos sí los hubo, pero pecaron de la inexperiencia propia de aquellos años, a la que cabe sumar las dificultades de operar desde la periferia y una serie de circunstancias que tampoco contribuyeron a consolidar la escena: masters no editados, fábricas en huelga, discusiones en plena grabación, punks grabando con baterías electrónicas,… En muchos casos, da la sensación de que siempre se tomaba la decisión equivocada.

Interterror actuando en directo en la sala NCC.

Berna Sánchez (N.E.S.): “Era, más que nada, provocación: igual llevabas una esvástica que una camiseta anarquista. No sabías lo que significaba ni una cosa ni la otra”. ¿Fue el punk en València apolítico?

A las declaraciones del libro me remito. No solo la que señalas, sino algunas otras. A raíz de la salida de Miles de muchachos, ha habido algunas voces que argumentan un mayor compromiso político del punk valenciano, pero entre los músicos nunca fue la tónica general. Había personas asociadas a la escena que mostraron una mayor ideologización mediante la realización de programas de radio en emisoras libres, y algunas bandas participaron con frecuencia en conciertos solidarios o por la insumisión, pero no había una ideología articulada más allá de cierto interés por las ideas ácratas. De hecho, hubo también un sector claramente seducido por posturas ultraderechistas. En ambos casos, creo que no había bases muy sólidas, como se dice en el texto en varias ocasiones. De nuevo, estamos hablando de gente muy joven y aún en formación. Y el contexto no era el mismo de Euskadi, donde era impensable montar una banda punk y no plantearse confrontar los hechos del entorno más cercano. Aquí había letras sobre campos de concentración nazis, la película La Naranja Mecánica o el IRA, realidades muy alejadas de las calles de València. Y los que podían meter más el dedo en la llaga no abordaban tanto cuestiones sociales como individuales.

Cómplices pierden su nombre por no registrarlo, Interterror acaban por una frase de una canción, Ediciones Milagrosa se hunde por una huelga, Éxtasis extravían el master de su segundo disco. ¿Le faltó suerte al punk valenciano?

Le faltó algo de suerte, eso es indudable, pero como decía antes, parece que todo lo que podía salir mal, salió mal. Es una historia de oportunidades perdidas.

El barrio de Campanar aparece como el centro neurálgico de la escena, ¿cómo era entonces?

Tanto Campanar como El Carmen eran muy distintos por entonces. La ciudad estaba empezando a desperezarse, pero el centro histórico aún se caía a pedazos y en Campanar todavía había mucha huerta. Los locales de ensayo donde se fraguó gran parte de la escena eran baratos y estaban aislados, por lo que no creaban molestias sonoras, dos razones de peso para que se convirtieran en lugar frecuentado por las bandas jóvenes.

Elektrodomesstiks eran de Xátiva, Éxtasis de Tavernes de la Valldigna,… ¿fue el punk un movimiento centralizado en la ciudad de València o tuvo su importancia también en los pueblos?

El punk arraigó con mayor fuerza en los núcleos urbanos, aunque raro era el pueblo donde no apareció algún chaval que había oído hablar de Sex Pistols y se puso una chupa de cuero y unas botas militares. Pero si desde la capital era difícil salir adelante, desde las poblaciones limítrofes aún resultaba más complicado.

¿Tuvo alguna presencia el valenciano?

El movimiento no fue especialmente reivindicativo con la lengua, y todos se expresaban en castellano hasta que, a finales de los ochenta, aparecieron Kartutx, procedentes de Bocairent y Banyeres. Diría que se identificaba el valenciano con la tradición de los cantautores y que los jóvenes punk buscaban distanciarse de ellos. Curiosamente, algunos de ellos han acabado descubriendo sus raíces identitarias y, desde nuevos proyectos musicales o en su vida cotidiana, han terminado expresándose en valenciano.

Las Terribles. Foto: Pepe Ortiz.

La presencia de las mujeres resulta muy puntual en el libro y por tanto en la escena punk que se describe, ¿qué protagonismo tuvieron en aquellos años?

A nivel musical, muy escaso. En el libro aparece Patricia Greene, la corista de La Morgue, y Las Terribles, el grupo liderado por las hermanas Blázquez, por el que pasaron prácticamente todos los músicos de la época, pero que muy pocos tomaron en serio. Creo que llevamos demasiados años atribuyendo al punk el momento de máxima liberación de la mujer en la historia del rock y deberíamos revisar la historiografía para poner las cosas en su sitio. Sí, con el punk la mujer deja de ser únicamente vocalista y pasa a empuñar diversos instrumentos, reclamar protagonismo, componer y liderar muchas bandas, sobre todo en el ámbito anglosajón. Pero los que mandan, los managers, los propietarios de los medios, los dueños de las sala, los ejecutivos discográficos y los productores siguen siendo mayoritariamente hombres. Incluso dentro de la propia escena las relaciones distaban de ser igualitarias. No hay más que leer Ropa, música, chicos, la autobiografía de Viv Albertine (The Slits), o Lonely Boy, la de Steve Jones (Sex Pistols). Y las cosas no mejoraron en años posteriores, como explica el documental Salad Days: A Decade of Punk in Washington, DC (1980-90), dirigido por Scott Crawford en 2014. Así que convendría poner en cuarentena ese falso mito del punk como panacea de la liberación femenina. Obviamente, en València las cosas no fueron diferentes. La supuesta reivindicación feminista de Las Terribles quizá sea destacable por el momento en que se produjo, pero también resulta poco articulada, tremendamente naíf y muy contradictoria, teniendo en cuenta sus circunstancias personales.

Dice Xavier García Boix, el Enano Infiltrado (Interterror, La Resistencia), que “en muchos sentidos, fue un ambiente mucho más libre y creativo que el que vivimos hoy en día”. ¿Estás de acuerdo?

Es una frase peligrosa, porque se puede interpretar desde la nostalgia. Es evidente que, para cada uno, la época de su adolescencia fue la más libre de su vida. No obstante, me he encontrado con gente joven que ha leído Miles de muchachos y se sorprende mucho de que en la València de los ochenta pasaran las cosas que se cuentan en el libro. La libertad no debería depender de los límites que le pongan las leyes, sino de cada individuo, y en ese sentido es posible que fuera un ambiente más libre porque la gente hacía las cosas sin pensar en las consecuencias.

¿Crees que los grupos valencianos actuales conocen el legado (escaso, sí, pero con algunas canciones magníficas) que dejaron estas bandas punk?

Lo dudo mucho. He notado bastante interés en el libro por parte de algunos músicos actuales, pero en general existe un gran desconocimiento de lo que sucedió, por eso creo que valía la pena contarlo. Cuando empiezas a tocar, siempre prefieres buscar referentes internacionales, y entiendo que la gente se mire en Black Flag, Ramones o Fugazi antes que ponerse a rebuscar en el legado oculto de los músicos de su ciudad. Quizá, gracias a la repercusión que tuvieron, en Euskadi hubo grupos que querían ser Eskorbuto o Kortatu, pero aquí Interterror o Generación 77, por citar un par de ellos, jamás tuvieron tanta repercusión popular. Los únicos que lograron trascender la condición de banda de culto fueron Seguridad Social, y lo hicieron ya practicando un sonido que no tenía nada que ver con el de sus inicios punk.

Seguridad Social. Foto: Pepe Ortiz.

Publicado el libro, ¿en qué ha beneficiado y en qué ha perjudicado que finalmente la historia del punk en València se haya contado es este formato y no en un documental?

Más que beneficiar o perjudicar, han sido dos proyectos distintos. El documental se centraba en menos bandas (Interterror, La Resistencia, Generación 77, NES y Seguridad Social) y no estaba concebido con fines historiográficos, sino que más bien era el vehículo a través del cual me interesaba contar una historia de oportunidades perdidas. Al cancelarse el proyecto y reconvertirse en una historia oral, decidí añadir al resto de bandas de la escena (Cómplices, La Morgue, Sade, Las Terribles, …) y, esta vez sí, poner en primer término el enfoque histórico, a la manera de Por favor, mátame, el clásico de Legs McNeil y Gillian McCain sobre el punk neoyorquino.

¿Qué otras historias orales relacionadas con València y la cultura crees que están pendientes de ser contadas?

El formato da mucho juego, creo que se puede aplicar a cualquier ámbito. De hecho, Legs McNeil usó la misma fórmula en El otro Hollywood, donde contaba la historia del cine porno estadounidense. A nivel local, creo que la escena coetánea al punk y protagonizada por Extrema Cordialidad Homicida, Paracuellos Bar, Crenom, Carmina Burana o Amor Sucio merece un reconocimiento que tampoco ha tenido todavía. También sería muy interesante remontarse a los años sesenta y los setenta. O revisitar la eclosión hardcore de los noventa y los años de esplendor del Kasal Popular de la Calle Flora. València está llena de historias ocultas, que han caído en el olvido porque en su momento no lograron repercusión y después nadie se ha molestado en rescatarlas. Y no solo en el terreno de la música.

Así sonaban los grupos de Miles de muchachos

La Morgue

Interterror

Sade

Punk City!

Éxtasis

Cómplices

Regimiento Spansuls

Las Terribles

Noviembre Rojo

Las Nauseabundas Criaturas del Barranco

Generación 77

N.E.S.

Seguridad Social

La Resistencia