Letras

Mr. Perfumme, escribiendo sin el freno de mano puesto

Foto: Eva M. Rosúa.

Aún no ha comenzado el primero de los relatos del libro Saber matar (Che Books, 2018) y Mr. Perfumme, su autor, ya ha golpeado dos veces al lector, como si fuera un ventrílocuo chiflado que habla en nombre de Éric Cantona y Rodrigo Rato. Ya no habrá freno. Tortugas Ninja, las cartas al director de una revista sobre pesca, teorías conspirativas sobre Miguel Ríos, superrobots,… Las historias delirantes  avanzarán como un bólido que ha roto su velocímetro y vuela por una carretera cuesta abajo. Pero, ojo, delirio muy bien escrito y premeditado.

Entre la publicación de Saber matar y Una pequeña llama en mitad de un terrible incendio (Che Books, 2017) no ha pasado ni año y medio, sales a libro por año. ¿Eres muy prolífico escribiendo, tenías mucho material acumulado,…?

Pues, a ver, por un lado, es verdad que durante los dos últimos años, aproximadamente, he ido cada vez dedicando más tiempo a escribir, intento escribir siempre que tengo tiempo, aunque no siempre pueda. Por otro, también soy cada vez más consciente de lo que hago, sé más, y eso hace que no pierda luego tanto tiempo corrigiendo. Corregir la Llama fue casi tanto tiempo como escribirla. Pero vamos, sí, siempre he sido prolífico en cuanto a que siempre estoy haciendo cosas, me agobio si no tengo algo entre manos, o muchas cosas.

Una de las cosas más interesantes del libro (y que es casi una marca personal tuya) es que a pesar de que tu estilo de escritura debe mucho a la narrativa norteamericana, lo utilizas para contar y citar referentes, localidades, personajes y realidades españoles e, incluso, locales (la Virgen de los Desamparados, Pablo Und Destruktion, Rodrigo Rato, la mascota Curro,…). Esa “adaptación” de alguna manera da sentido a tu opción literaria, alejándola de la impostura o el postureo. ¿Hay algo de intención en ello? ¿Te cuesta mucho elegir esos elementos que lo permiten para que no chirrien en el conjunto?

Sí, claro que hay intención. A mí, como escritor y como lector, me gustan las cosas que me sorprenden, un poco locas, los mejunjes, vamos. Y en mis libros eso a veces se produce mediante la unión de elementos aparentemente inmezclables o chocantes, como puede ser el uso de referencias o personajes muy locales en mitad de contextos o lenguajes en apariencia muy alejados de ellas. Esto también ocurre con estos personajes, sobre todo con los que son reales, como los que citas. En el libro hay una trama manga o ánime, otra pulp, otra que es casi un western, todas las tramas excepto la de Laura tal vez, beben de géneros muy concretos y reconocibles y que no solemos relacionar con referentes de aquí, así que resulta divertido jugar con eso e introducir disrupciones. Normalmente en mis novelas intento hacer algo que es dejar claro desde el principio que las premisas de la lógica son un poco más flexibles aquí. Por eso pueden suceder cosas que son, como mínimo, improbables, y no pasa nada. Y estos juegos entran dentro de esa dinámica.

Es un libro (como ya se puede intuir por el título) en el que la violencia está muy presente, de muchas maneras. ¿Qué te atrae literariamente de (citándote textualmente) esta ensalada de tragedias?

Para mí, este libro trata de la violencia y de cómo la percibimos. De cómo la percibo yo. A mí la violencia me da muchísimo miedo, y por tanto me interesa. En el libro hay una violencia que es muy exagerada, muy ficcional, y que está tan atada a elementos ficcionales que reconocemos, que sabemos que no es real. Y luego hay otra violencia, que es tratada de una manera más realista, y que es más cruda. Y conviven en el mismo universo. Y el libro juega a diluir los límites entre una y otra.

También el humor es importante en el libro. Pero da la sensación que en esta ocasión no es un fin, sino un medio para dejar en el lector una sensación agridulce, que lo utilizas porque permite pillarle desprevenido e introducirle en una situación que acaba teniendo poca (o ninguna ) gracia.

Para mí el humor es importantísimo. Yo vivo la vida desde el humor. Está en mi día a día, todo el rato. Así que tampoco sabría escribir sin él. Pero es verdad que además en mis libros, en este en el que más, funciona también con un objetivo disruptivo, porque la gente se ríe mucho con el libro, pero es un libro muy duro, y la sensación de no saber si te deberías estar riéndote de algo siempre es un poco perturbadora, y eso es interesante. Es muy interesante el vídeo que se hizo viral el año pasado de un sketch de Martes y Trece en el que hacían un chiste sobre la violencia de género y por el que se han disculpado un montón de veces. Ojo, eso nos hacía gracia hace quince años. Porque éramos capaces de hacer abstracción de él, no era el mundo real. Ahora no podemos hacer eso y lo vemos y nos horrorizamos. Y alucinamos de cómo nos podíamos reír de algo así, pero ha pasado muy poco tiempo. El humor es algo muy complejo.

Esa manera de sorprender al lector es algo muy habitual en Saber Matar. Le obliga a estar pendiente de la lectura porque cualquier cosa puede ocurrir y no se sabe cuándo ni cómo sucederá.

A mí como lector me gusta mucho esa sensación de no saber qué va a pasar y, sobretodo, de que puede pasar cualquier cosa, que el escritor está loco, de cierto descontrol, por eso cuando oigo a gente del mundillo hablando del respeto al lector y cosas así siempre me sorprende mucho, yo no quiero que me respeten, a mí me gusta que jueguen conmigo, que me sorprendan. Y yo hago lo mismo con mis lectores. Vamos a jugar, te puedes bajar cuando quieras, pero aquí vamos a descontrolarnos un poco.

Saber Matar, desde el punto de vista narrativo, es un torrente avasallador, pasan muchas cosas, a mucha velocidad, con muchos personajes, con diálogos eléctricos. ¿Cómo es tu proceso de escritura? ¿Escribes cada historia independientemente y luego mezclas sus capítulos? ¿Cómo empiezas cada narración nueva, surge de una idea, de una imagen, tomas notas,…? ¿Cómo decides que una historia tenga un formato (dialogada, narrada, epistolar,…) u otro?

El libro busca no dar respiro, de hecho hay un capítulo en concreto en el que dos personajes están muy drogados y que es loquísimo en el que busqué llegar al límite de saturación del lector. Cuando parece que no vayas a poder más intento ir un poco más lejos. Pero también procura dar pequeñas treguas. Cuando empecé a pensar este libro yo tenía una idea un poco general que tenía que ver sobre todo con el final y con el tratamiento de la violencia, pero la mayoría de las cosas las voy generando por el camino. Está escrito casi todo en el mismo orden que lo lees, porque soy bastante obsesivo con qué va detrás de cada cosa, y le doy muchas vueltas en función del tipo de género de cada capítulo, o del tono. Siempre hay una idea de jugar con muchas cosas, por ejemplo, estoy hablando de peña que pilota súper robots, ¿qué pasa si cuento parte de su aventura como si lo escribiera Cormac McCarthy? Busco esa mezcla de elementos entre el contenido y el continente para generar resultados improbables. Las ideas vienen de todos sitios, toda la trama de artes marciales se me ocurrió porque unos días que Pablo y yo teníamos unos conciertos juntos y él se quedaba en mi casa, me levanté por la mañana y lo vi realmente practicando sambo. No entendía nada.

Mr. Perfumme. Foto. María Bastarós.

A pesar de que tu prosa puede dar la impresión de que te deja exhausto cuando terminas de escribir, hay dos aspectos en los que pareces que disfrutas mucho. Uno es con los diálogos. Muy ágiles, con mucho ritmo. ¿Lo pasas bien escribiéndolos?

Muchas gracias. Sí, disfruto mucho con los diálogos, son una manera de describir a los personajes que para mi es muy orgánica, me gusta hacerlos largos, de hecho, normalmente yo apenas doy descripciones de los personajes, así que muchas veces los conoces por cómo hablan.

¿Los lees en voz alta antes de darles el ok definitivo?

Sí, los leo mucho en voz alta.

¿Y por qué no haces más uso de ellos?

No me he parado a pensar si los utilizo mucho o poco, la verdad, simplemente a veces me parecen la mejor herramienta para contar lo que quiero en ese momento, y a veces pienso que otra me servirá mejor.

El otro aspecto son las autorreferencias o menciones entre algunas de las historias, o como incluso algunas acaban confluyendo. ¿Qué te aportan desde el punto de vista creativo? ¿Y al libro?

Las autoreferencias son una parte del juego, en el libro aparecemos mi mujer y yo, en una trama que es casi un western, pero que va sobre la disfunción eréctil. Es muy gracioso porque nadie se atreve a preguntarme si es verdad. Utilizar personajes reales como los que hablábamos antes para contar cosas que es poco probables que hayan hecho o que simplemente no pueden ocurrir en el mundo real es una manera de cargarse desde el principio las leyes de la lógica, incluida la lógica interna de la novela. En Saber Matar, Curro aparece como personaje en un relato que escribe uno de los personajes, pero también aparece en el supuesto mundo real del libro, así que no hay división entre uno y otro. Y, efectivamente, hay incluso referencias entre los distintos libros, aunque creo que son difíciles de ver. Para mí, todos mis libros ocurren en el mismo universo, aunque sus historias sean contradictorias o imposibles.

¿Qué papel juegan las ilustraciones o mini-cómics que se incluyen en Saber matar?

Bueno, hay algunos dibujos que son simplemente ilustraciones que acompañan al texto, un extra, porque me gusta hacerlas, pero las partes en cómic son parte de la trama, contienen información importante. Por otro lado, al dibujarlas con distintos estilos, puedo hacer los mismo que hago en el texto cambiando el género de los capítulos pero mediante el dibujo. No lees la misma historia si juega con un dibujo más underground o más cercano al cómic japonés.

¿No temes que por firmar con seudónimo (y por tanto de alguna manera representar un personaje), Mr. Perfumme acabe comiéndose al David Pascual escritor? ¿O, que, incluso, por todo el universo, loco y dicharachero, que rodea a Mr. Perfumme no se valore como merece tu escritura?

La verdad es que, sinceramente, no, no es algo a lo que de muchas vueltas. Al final yo lo que hago son libros, espero que le gusten mucho a la gente y creo que tampoco puedo hacer mucho más. Siempre habrá gente que se quede más en la superficie o que escarbe más, o simplemente que conecte más con tu trabajo.

¿En qué medida tus otras facetas artísticas (música, poesía) han influido o se ven reflejadas en Saber matar?

A ver, yo tengo una formación muy rara, porque estudié Bellas Artes (yo lo que quería de pequeño era dibujar cómics, y cuando llegué a la facultad dejé de dibujar y me puse a probar asignaturas muy variadas y sin especializarme en nada, un poco de vídeo, un poco de performance…), al mismo tiempo tocaba música que era lo que más hacía en esa época, y poco a poco he ido cada vez dedicando más tiempo a escribir que es, hoy por hoy, a lo que dedico más tiempo con mucha diferencia. Este caos de disciplinas, para mí es fundamental en mi manera de trabajar, porque te da amplitud de miras y desperjuicio. Creo que mi manera de escribir le debe mucho a eso, y mi manera de ver la vida también.