Conversaciones Música

El grupo que driblaba a los prejuicios

Quicio 01

Después de un tiempo inactivos, Quicio han vuelto a hacer lo que mejor sabían; componer canciones y tocar en directo. Ellos mismos (en su facebook) se definen (con mucha sorna) como “música de esclavos golpeando los arpegios con que los Señores Anunnaki los ataron”. El concierto con el que despediremos los Aperitiver del mes de octubre será una estupenda oportunidad de descubrir otra cara del grupo, dado que están adaptando su repertorio al formato no eléctrico.

¿En qué momento se encuentran Quicio?
Finales de los noventa. Amigos, ex compañeros de otros grupos, amigos de amigos… Unos se caen, otros siguen… Una historia común. En ambos sentidos. Ordinaria y compartida.

¿Cuál fue el motivo para que retomarais el grupo más de 10 años después?
Quicio acabó, como muchos grupos, antes de lo que tenía que haber acabado. Quizá nuestras expectativas eran exageradas con respecto a nuestro (o nuestra falta de) talento pero, cuando el año pasado montamos el Bandcamp y nos pusimos en contacto, fue sorprendente constatar que Quicio seguía siendo muy especial para todos. Normalmente siempre hay alguien que ha estado en un grupo mejor o que aquello lo ve como una chiquillada. En nuestro caso persistía en cada uno de nosotros la idea de que teníamos buenas canciones, que la mayoría seguían vivas y que teníamos que haber llegado a más gente. Además, queríamos grabar un par de canciones de las que sólo teníamos registros cacofónicos de directos. Empezamos a tocar, hacer canciones nuevas, grabarlas… Aquí estamos!

¿En qué ha cambiado Quicio, musicalmente, en todos estos años?
Todos hemos seguido vinculados a la música todos estos años. Tocando en otros grupos, orquestas, bandas…, componiendo música para espectáculos de danza, cine, publicidad… Cada uno ha aprendido cosas que en esta nueva etapa resultan útiles, la verdad, pero esos cambios son pura cosmética, en realidad. Hay una parte, la más importante, que es idéntica. Es decir, si al decir “música” nos referimos a un conjunto de normas cuyo cumplimiento a la hora de hacer y unir sonidos ayudan a hacer el resultado más agradable al oído humano, conocemos ahora más de esas normas, efectivamente. Pero una idea de música que incluyese una determinada actitud frente a un año cero, una tábula rasa, un lienzo en blanco o la peor y más hortera alegoría que se te ocurra para caracterizar el momento en que no hay nada, justo antes de empezar una nueva canción; una música que entiende cada canción como un universo con sus propias normas… En eso estamos y seguimos. Sin renunciar, por supuesto, a agujeros de gusano.

En vuestro facebook os definís como “música de esclavos golpeando los arpegios con que los Señores Anunnaki los ataron”. ¿Algo más que añadir?
Jajaja. ¡Imposible! En realidad, más que seguidores de este tipo de asuntos, somos auténticos fans de su impacto cultural. Iker y Carmen nos caen muy bien. Hay algo en ellos que roza el esperpento, lo ridículo, el timo… Y a la vez es muy auténtico.

Vuestra música principalmente es de raíz rock, con algún apunte pop e, incluso, algo funk. Pero, en muchas de las canciones hay como un deje sureño que os emparenta con grupos de los 70 como Triana. ¿Es descabellada la comparación?
No conocemos a nadie con menos prejuicios musicales que nosotros. Los tenemos, pero muy pocos. Todo nos puede gustar. Cualquier comparación no es descabellada. Incluidas otras menos generosas que la tuya. Muchas gracias. Triana son la repolla! Es la segunda vez que nos lo dicen este mes y jamás lo habíamos visto así.

Estáis adaptando vuestro repertorio al formato acústico, ¿cómo está resultando la experiencia?
Por un lado, al bajar el volumen y eliminar el ruido te encuentras con que puedes entonar, jugar con las dinámicas, empastar… Pero has de saber hacerlo. Eso es lo malo. Estás más expuesto. Además, puede que la descarga de adrenalina no sea la del eléctrico… Te lo diremos el sábado!

¿Hay alguna versión en vuestro repertorio?
Sí. Ya te decía lo de la falta de prejuicios… Sorpresa!

¿Qué cosas influyen (musicalmente y no) en Quicio a la hora de componer?
Quicio es una determinada mirada al día a día. La nuestra. Ese día a día es la base de todo. Todos vivimos 24 horas cada día y reparamos en unas cosas u otras por algo. Es una obsesión, una fijación… Cosas que no nos pasan desapercibidas. Y otras que sí, claro.

¿Cómo veis la escena musical en Valencia?
Depende del punto de vista. Puedes contratar buenos grupos baratos. Te pagan poco. Son dos puntos de vista (uno negativo, otro positivo) sobre lo mismo.
Valencia es exceso y fuego, y eso es excepcional para la música. Casi todo florece en Valencia. Unas cosas te gustan más que otras pero hay mucho y bueno.
En general, la disco móvil ha matado la música en directo. Y la falta de cultura, claro. Queremos oír la canción que conocemos tal cual la conocemos. Es una sensación flipante estar en un sitio y que, en el momento en que la necesitas, pongan tu canción favorita, tal cual la has cantado mil veces, en tu coche o en tu cabeza… A un volumen bestial, compartiéndola con un montón de gente… Poca gente aprecia la música en directo, su calidez y humanidad sin compresión, sus fallos. Es más difícil y más caro. Tienes que ser muy conocido para que la gente quiera verte en directo. Entonces, realmente, la mayoría te quieren ver a ti. Les sigue gustando más la música como sonaba en el disco o la maqueta. El concierto bueno parece que es aquel en que el grupo toca las canciones como en el disco. Lo irrepetible no está de moda. Queremos guardar y hacer copias de seguridad de lo mismo, mil veces, dos mil millones de veces… No creemos que sea un problema sólo de Valencia.