El gusto de la variedad

Júlia. Foto de Victoria Cortina

Júlia. Foto de Victoria Cortina

Cada persona es un mundo, pero poner puertas al campo tiene su punto absurdo. Oír discos de un sólo estilo es como comer siempre un menú similar. La música no sabe de límites y ahí está, posiblemente, su grandeza. En la variedad está el gusto y en estos tres álbumes también.

Júlia vienen de Alcoi y “Nuvolàstic” (Malatesta Records) es su primer disco. Un álbum que sorprende tanto cuando comienza a sonar, como al abrir el precioso digipack de cartón en el que va envuelto y del que cae una pequeña lluvia de confeti. Las canciones de Estela Tormo se mueven entre el folk agreste y las melodías oníricas, hilvanando atmósferas que parecen sólo existir en su imaginación y que crecen exponencialmente a medida que se escuchan. Podría pensarse que se trata de un disco intimista, pero no, todo lo contrario, contagia con su entusiasmo liberador y apunta hacia el baile sugerente e hipnótico. Una mina en la que descubrir gemas en cada viaje.

portadasSi no fuera porque es imposible, diríamos que Ramírez (también en Oh Libia!, Tórtel y Coleccionistas) tiene una máquina del tiempo y se pasea por las décadas pasadas con el atino de un cazamelodías y que al regresar les da forma con su particular talento. Su riqueza sonora ha explosionado en un magnífico disco de debut, “Book of youth” (Demian Records), en el que el pop, el folk, la psicodelia y todo lo factible de ser facturado artesanalmente y con gusto tiene cabida. No esconde su militancia pro-East River Pipe ni su querencia por los sonidos lofi, y no cuesta imaginarlo en una de esas escapadas, de las que hablábamos hace unas pocas líneas, compartiendo merienda con Syd Barret o The Magnetic Fields.

El quinto disco de Toni Cotolí, “Aromas de guitarra-Oda”, propone un paseo por algunos pasajes clásicos de Isaac Albéniz, Mauro Giuliani, Francisco Tárrega o Astor Piazzolla, pero con paradas en las magníficas composiciones del holandés Alfred Feenstra (su “Primera canción” está a la altura de cualquiera de los otros temas del álbum). Por suerte su virtuosismo con el instrumento de las seis cuerdas no se queda en un mero ejercicio académico e impregna de emoción y vida propia cada recreación, especialmente en su acercamiento visceral a “Asturias – Leyenda” o la delicadeza intimista de “Invierno Porteño”.

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