Música

El Valencia Beach Festival en 4 conciertos

Marc Jonson a punto de ver la luz. Foto: Eva M. Rosúa.
Marc Jonson a punto de salir de la oscuridad. Foto: Eva M. Rosúa.

La primera edición de un festival debería entenderse como una declaración de intenciones más allá de su cartel. Y en el Valencia Beach Festival todo apunta en el buen camino. Recuperan un espacio olvidado e infrautilizado como la Marina Real; apuestan por la comodidad propia de los certámenes urbanos; escogen calidad a cantidad y no hay que trasnochar para ver a los grupos más interesantes. Respecto a las bandas programadas, huyen de las propuestas clónicas de otros eventos y, en mayor o menor medida, equilibran la participación internacional, nacional y local.

Si hubiera que valorarlo en términos académicos, convendría decir que progresa adecuadamente. Aunque hay cosas que deberían corregir (la escasa dotación de urinarios; algunas deficiencias en el servicio y la oferta gastronómica, como por ejemplo no contemplar opción vegetariana; el rocambolesco horario de la última jornada; las interminables esperas entre grupos con prueba de sonido pública incluida; o el volumen bajo en el escenario) porque de haber habido mayor afluencia de público podrían haberse convertido en un serio problema. El aspecto musical se podría resumir en cuatro conciertos que, de alguna manera, representaron el espíritu y la filosofía del festival.

Buzzcocks

A la historia siempre hay que respetarla. Y Pete Shelley y Steve Diggle forman parte de ella por méritos propios. Buzzcocks ya no son aquellos jóvenes arrogantes que querían comerse el mundo con tres acordes a finales de los setenta. Pero el que tuvo, retuvo, y canciones y actitud no les faltan ni les fallan. Unos clásicos del punk cuyas melodías siguen despertando coros, puños en alto y adhesiones. Su set fue impecable con numerosas paradas en los hits más esperados. Shelley algo estático y Diggle totalmente entregado a la causa. Al final tendrá razón aquel viejo slogan de Font Vella.

Chucho

A su manera, y puede que más por el pasado de su líder, Chucho son unos clásicos de la escena independiente española. La habilidad de Fernando Alfaro para endulzar vocalmente los pensamientos y acciones inquietantes que pueblan su cabeza, se ha traducido en canciones imprescindibles. Con la maquinaría instrumental perfectamente engrasada y la ventaja de un frontman que elude, con elegancia, su protagonismo, el pleno está asegurado. Si, además, en el repertorio se combinan joyas como “Perruzo” o “Magic” con nuevas gemas como “Cosas hermosas” o “¡Viva Peret!”, solo queda coger aire y disfrutar.

Marc Jonson

Hubo un tiempo en que los festivales servían, también, para descubrir nuevos grupos o calibrar el directo de algunos otros que nunca habían pisado un escenario cercano. En el Valencia Beach Festival ese apartado lo cubrieron Crudo Pimento, pero sobre todo Marc Jonson. Con una banda de lujo local (Víctor Ramírez, Cayo Bellveser, Xavi Muñoz y Marcos Junquera, este último haciendo doblete ya que también tocó con Betunizer), el norteamericano plantó a cara un horario (domingo a las 12:30h) cuanto menos complicado. Y lo hizo con nota muy alta. Su folk salpicado de psicodelia se expande en directo de manera luminosa. Del Greenwich Village a Canterbury, coqueteando con el pop vocal o los aires cinematográficos de algunos pasajes. Por un momento, parecía que detenía el tiempo y nos aplacaba el calor con sus refrescantes canciones. El jueves, 30 de junio (20:00h, entrada gratuita, en Electropura), habrá una nueva oportunidad para verle en directo.

Álex Cooper

No se cumplen 30 años en la música todos los días y por eso hay que celebrarlo. Álex Cooper ha decidido hacerlo recuperando parte del material que grabó con Los Flechazos, incluso una composición de Ópera Prima, su primera banda. Un ejercicio de nostalgia con fecha de caducidad que recaló en Valencia gracias al Valencia Beach. Una fiesta en mayúsculas, llena de estribillos pegajosos, estrofas inolvidables y, sobre todo, una puesta en escena demoledora. Sin apenas descansar entre canción y canción, empalmando temas, con una sección de vientos que propulsaba el repertorio hasta ese infinito que marcaba el mar en el horizonte. The Jam hubieran estado orgullosos de ellos.