Los discos infinitos Música

Aquellas maravillosas melodías de Imprevisibles

Imprevisibles: Félix Espejo “Abuelo”, Mario Agüera, Toni Peiró y Jorge Silvestre. Foto: Manolo Noguera.

Manolo Rock bautizó la música de Imprevisibles como ‘hard pop juvenil’ y algo de razón tenía. Porque sus canciones eran melodías pop contagiosas con mucho nervio y exhalaban la insolencia propia de la juventud. Compusieron deliciosos himnos y dejaron para la posteridad dos discos editados, un single y el que fue su debut, un maxi titulado como su gran hit, Beberte. De él y del grupo nos habla el que fuera su cantante y guitarrista Mario Agüera.

Beberte, Imprevisibles (Pertegás, 1989)

Casi recién llegado de la mili, si no me equivoco en el verano del 88, vi un anuncio en el Trajín.
Un grupo buscaba guitarrista. Llamé y allá que me fui, en la calle Sagunto, 48 me esperaba
Toni Peiró, mi futuro cuñado (risas). Estuvimos hablando, me probaron y le gusté. Era una formación que no se correspondía con lo que luego fuimos. En mi cabeza había un montón de canciones e ideas y poco a poco fue cambiando al cosa. Me quedé como guitarra y cantante, el bajista se marchó y entró Jorge Silvestre, con el que empezaba a dibujarse algo más parecido a una banda. Jorge siempre aportó muchas ideas y buen gusto musical, y a la hora de rematar las canciones era pieza básica.

Ensayábamos, como he dicho antes, en la calle Sagunto, en un bajo que se lo habían currado todo ellos, empezamos a compartir local con Cómplices y conocimos a su bajista, Félix Espejo, que luego se convirtió en nuestro guitarra. Ahí nació y tomó forma realmente el grupo. Sin apenas repertorio nos presentamos al concurso del Alto Palancia y lo ganamos. Era julio de 1989 y con el premio grabamos el maxi Beberte en estudios Pertegás. Toni conocía al señor Manolo Rock y de su mano vino Don José Luis Macías Pintado (que no hace falta que os diga quién es) que se convirtió en nuestro productor. Para mí fue un lujo tenerlo ahí. Cuando eres novato y te metes en un estudio con alguien así, te das cuenta de lo poco que sabes. El disco quedó genial.

Después tocar en todos los garitos de Valencia y en algunos de Cuenca y Albacete, hicimos la presentación del disco en Gasolinera, en la calle Orihuela, con llenazo absoluto. Salió un conciertazo, esa sensación de hacerlo bien y de que la gente te responda. Te sientes dios cuando te piden otra, otra, otra, otra, … y no se cansan. Es algo que hay que vivirlo, es algo que te hace seguir soñando. Entramos a formar parte de la agencia Arimatea, de Manolo Rock, junto a Comité Cisne, Nes, Franky Franky, Los Cangrejos y Surfin’ Bichos. Seguiamos haciendo bolos,  fueron noches mágicas, fiestas interminables. Con nosotros siempre estaban el quinto Imprevisible, Larry Arribas, un tipo genial y algo loco y otro gran amigo, Julio Corbalán, más loco todavía (risas).

Toni y Jorge se dejaron sus trabajos respectivos y montaron el Pub Beberte, junto a Gasolinera, y eso ya fue la leche. El ensayo lo trasladamos al primer piso, teníamos de todo, era nuestra segunda casa. Bueno, en realidad, yo estaba allí más que en la mía. Fueron muchos conciertos y muchas noches sin dormir. Una época inolvidable y llena de vivencias. Teníamos grupis que nos seguían a todas partes.

Nos apuntamos al concurso del Circuit Rock. Las actuaciones se hacian desde la discoteca Dream’s Village en Pinedo, lo que luego fue The Face, y se emitían por Canal 9. Eso de salir por la tele molaba mucho. La semifinal fue en Garaje y nos salió un bolo espectacular. La final fue en Arena Auditorium, tocar allí era como cumplir un sueño aunque fuera en un concurso. El premio fue la grabación de un single en Madrid, en La Fábrica Magnética, Todo por nada, que incluía dos temas, el que daba título al disco y Lunes maldito. Seguimos rodando por garitos y viviendo el sueño, nos llamaron de algún programa de television como Grafiti, que lo presentaba Ramón Palomar, conocimos mucha gente maravillosa y fueron unos años dificiles de olvidar. Muchas juergas, muchas mujeres, muchos resacones (risas) y  al día siguiente a currar, pero contento.

Eso de que te reconozcan por la calle, o en algún sitio, y te digan: Oye, ¿tú eres el cantante de Imprevisibles, ¿no?; o  que te pidan autógrafos, te sube mucho la moral, aunque como en mi caso al dia siguiente trabajes de camarero.

Tras la disolucion de la banda, volvimos en 2008, ganando otro concurso y grabando otro maxi, Atrevete, en La Sala, también producido por Macías, que no se llegó a editar. Rodamos un poco por Valencia, pero ya no era lo mismo. Actualmente, Toni es mi cuñado y el resto de Imprevisibles hace su marcha, pero seguimos siendo grandes amigos. Yo continúo componiendo y tocando con Ángel García, gran amigo y guitarra, y hacemos acusticos de vez en cuando.