Los discos favoritos de Noa Babayof

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Foto: Yoav Picherski.

A Noa Babayof más que contarla hay que escucharla. Porque por mucho que se diga de su etérea e hipnotizante voz, del folk pausado y el halo espiritual y psicodélico que barnizan sus canciones, de su capacidad para convertir la tristeza en algo bello, de la calma que trasmiten sus composiciones, del lirismo acogedor de los imprescindibles arreglos,… siempre se tendrá la sensación de haberse quedado corto. Sus dos discos, “From a Window to a Wall” (Anova, 2007) y “Blue Bound” (Discos Monterey, 2016), se complementan con la misma imperfección que las dos caras de un mismo rostro proyectan ante un espejo. Para conocer mejor a un músico lo ideal es escuchar su trabajo e indagar en los discos que le marcaron. La israelí nos desvela aquellos que nunca se cansa de escuchar.

“Third / Sister Lovers” (Big Star, 1974-1978)

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Grabado en 1974 (pero lanzado en 1978), no hay nada como este disco. En él todo se desmorona, y quiero decir TODO. Es tan dolorosamente triste… Atrae a todas las personas perdidas, yo incluída. “Holocausto” es la canción más triste nunca escrita… Estando más que familiarizada con canciones melancólicas, a menudo, ni siquiera me atrevo a escucharla. Es devastadora, pero, a veces, simplemente debes dejar que te destroce. Siempre me he imaginado a Alex, Judy y todos los demás, entrando en un estudio oscuro, con todo desafinado, nada intacto, tocando instrumentos desmontados, elaborando los sonidos más descorazonadores – el único modo posible de atrapar los fantasmas y demonios personales de Chilton. Hay una canción en este disco que lo significa todo para mí, y la oigo sonar en cada encrucijada de mi vida: “Take Care”. Al escucharla, las cuerdas hacen girar mi corazón en un extraño baile de vida y muerte, y luego las letras… la destrozada entrega de Alex… va directa al corazón. Cuando Luis De Benito (Islas de Robinson, Radio 3) me pidió grabar una versión para la celebración de su programa 500, sabía que sería esta. Tras finalizar mi último disco, “Blue Bound”, sentía que estaría incompleto sin ella, así que nuestra versión de “Take Care” acabó cerrando el album.


“The Velvet Underground” (The Velvet Underground, 1969)

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Yo tenía 16 años, cuando él me puso los auriculares y pulsó play. Aquella voz celestial cantaba unas letras tristísimas, tan dulcemente, y lo único que pude hacer fue llorar. La canción era “Candy Says” y aún me resulta imposible escucharla tal cual, ya sea en un lugar público o, incluso, en una habitación con más personas. Para mí es sagrada. Tras escucharla me compré una caja completa de The Velvet Underground, sintiendo que ¡podía volver a respirar! Y que hay vida después de los Beatles. Suelo escuchar este disco fervorosamente. “After Hours” era yo. En realidad, todas las canciones lo eran. “Down for me, was up” (*)

(*) Inc. en “Pale Blue Eyes” (N.d.T)


“The Beatles Ballads” (The Beatles)

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Regreso a mi niñez, al momento en que mi padre entró en la habitación sosteniendo el vinilo de “The Beatles Ballads”, instándonos a mi hermana y a mí a escucharlo. No hace falta decirlo, este album cambió mi vida para siempre. Son mi hogar.


“When” (Vincent Gallo, 2001)

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Me ENCANTA este album. Una rara preciosidad, directa del 2001. Gallo está loco, y funciona muy bien musicalmente… Montar un estudio de grabación en casa durante dos años y medio sólo para grabar todo en tres semanas es… quizás lo que hace falta para hacer este tipo de álbum tan inspirador. Me derrito cada vez que oigo a Chet Baker cantar, y la voz de Gallo tiene un efecto parecido en mí. Y ese melotrón… por dios, ¿qué más necesita uno?


“A River Ain’t too Much too Love” / “Doctor Came at Dawn” / “Julius Caesar” (Smog, 2005, 1996 y 1993)

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Las 23h, en un autobús camino a casa. Escuchando una cinta que recopiló para mí, cuando esta larga y repetitivamente hipnótica canción me hace trizas. Una voz débil, sonidos estrepitosos, el universo entero derrumbándose en sus versos. “Todas tus cosas de mujer / todas tus frívolas cosas / repartidas por mi cuarto / justo donde las dejaste / cuando las dejaste / repartidas por mi cuarto / toda tu insensibilidad / toda tu dulzura / y tu clemencia…”. “El médico vino al amanecer”, y su nombre era Smog. Casi todos sus discos son increíbles, pero no dejéis pasar el espectacular “A River Ain’t Too Much To Love” (sobre todo “Rock Bottom Riser”) y el áspero “Julius Caesar” es una joya.


“Hejira” (Joni Mitchell, 1976)

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Joni Mitchell, lo es todo para mí. La quiero demasiado, y me entristece mucho su delicado estado de salud actual. Espero que supere el enorme reto al que se enfrenta. Es fenomenal en todo, y tuvo una enorme influencia sobre mí… no puedo imaginar qué sería sin ella. Adoro “Blue”, por supuesto… Pero “Hejira” es un disco maravilloso. Contiene parte de sus mejor legado, y seguramente parte de sus mejores letras. “Amelia” es mi canción favorita suya, y una de mi top 10, seguro. Salvo por “Take Care”, de Big Star, esta es la canción con la que más me identifico. Es brutalmente honesta y su ambientación musical es lo que hace falta para obrar la magia.


“The Modern Lovers” (The Modern Lovers, 1976)

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Me encanta todo lo de Jonatthan Richman. Su manera de cantar, de tocar, su imagen y, especialmente, su modo de componer. Todas las canciones de este album son tan buenas, es difícil elegir una para mencionar primero. Copiaría todas las letras aquí, si no fuera una locura. Pero aquí va: “Voy a reposterías todo el día / falta dulzura en mi vida / y hay dolor en mi interior / puedes verlo en mis ojos / oh, hay dolor en mi interior / puedes verlo en mis ojos / me hace pensar en mí / en que he perdido mi orgullo / pero estoy enamorado de ese poder que habita en tus ojos” (“Hospital”). John Cale produjo algunas de estas cancionees, también Kim Fowley. Dos gigantes para cualquiera, y sólo eso es una razón más que suficiente para que ¡muevas el culo y compres este disco espectacular!


“Requiem for an almost lady” (Lee Hazlewood, 1971)

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Esta joya de 1971 también estaba oculta en una cinta que alguién me grabó, hace años… Cuando me la dieron ya conocía y adoraba a Lee Hazlewood… pero éste disco suyo ¡es otra cosa! Antes de cada canción están todas estas historias agridulces que Lee narra con su increible voz, seguidas por algunas de las mejores canciones que haya escrito. Los buenos tiempos, los malos, los horribles… todo queda retratado aquí de una manera que puede desvelarte al ir a dormir, en el caso de que agonices con el corazón destrozado. Al menos puedes convertir algo de ese dolor en una preciosa y honesta furia: “Preferiría ser tu enemigo, que oirte llamarme amigo”.

Agradecimientos: Borja Gorostiza (por la traducción y gestiones).

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