Los discos favoritos de León Benavente

Leon Benavente

Foto: Gustaff Choos.

El primer disco de León Benavente pilló a todo el mundo con el pie cambiado. Incluido al propio grupo. Lo que nacía como un proyecto paralelo de varios músicos integrados en otras aventuras hizo pleno en la diana. Aquel debut, de título homónimo, rezumaba actitud e insolencia, fruto de una trayectoria que les permitía ambas cosas. Canciones con alma de hit y cuerpo de himno que corrieron el riesgo de convertirse en un referente generacional para eternos adolescentes desencantados, pero comprometidos. Lo esquivaron a pesar de estar tres años tocando esas canciones.

Una multinacional, Warner, se cruzó en su camino. Nada que temer. Seguramente que te pasen estas cosas a determinada edad acaba jugando a tu favor. “2”, su segundo trabajo de explícito nombre, dribla cualquier tentación continuista. León Benavente suena como una máquina perfectamente engrasada, compactos, musculosos, crudos,… como se espera de una banda que se encierra con Kaki Arkarazo a grabar un álbum. Más duros que en su ópera prima, el disco gana en términos bailables gracias a una mayor presencia de sintetizadores. La voz de Abraham Boba suena más futurista que épica y eso acaba por redondear unas composiciones que siguen pidiendo a gritos ser tarareadas y a un grupo que sigue luciendo descaro en la manera de abordar su repertorio. En una de las canciones del mismo, “Aún no ha salido el sol”, mencionan a The Smiths, Velvet Underground y Can. Curiosamente, ninguno de esos tres grupos aparece cuando les pedimos que elijan sus discos favoritos de todos los tiempos.

“Songs of Leonard Cohen” (Leonard Cohen, 1967)

Leonard Cohen

Este disco es un vademécum sobre la vida. Tiene la capacidad de ser reconfortante y a la vez demoledor. Cuando lo escuchas sientes que, de alguna manera, está alimentando tu espíritu y te está preparando para sufrir, pero también para caer rendido ante la belleza de algunas cosas de la vida. Musicalmente sencillo y austero, con lo necesario para emocionar.


“LCD Soundsystem” (LCD Soundsystem, 2005)

LCD Soundsystem

Una colección de hits (de hecho, una colección de singles) apabullante, tanto en la producción, como en la manera en la que se mezclan todo tipo de estilos musicales. En realidad cualquiera de sus discos merecería estar aquí, pero éste es el único que incluye “Losing My Edge”. James Murphy puede hacerte bailar, saltar, y transmitirte su amor por (casi toda) la música en canciones como ésta.


“Hot rats” (Frank Zappa, 1969)

Zappa

Segundo disco de Zappa, ya sin The Mothers of Invention. Un disco que roza el jazz-rock con desarrollos instrumentales, algunos sobre armonías muy poco complejas, que tienen la capacidad de levantar cualquier lunes por duro que sea. Cabe destacar la colaboración de su amigo de la infancia, Captain Beefheart. Perfecto para improvisar por encima.


“69 Love Songs” (The Magnetic Fields, 1999)

Magnetic Fields

Un Stephin Merritt en estado de gracia nos regala un extenso álbum (triple) con 69 canciones de amor en el que no sobra ni una corchea. Uno de los mejores creadores de melodías pop de nuestro tiempo explayándose en géneros que van desde el folk al synth pop. Y más. Un disco fundamental que va creciendo y mejorando con cada escucha.


“An electric storm” (White Noise, 1969)

White Noise

Una auténtica obra maestra, un disco arriesgado, vanguardista, oscuro y visionario. Una unión mágica. Delia Derbyshire y Brian Hodgson, creadores de bandas sonoras para la BBC Radiophonic Workshop como “Dr. Who” y David Vorhaus, un músico, bajista, inventor, técnico y compositor. Es, sin duda, el disco que abriría los ojos a muchos músicos de la época a la experimentación sonora, lanzado antes de la llegada del sintetizador Moog. Es un disco artesanal, lleno de samplers, loops, echos e instrumentos sintéticos, todo trabajado con grabadoras de bobina enlazadas unas con las otras y con el corte de la cinta para conseguir pequeñas secuencias que van entrando y saliendo y que hacen de esta forma de trabajo algo totalmente extraordinario y adelantado a su tiempo. En la primera escucha no di crédito a que eso se hiciera en el 68, a partir de ese momento empecé a investigar sobre la vida y obra de Delia Derbyshire quedándome prendado de sus composiciones e intentando aprender de cada canción que escuchaba cómo conseguir esas atmósferas a través del tratamiento del sonido.


“Eden’s Island” (Eden Ahbez, 1960)

Eden Ahbez

Eden Ahbez, el gran desconocido, pre-hippy de la era pre-rock, adelantado 20 años a su época, tenía el aspecto de un ermitaño moderno con su barba y cabellos largos. Llevaba una vida muy apegada a la tierra y era amante de la naturaleza. Vivía con su familia de una forma muy austera, se declaraba vegetariano y capaz de vivir con tres dólares a la semana. Durante un tiempo se instaló en una cabaña debajo de la primera “L” del cartel de Hollywood. Compositor de “Nature Boy” (canción que encumbró a Nat Cole a la fama en 1948) y colaborador en el disco “Smile” de Brian Wilson, entre otros. “Eden’s Island” es un disco en cuya grabación colaboró toda su familia. Un trabajo lleno de poesía beat y música exótica. Eden es un personaje cargado de leyenda, creador de un disco imprescindible en la colección de cualquier melómano. En cuanto lo escuché me sorprendió la delicadeza y cuidado con el que estaban producidas las canciones, los sonidos y esas voces que te transportan a su maravillosa isla, llena de paz y amor.

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