Música

La vuelta a casa de Tardor

Tardor. Foto: Dp Chaigneau.

“Vull que comprem una casa / en algun carrer tranquil d’esta ciutat / Ja m’he cansat de rodar”, cantan Tardor en la segunda canción de su último disco, Patraix (Primavera d’Hivern, 2017). Unos versos que definen a la perfección el giro sonoro experimentado por el grupo valenciano en este trabajo. Un viaje a los orígenes, una apuesta por la cercanía, la vida serena, las melodías sosegadas y las letras que cuentan historias cotidianas. Àlex Martínez (voz, guitarra y compositor del grupo) contesta nuestras preguntas.

Cuando os entrevistamos por vuestro disco anterior, Una ciutat invisible, dijistéis de él: “Este disco habla de la distancia. De cómo digerirla y de cómo superarla. El disco nace íntegramente de la tríada que forman Valencia, París y Bruselas. Tres personas, tres ciudades. Es el relato de nuestro paso por ellas.”. Patraix es todo lo contrario. Una vuelta a los orígenes, a la cercanía, a la vida serena, hasta el punto de ser bautizado con el nombre de un barrio. ¿Cuándo fuisteis conscientes de que iba a ocurrir eso? ¿Fue algo premeditado o las canciones os fueron guiando por ese camino?

Siempre intentamos que nuestras caciones hablen de nosotros, que sean lo más sinceras posibles. Intentamos que nuestro relato sea lo menos premeditado posible, que sea auténtico. Eso no quiere decir que no esté digerido. Simplemente que no nos planteamos: vamos a hacer un disco más sereno y cercano. Son nuestras vidas las que nos llevan a esa situación, a esas sensaciones. Entonces, nosotros lo apreciamos, lo analizamos y lo convertimos en disco. Dijéramos que aprovechamos nuestras vivencias impredecibles para convertirlas en un trabajo donde todo está calculado. Pero el origen no es premeditado.

¿En qué medida ese cambio viene condicionado por algo tan natural como ir cumpliendo etapas en la vida?

Se trata preciasmente de eso. Crecer. Como personas y como músicos, una cosa detrás de la otra. Nos gusta que nuestra evolución personal se vea reflejada en nuestras canciones. Que nuestro trabajo discográfico sea, al final, un relato de nuestras vidas.

Musicalmente, frente a cierta epicidad del trabajo anterior optáis por unas melodías más íntimas, más pop o folk. ¿Pedían las canciones ese cambio por lo que se quería contar?

Efectivamente. El cambio de concepto implica un cambio de sonido. Una evolución, como decía. En trabajos anteriores teníamos tendencia a hacer(nos) muchas preguntas. En Patraix nos gusta contar algunas certezas, las nuestras. Puede que las afirmaciones, cuando se hacen con la confianza suficiente, requieran menos volumen que las preguntas. De ahí que las melodías sean más sosegadas que antes.

Ese cambio melódico coincide con la entrada de Yeray Calvo en el grupo, muy acostumbrado a esos nuevos pasajes sonoros en su grupo Novembre Elèctric. ¿Ha tenido algo que ver?

El fichaje de Yeray ha supuesto una aportación de talento indiscutible. Él es compositor y no entiende la música sin hacerla suya y aportar su grano de arena. Pero también es cierto que cuando le propusimos unirse al grupo, el camino sonoro de Tardor ya estaba decidido. Sea como sea, estan muy contentos de la decisión que tomamos ya que Yeray ha encajado en el proyecto de manera inmejorable, a todos los niveles.

Tardor. Foto: Dp Chaigneau.

En las letras hay muchas referencias a Valencia, a su entorno natural, a sus costumbres, y las fotografías que acompañan al disco refuerzan esa idea de cotidianeidad y proximidad. El álbum, además, lo publicáis con sello propio. Flota una sensación de producto artesano que cuadra con las canciones y las emociones que transmiten.

Es justo lo que queríamos transmitir. En las canciones hablamos de cosas que nos son próximas porque son las que más conocemos y mejor podemos contar. Partir de un punto concreto para llegar a un sentimiento universal, es nuestra manera de componer. El disco está impregnado de proximidad y cotidianeidad, y queríamos que todos los elementos que lo formaran sumaran a favor de esa idea. Como dices, hemos pensado el disco como un producto artesanal, cocinado con paciencia, cuidado, cariño y honestidad. Si esas son las emociones que transmite, quiere decir que hemos hecho bien las cosas.

¿Para haber grabado un disco como Patraix pensáis que era necesario haber grabado antes Una ciutat invisible o simplemente son discos diferentes marcados exclusivamente por la vida personal de los miembros del grupo?

Por mucho que, a veces, sea doloroso echar la vista atrás y escuchar los trabajos anteriores, pensamos que cada disco de Tardor es imprescindible para llegar al siguiente. Insistimos: escribimos sobre aquello que vivimos. Algunas veces, a posteriori, pensamos que podíamos haber hecho las cosas de otra manera. En la música y en la vida en general. Pero no es justo valorar las cosas fuera de contexto, con la perspectiva del tiempo. Intentamos pensar que hicimos las canciones de forma honesta y lo mejor que sabíamos. Por lo tanto, de una forma u otra, estamos orgullosos de todas nuestras canciones, porque nos han permitido seguir creciendo hasta llegar a donde estamos. No habría Patraix sin ciudad invisible.

El disco lo habéis producido con Ricky Falkner. ¿Por qué lo elegistéis? ¿Qué pensabáis que os podía aportar? ¿Contentos con el resultado final?

Elegimos a Ricky Falkner porque admiramos su trayectoria como productor y músico. Somos seguidores de los grupos con los que trabaja y pensamos que supondría un salto de calidad en el sonido de la banda. No nos equivocamos. Patraix no sería lo que es si Rick no hubiera participado. Lo más curioso de todo ya no es por qué escogimos a Ricky Falkner: ¿A qué grupo como nosotros no le gustaría trabajar con él? Lo que nos hace sentir orgullosos es que él escogiera el proyecto de Tardor y decidiera embarcarse en esta aventura con nosotros. La verdad es que nos cogimos cariño y eso se nota en el resultado.

¿Qué han aportado al álbum Luis Martínez, Pau Paredes y Víctor García?

La apuesta de Patraix era arriesgada porque implicaba trabajar con un equipo de grandes profesionales que nunca habían trabajado juntos antes. Pero todo funcionó a la perfección. Luis estuvo presente durante toda la grabación a los mandos de la nave de su Little Canyon, ayudándonos a encontrar el sonido que buscábamos. Pau ha estado presente a lo largo de toda la historia de Trador y nos conoce como nadie. Por eso le encargamos el proceso de mezcla: estábamos convencidos de que sabía cómo teníamos que sonar. Y Víctor le dio, con mucho acierto, el acabado final con el máster. Es una suerte poder contar con tanto talento para construir un disco.

Por vuestra trayectoria (3 discos), el salto que significa este álbum, las buenas críticas, presentar el disco en el Palau, ¿sentís cierta presión de estar abanderando algo en la música valenciana (mucho más allá de la lengua) o conseguís abstraeros de todo ello y dedicaros a la música y las canciones?

Estamos muy contentos de ver todo lo que hemos conseguido. Las sensaciones son buenísimas y nos encontramos, sin ninguna duda, en el mejor momento de nuestra trayectoria como grupo. Pero intentamos no ponernos objetivos y disfrutar de cada paso. Ya lo hemos dicho alguna vez, los objetivos te pueden conducir a la frustración en caso de no alcanzarlos. En ese sentido, nunca nos hemos parado a pensar si representamos algún movimiento dentro de la escena valenciana. Solo el hecho de pensarlo resultaría pretencioso. Hacemos las canciones y nos encanta ver que la gente se siente muy identificada con ellas. Esa es la clave de todo. El motor de todo. El resto no tiene mucha importancia.