El mejor secreto peor guardado

Foto: Eva M. Rosúa.

Fotos: Eva M. Rosúa.

La Plaza Redonda de Valencia es pura evocación de la infancia para mucha gente. El intercambio de cromos, los pobres animales a la venta en jaulas insalubres, el apelotonamiento de gente o esa sensación de estar entrando en un mundo paralelo permanecen intactos en la memoria de muchas personas.

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Diseñada por Salvador Escrig Melchor, empezó a construirse en 1837, en los solares de lo que anteriormente eran un matadero y una pescadería. Ya entonces llamaba la atención por su singularidad. Diáfana en sus orígenes, incorporó en 1850 la fuente central. En 1916 se añadieron los puestos interiores. Esos que el último rediseño del 2012 convirtió en unos desubicados cubos y cuya esencia no sólo se ha perdido en su aspecto formal, sino también en su contenido, con esa oferta desafecta de souvenirs que dinamita la propia esencia de la plaza. Ajena a los reclamos turísticos, pero no por voluntad propia, es uno de los rincones más visitados de la ciudad. Uno de esos reductos en los que las prisas y el tiempo en general parece que se han detenido a observar a los que la cruzan.

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La decepción provocada por su nueva imagen, que eliminaba ese encanto intrínseco que tenía la Plaza Redonda no ha podido, sin embargo arrebatarle su personalidad. Poco explotado (como siempre ocurre en esta ciudad) como atracción cultural, sigue siendo uno de los secretos más fáciles de encontrar de la urbe. De los recuerdos que provoca, de su integración, de su nuevo “look” y de más cosas relacionadas con ella, hablamos con el arquitecto David Estal, el diseñador gráfico e ilustrador Sergio Montal, el escritor Vicente Marco y la artista interdisciplinar Verónica Francés.


DAVID ESTAL

Foto: Fernando Mafé.

Foto: Fernando Mafé.

David Estal es arquitecto. Desarrolla su trabajo desde L’Ambaixada, Desayuno con Viandantes, Aula Ciutat (UV-UPV) y la Ciutat Construïda. Desde la propuesta positiva, la acción, la formación, el asesoramiento, la mediación y/o la divulgación, se ha especializado a nivel local en materia de ciudad, espacio público, movilidad, política urbana y participación ciutadana. Hay quien dice que es un urbanista libertario o un activista urbano. Él cree que “seguramente sea porque en Valencia hay mucho por hacer y no paro. Esta ciudad es una fuente inagotable de inspiración laboral, pero pocas veces gratificada”.

¿Qué opinión tienes de la Plaza Redonda?
Pienso que es un espacio que se debate entre su singularidad (formal, histórica) y su cotidianidad (comercio, viviendas). Sin duda, es un lugar condicionado por su propio diseño, clásico. Si hubiera sido, como otras plazas, el resultado de una desamortización conventual sin más, seguramente no tendría esta doble personalidad.

¿Guardas algún tipo de recuerdo relacionado con ella?
En febrero del 2011, antes de su última reforma, convocamos un Desayuno con Viandantes en la Plaça Rodona. Fue un sábado 26, desde las 11 de la mañana. En esta ocasión, el Seminario de Mujeres Grades se alió con nosotros. Recuerdo que trajeron unas cocas increíbles. Mientras otros hacías sonar unas panderetas alrededor de la fuente, los niños intentaban pescar patitos de plástico que nadaban en ella. Recuerdo con cariño aquella cita circular en medio del medio, entre comerciantes y turistas sorprendidos y desplazando las mesas conforme la luz del sol giraba por el sur de la plaza formando una media luna de sombra. Con el Desayuno se potenció de manera efímera el efecto centrípeto de la plaza.

¿Qué importancia crees que tiene en la ciudad?
La plaça Rodona vendría a ser en el imaginario de esta ciudad lo que las plazas mayores a las ciudades castellanas, aunque a otra escala y en otra época. Es decir, tiene una importancia heredada y por lo tanto, relativa. Este interior de manzana (“El Clot”), escondido y al que se accede (o se ataja) de manera irregular, es un tesoro que el valenciano muestra orgulloso, como si fuera signo de su identidad. Ésta es la plaza dominguera por excelencia de Valencia.

¿Qué te parece su rediseño de hace unos años?
La rehabilitación con intervención de un espacio singular siempre comporta críticas de la opinión popular, apoyadas en su mayoría en tópicos maniqueístas. Más allá del ‘me gusta o no me gusta’, esto evidencia un proceso poco compartido con el resto de la ciudad, propiciando que a sus habitantes les cueste apropiarse de esta transformación. Me consta que el proyecto realizado ha mantenido una negociación constante con la asociación de comerciantes del centro histórico y, en particular con los puestos (concesiones) de la plaza, tanto perimetrales como interiores, para conjugar respeto con necesidad y estética. Aunque lo ideal hubiera sido volver a su diseño originario, con árboles en lugar de boxes, el diseño actual es fruto de la tensión entre tratar de vaciarla al máximo posible manteniendo el uso existente. Como los materiales nuevos asustan por parecer impropios, seguramente necesite de nuevo envejecer (como ya ocurriera en su anterior reforma en los 50) para que la volvamos a considerar signo identitario. De todos modos, aunque la polémica valenciana se centra en el diseño, pienso que el debate debería ser otro: cómo conjugar representatividad (museización de lo histórico, turistas, souvenirs) con intercambio (vitalidad, cromos, animales, trueque, jaleo, caricaturas). Para ello, el reto tal vez pase por cómo intervenir en lo histórico sin ser un producto perfectamente acabado. Ya es hora de experimentar y ensayar con el patrimonio habitado.

Si te hubieras encargado tú de ese proyecto, ¿cómo lo hubieras hecho?
Ante el desconocimiento y el acojone, le hubiera dicho a Tito Llopis (arquitecto de Vetges Tu, despacho encargado del diseño actual) que me echara una mano o que al menos me prestara unos cuantos libros.


SERGIO MONTAL

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Sergio Montal es diseñador gráfico e ilustrador. De lo primero trabaja en su estudio propio, enfocado a la elaboración de logotipos, cartelería, catálogos, revistas e ilustraciones para diferentes clientes. A lo segundo se entregó con más fuerza a partir de 2006. Él define su estilo como “naíf, ingenuo y espontáneo, que recuerda o se inspira en el arte infantil, muchas veces ajeno al aprendizaje académico”. No desdeña de la ilustración digital, aunque “se siente muy cómodo realizando ilustraciones a través de collages con papeles, cartón o pintura donde el tratamiento digital es mínimo y solo se aplica para retoques de color y artes finales”.

¿Qué opinión tienes de la Plaza Redonda?
Desde siempre fue un lugar que me gustó, me parecía un espacio singular, diferente a cualquier otro. Una plaza circular mezcla de calle, patio de vecinos o corrala. Un lugar donde cualquier rincón respiraba historia y podías pasear observando los diferentes comercios tradicionales que allí había. Era como caminar por un trozo de la historia de esta ciudad. Como ves hablo en pasado, tristemente ya no es el lugar que era. Ahora es una plaza fría que ya no tiene el encanto y la magia del pasado.

¿Guardas algún tipo de recuerdo relacionado con ella?
Recuerdo de pequeño ir con mis padres sobre todo los domingos que se montaba el mercadillo, recuerdo las pequeñas jaulas de madera con los pájaros en venta, los puestos de cuadros y antigüedades, el bullicio. También antes, cuando venía un amigo a Valencia era uno de los lugares que me gustaba enseñar si callejeábamos por el centro. Entrar por Santa Catalina, hacia la Plaza Lope de Vega, allí enseñar la fachada de la casa más estrecha y a continuación entrar en la Plaza Redonda. Era como entrar en otro espacio, retroceder en el tiempo.

¿Qué importancia crees que tiene en la ciudad?
Bueno, es/era un lugar emblemático, no conozco muchos sitios así; una plaza dentro de una manzana de viviendas. Un espacio público al que se accede por cuatro calles. Y donde todavía sobreviven algunos comercios antiguos de venta de cerámica tradicional, esparto, y sobre todo el comercio textil de bordados e hilos frente al de souvenirs de toros y flamencas.

¿Qué te parece su rediseño de hace unos años?
Me alegro que utilices la palabra rediseño para referirte a la Plaza, porque otros utilizan las palabras restauración y/o rehabilitación y no creo que eso sea lo que se ha hecho con la Plaza Redonda. Creo que en anteriores preguntas ya ha quedado un poco claro cual es mi postura frente a su nueva imagen. Por supuesto que todo el entorno necesitaba más que un lavado  de cara pero es una lástima que se haya perdido ese pasillo circular de tiendas decoradas con cerámica y forja y techos de madera y se haya dado paso a la colocación de unos cubos fríos y una techumbre metálica más propia de una ubicación, en algún entorno de nueva construcción, en cualquier zona nueva de la ciudad. Una pena sinceramente.

Si tuvieras que hacer alguna ilustración inspirada en ella, ¿qué tipo de dibujo sería?
Dibujaría esa techumbre a modo de ovni aterrizando sobre la plaza y abduciendo a los valencianos que es lo que parece que han estado haciendo durante mucho tiempo nuestros gobernantes.


VICENTE MARCO

VicenteMarco

Vicente Marco es escritor. Novelista, cuentista y dramaturgo, también ejerce como profesor en diversos talleres literarios. Ha publicado ha publicado las novelas “Murmullos”, (Premio de la Comisión Cultural del Alto Almanzora), “Los trenes de Pound” (Premio Tiflos), “El Collage de Orsson Beans” (Finalista Premio Ateneo Valladolid), “Ya no somos niñas” (Finalista Premio Logroño) y “Opera Magna” (Premio Jaén de novela). También es autor de la recopilación de cuentos “Los que llegan por la noche” y de la obra teatral “Viernes trece y sábado catorce”.

¿Qué opinión tienes de la Plaza Redonda?
Es uno de mis lugares de referencia de la Valencia Antiga. Uno de esos rinconcitos en los que merece la pena perderse (uno puede perderse hasta en en los espacios más pequeños) para disfrutar de un buen rato leyendo o simplemente observando el devenir de la gente. Un lugar que me traslada a la niñez, también a otras épocas. Y en mis deplazamientos por el centro de Valencia siempre intento cruzar esta plaza, detenerme, como en una estación de la nostalgia.

¿Guardas algún tipo de recuerdo relacionado con ella?
Por supuesto, muchos recuerdos de la infancia. Muchos. De aquellas inolvidables mañanas de domingo en las que salía con mi padre en busca de cromos o de cualquier trasto de segunda mano que encontráramos entre las paradas. Y también guardo un grato recuerdo de uno de los puestecitos interiores en los que vendían hilos de todos los colores imaginables, los hilos con los que bordaba mi madre y que comprábamos entre semana. Y ese recuerdo arrastra los vientos de aquella época de ignorancia e inocencia que por desgracia, no regresará.

¿Qué importancia crees que tiene en la ciudad?
Creo que es un icono de Valencia, uno de esos lugares emblemáticos que cualquier turista no debería perderse. Forma parte de nuestra cultura y de los espacios auténticos que podemos ofrecer a los visitantes.

¿Qué te parece su rediseño de hace unos años?
Como suele suceder en estos casos, y aunque soy consciente de que se intentó mantener la fidelidad en la estructura y el diseño original de la época en que fue construida, a mí el recuerdo de la infancia me lleva a la imagen de la antigua plaza, con sus desconchados en fachadas y aquel aspecto de encantadora decadencia. Para mí eso prevalece sobre lo demás. Sobre la imagen actual con una reforma que me resulta impostada, como esas cirujías estéticas que se hacen ahora y que mutan los rostros para transformarlos no sé en qué.

Si tuvieras que escribir una novela que se desarrollara (toda o parte) allí, ¿qué tipo de historia sería?
Creo que se presta a cualquier género. Posee ese aire propicio para crear intriga, romanticismo, una trama de género negro, por supuesto novela histórica, costumbrista, y hasta de terror. Pero me inspira también para el teatro, no para la creación de dramaturgia sino para la representación in situ de algunas obras a modo de corrala, con un improvisado escenario y la gente en la platea de la plaza. Sea como sea, se trata de uno de esos hermosos espacios inspiradores, sin duda, que nos trasladan a los mundos imaginarios de la ficción.


VERÓNICA FRANCÉS

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Verónica Francés es artista interdisciplinar. En su trabajo tiene tanta, o más, importancia el proceso de configuración de los proyectos como el resultado final. En 2013 formó parte del III Encontro de Artistas Novos y la Bienal de Arte Universitario de Toluca, México. En 2014 su proyecto vídeo-llamada-acción fue expuesto en la galería Espai Visor y publicado en la revista Concreta. Este mismo año y el presente expuso en muestras organizadas por la Cátedra Arte y Enfermedades de la UPV en París, Copenhague, el Centro Parraga de Murcia y la Sala de exposiciones del la UPV. “En estos momentos me encuentro realizando un proyecto de supervivencia artística y alimentaria, en el cual se llevan a cabo formas alternativas de economía. Se trata de una llamada de atención a la situación precaria de las artistas y el derecho de éstas comer de su trabajo”.

¿Qué opinión tienes de la Plaza Redonda?
Soy de Alzira y el primer contacto con ella fue seguramente en una excursión del colegio. Más tarde la volví a conocer como vecina de la ciudad. Cuando la conocí me pareció como una pequeña burbuja en el centro, escondida. Y siempre se me ha antojado como una ruleta rusa, en la que giras y giras y sales a una calle sorpresa. Siempre me pierdo en ella, es un espacio en el que me desoriento, siempre acabo tomando la primera salida que encuentro, que suele ser la equivocada.

¿Guardas algún tipo de recuerdo relacionado con ella?
Casi todos mis recuerdos en ella han sido con amigas y amigos que visitaban la ciudad y a los que sí o sí tenía que enseñarles los imprescindibles que me enseñaban a mí, también, cuando era pequeña, en las excursiones del cole. Me gusta mucho la luz que entra en el centro de la plaza y se refleja en el agua. Durante unos meses hice un curso cerca de la plaza y a menudo me acercaba a la hora de almorzar. Me encantan los puestos de mercería. Siempre me han gustado todas las cosas de la mercería. Mi abuela cosía y me encantan las cajas llenas de pequeñas objetos rebosantes de posibilidades.

¿Qué importancia crees que tiene en la ciudad?
Creo que, como dije, es un pequeño paréntesis en el centro de la ciudad. Un espacio en el que no hay tráfico. Un lugar que queda olvidado en las ilustraciones de las tiendas de souvenirs. Al contrario que otras obras faraónicas más recientes, la Plaza Redonda hay que conocerla acercándose, sumergiéndose a través de alguna de sus entradas. Siempre me pregunto quién vive en esas casas que amanecen todos los días en la plaza, viéndose unas a otras.

¿Qué te parece su rediseño de hace unos años?
No tengo conocimientos de arquitectura y sólo puedo opinar desde las sensaciones. A mí me gustaban los pequeños puestos antiguos y con encanto, mucho más que el nuevo diseño. Aislados unos puestos de otros, con un diseño frío e impersonal, más cercano a los stands de una feria de muestras o un centro comercial. Pero también he de decir que el momento en el que más me gustó la plaza fue cuando quitaron todos los puestos, se encontraba todo el espacio despejado, la gente tomaba el sol y los niños corrían de un extremo a otro. La plaza parecía más grande y la gente parecía contenta reconquistando el espacio después de tanto tiempo con andamios y obras.

Si tuvieras que hacer un proyecto artístico integrado en ella, ¿cómo sería?
Me gustaría investigar la historia de la plaza, la cual desconozco. Mirar tras las ventanas que dan a la plaza y conocer la relación entre los vecinos, los comerciantes y los visitantes. Qué sucede en ella. Cómo se vive la mezcla de clientes de los comercios tradicionales y turistas. Y a partir de de ahí pensaría en algún trabajo que dialogara con todo ello o alguna parte.

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