Estamos matando a la cultura

Foto: Diego Obiol.

Foto: Diego Obiol.

Estamos matando a la cultura, eso sí, en su nombre. Valencia vive una frenética agenda de la que dos días después nadie se acuerda. Cuando no se tiene un plan, lo mejor es huir hacia adelante. Eso lo aprendimos de las películas malas. Acumulamos eventos como el que juega a ponerse varios gorros en la cabeza. El día que se caigan, esto será un solar. Somos Diógenes con coartada intelectual. Levantas una piedra y hay un festival. Doblas una esquina y hay una inauguración. Y los medios de comunicación ponemos la banda sonora. Sin tiempo a establecer criterios. Sin espíritu crítico. Todo acelerado. Vivimos en una realidad paralela en la que sus habitantes siempre son los mismos. Vivimos en un prolongado estado de fiesta eufórica que nos impide parar y pensar. Más de media ciudad vive a espaldas de todo ello. Pero alguien nos convenció de que ser diferentes a ellos era la opción correcta.

Se apuesta por la cultura vertical. La suma infinita. El viaje a ninguna parte. En lugar del planteamiento horizontal. No se crean bases sólidas sobre las que levantar esa realidad, ahora lisérgica, que contemplamos. ¿Nadie ha pensado en las bibliotecas de barrio o en las semanas culturales de colegios, institutos y universidades como herramientas sobre las que articular la curiosidad, el despertar? Menos concursos y más estructuras. Barrios que habían sido ignorados son agasajados con programaciones que parecen fiestas de cumpleaños. Porque esa es la consigna, la celebración. Un bonito envoltorio, el vaso lleno, hablar en voz alta y una foto para facebook. Que al fondo alguien esté mostrando su obra es lo de menos. Si el arte es una excusa, imaginad los artistas. Somos, posiblemente, la ciudad con el talento menos remunerado del mundo.

Casi año y medio después del cambio soñado, seguimos esperando una política cultural. De verdad. Sin estudios con cifras que se olvidan y que nada tienen que ver con la realidad de la calle, del día a día. Se pueden llenar las redes sociales con fotos de gente, mucha gente, celebrando no-se-sabe muy bien qué, pero con eso no se cambia nada. Pan para hoy, hambre para mañana. No se están gestando espectadores, lectores, público de conciertos. Se está potenciando la cultura gratis. Y la cultura no debe ser gratis, debe ser accesible. No se cobra por entrar, pero sí por beber. Es el botellón cultural. El cortoplacismo exhibicionista no lleva a ningún lado. Y lo que es peor, provoca un efecto dominó.

Se nos llena la boca con la palabra ciudad y somos incapaces de verla con los ojos que se merece. No se fomenta como reclamo turístico cultural. Y razones no le faltan. Hemingway, Dos Passos, María Moliner, Blasco Ibañez, Luis García Berlanga, Concha Piquer, Josep Renau…por poner ejemplos para todos los gustos. Mientras, el centro se llena de franquicias, terrazas y extranjeros que solo valoran nuestro clima. Cada vez se parece más a la Costa Blanca. Cuando encuentren otro destino igual y más barato, y seguro que lo encontrarán, adiós y muy buenas. No se difunde su pasado con publicaciones, pequeños actos, reconocimientos,… sin alharacas ni canapés, dirigidos a todos los públicos. Sí, a todos los públicos. Se renuncia a utilizar soportes como los del transporte público para difundir la cultura. Se olvida que cada viajero lleva un arma potencial en su bolsillo, el móvil, al que se podría abastecer de contenidos.

Vivimos desbordados culturalmente hablando. Es imposible asimilar todo lo que nos rodea. Y eso puede desembocar en el bloqueo. Mucho ruido y pocas nueces. ¿Son necesarias tantas actividades? ¿Por qué no se concentran? ¿Por qué no se hace un esfuerzo para que prime la calidad sobre la cantidad? ¿Por qué ese afán por programar descontroladamente? ¿Por qué antes de hacerlo no se piensa si se está ofreciendo algo distinto? ¿Por qué hay esa sensación de que muchas personas que han dejado de salir por la noche han encontrado en esta nueva “vida cultural” lo que ya daban por perdido? ¿Nadie se percata de que se va hacia el amateurismo de cabeza? ¿Qué sentido tienen las programaciones que se repiten año tras año? Las instalaciones culturales (librerías, galerías,…) recurren a la hostelería (bebida y comida) para atraer gente a sus presentaciones. La hostelería (bares, pubs, cafés,…) recurre a la cultura para atraer gente a sus barras. No es que sea vicioso el círculo, es que está perturbado.

La cultura cuesta dinero. Por eso necesitaba su propia Conselleria. Cuesta dinero. Cuesta dinero. Cuesta dinero. Hay que repetirlo para que se entienda. No sirve con el café para todos que se está sirviendo a los diseñadores. Hay que ir más allá. Y que el secarral que hubo antes no nos ciegue. Ya está bien de mirar hacia atrás. La cultura cuesta dinero y necesita imaginación. Y mirar lo que se está haciendo en otros lugares. Y leer. Y preguntar. La cultura debe de ser una fiesta, pero no un festejo. Por supuesto, debe ser lúdica y si hay algo con que refrescar el gaznate, mejor. Pero eso debe de ser el complemento, no la excusa para ir. Como cuesta dinero hay que buscar patrocinadores. Pero no pedirles que acaben haciendo un trabajo que no les corresponde. Estamos empezando a dejar las programaciones en manos de las cerveceras. Y ellas no van a arriesgar. Normal. Quieren que vaya gente y consuma su producto. Por eso apuestan sobre seguro. Se corre el riesgo de que esto sea un moda. Y las modas ya se sabe cómo acaban.

Sería injusto describir la situación como un apocalipsis cultural, principalmente porque hay gente (desde la administración pública y desde iniciativas privadas) que está haciendo bien su trabajo. No los veréis colgando fotos en instagram y utilizando el hashtag influencer o alguna soplapollez similar. Son profesionales que le dedican muchas horas, sin ningún afán de protagonismo. De alguna manera son los que están manteniendo la esperanza ante tanta explosión hormonal. Los que consiguen que por ahora, y solo por ahora, no reclamemos otra Valencia de la otra Valencia.

16 comentarios

  1. Asclepios dice:

    El artículo está mal concebido. Apunta una serie de ideas que seguramente sean interesantes a la hora de entender el problema de los artistas de la ciudad de Valencia. Pero no están bien justificadas ni explicadas. Y sobre todo no están bien conectadas. En algunos casos hasta se contradicen (por lo menos aparentemente).

  2. Un article molt encertat ….la cultura no és per a les institucions publiques…la cultuta es per qui la treballa

  3. Y ahora os quejáis de que la cultura es mainstream?
    La cultura siempre ha estado ahí, el que quiera que vaya y el que no, pues allá él. Pero vivimos en una ciudad en la que muchos han visto antes un Sorolla en Nueva York que en Valencia.
    El artículo insinúa facilitar el acceso a la cultura pero al mismo tiempo la vuelve a convertir en elitista. Lo de siempre…. Y sois vosotros mismos los que termináis “gentrificando” la cultura”

  4. A mi humilde parecer la idea que intenta transmitir o es contraria a mi forma de ver el actual momento sociocultural o no la estoy entendiendo bien… Nos guste o no la cultura es un producto mercantil, si de este producto se quiere sacar beneficio, y si es así está bajo la ley de la oferta y la demanda …no entiendo donde está el problema

  5. Estoy de acuerdo con el artículo: ha de primar la calidad ante todo, pues si de verdad nos creemos que la cultura y el arte en general han de ser un instrumento para cambiar, para progresar como sociedad, para abrir nuevos caminos, para cambiar paradigmas de pensamiento, éso sólo se puede hacer desde la calidad. No tiene nada que ver con el elitismo como se ha dicho por ahí. (Si a la calidad le sumas cantidad, pues mucho mejor). Si lo que prima es la calidad, se debe invertir desde las instituciones para ello: se precisan más becas, más residencias creativas, más publicidad, etc, etc. Odio que la cultura la patrocinen empresas privadas (en particular, grandes empresas), pues precisamente buscan todo lo contrario de lo que dicen patrocinar, en realidad que la gente piense menos y consuma más.

  6. Gabriel dice:

    Maldigo la poesía concebida como un lujo
    cultural por los neutrales
    que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
    Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

    Hoy la cultura pugna por sobrevivir a golpe de subvención como siempre. Los verdaderos profesionales deben de comprender que la cultura es una industria, una forma de vida, y sus trabajadores no se pueden improvisar como ocurre tan a menudo en nuestra ciudad. Pero también es una herramienta, un arma cargada de futuro en un momento en el que es tan necesaria como el aire para que nuestra sociedad no caiga en la ignorancia. No debe ser elitista pero no puede ser gratuita, sus trabajadores tienen que vivir de algo y la calidad se paga. Tan solo una buena ley e mecenazgo y micro-mecenazgo puede permitir que sea accesible a todos y es lo que deberíamos demandar.

  7. Willertrombix dice:

    El exceso de oferta cultural no creo que sea malo en sí mismo. Tan sólo queda en el usuario la responsabilidad de saber elegir y de disfrutarla conforme a sus gustos, preferencias y bolsillo. Si te gusta lo que programan las cerveceras ve, si no, no vayas. Una buena opción siempre es optar por lo que se gesta en los circuitos underground, donde los que programan son los que generalmente exponen/tocan/lo que sea que hagan, todo en un círculo DIY auténtico y en el que sí se suelen dar genuinas expresiones artísticas, y digo genuinas en tanto que alejadas de criterios comerciales en su mayoría. Ahí está la vanguardia, que a mi juicio es el motor del arte a lo largo de la historia. Toma chapa para decir que hagas lo que quieras y que te montes tu rollo xD.

  8. Bravo. Eso es arte. ¿Cuánto te han pagado?
    Te lo distribuyo gratis si me traes a tus amigos.
    Te invito a un café si me lo explicas en persona, gratis.
    ¿Que se alarga? Pagas tú la cena.
    ¿Quieres que se oiga en la radio? Eso ya búscate los contactos.

    Otra forma de hacer arte es posible.

  9. Creo conectarme con el “espíritu” de la nota. Y entiendo lo que plantea. Creo también que hay unos problemas de fondo que podrían deberse a la ausencia de “Filtros”. Quizás esta ausencia se filtros esté ligada a la mala comprensión de la “Igualdad”. Solo deberíamos esforzarnos personalmente y como sociedad para procurar que todos hombres y mujeres, ricos y pobres, blancos, negros amarillos y moros, seamos iguales ante la LEY. ¡E iguales en NADA más! No debería considerarse como iguales el alumno y el discípulo, el civil y el militar, el imputado y el juez, dentro del contexto en que se encontraran. Y tampoco sería solo una cuestión de jerarquías sino una condición intrínseca de las personas. He viajado muchísimo, he vivido en muchos sitios del mundo. Sigo esperando conocer una persona “igual” a otra.
    El políticamente correcto concepto de esa presunta, hipócrita e hipotética concepción de la igualdad, justifica que a cualquier cosa se le llame cultura. “Todo vale” como resultado de una expresión humana y para no discriminar, como espectadores de vez en cuando nos tememos que tragar atrocidades con pretensión de ser musicales, gráficas o plásticas. El arte, esta plagado de técnicas y normas que bien podrían considerarse ocultas para los ignorantes en la materia, pero que al mismo tiempo son identificables en el primer contacto por personas que poseen una sensibilidad natural para percibir el equilibrio o la belleza de las imágenes o el sonido, sin ninguna necesidad de instrucción académica previa. No valemos todos para todo. Los profesores de música, pintados en obras literarias como tiranos desalmados, hacen bien su trabajo “filtrando” a las personas que pueden ser perfectos horticultores, médicos o ingenieros, pero no músicos. Este trabajo de filtro ha caído en desuso, y esta mal visto o se considera discriminatorio persuadir a alguien a que se aparte de tal o cual disciplina para la cual no esta dotado, y no se da por aludido, o sus dotes no alcanzan a los de la media.
    Particularmente con la música, la ausencia de filtrado es un ya un clamor. Al no haber ya casi pinchadiscos en las radios, y cada vez menos programas musicales o incluso con personas físicas a cargo, las radios nos ponen la música que les dicen las consultoras que denbe poner, no vaya a ser cosa que si se pincha alguna música “inadecuada”, se pierda audiencia y la Coca Cola quite las tandas publicitarias en consecuencia. No hay filtros “académicos” serios para separar la paja del trigo en cuanto a las cualidades de los artistas, y no hay filtros profesionales (periodistas o críticos de arte) con el suficiente poder como para influir en los medios de comunicación masivos. Y por último, el espacio virtual “in-filtrable” donde, como vaticino Andy Warhol todo el mundo tiene la posibilidad de acceder a sus “15 minutos de gloria” mediática. A través de YouTube por ejemplo, cada persona tiene la creencia de que si pone un video está comprando un boleto de lotería, que lo puede hacer famoso por 15 minutos, o por algún tiempo más. El tema es que no esta claro quien hace el sorteo, ni cuando salen los números…Lo que genera una descomunal maraña de ofertas de ocio cultural por llamarlo de alguna manera, y lo que mas mola es que es Gratis! Sin filtros, si un “control de etiquetado” que muestren las características del producto, y el precio. Por otro lado, con la opción a tampoco pagar por aquello que se reconoce como de buena calidad, quién pagaría por cultura? Poca gente, aquella que reconozca, respete y decida ejercer una suerte de micromecenazgo al cual se obliga solamente por una cuestión conciencia. No se si como dice el título de la nota “estamos matando la cultura”, porque creo que no se puede matar lo inmortal, y que en muchos casos cuando peores son las condiciones personales en la vida del artista, mas libre y mejor el es el material que produce. Lo que puede que los artistas deban ser, como muchos lo son, además de artista, camarero, pintor, peluquero o cualquier cosa que le permita pagar el alquiler y tener algo en la nevera.

  10. Línia molt encertada. Desconec el rerefons de moltes de les ofertes culturals, però hi ha prou amb tractar de seguir un “festival” cada cap de setmana, per a veure que això és rebombori, i després en molts casos literalment no s’assoleixen els objectius de públic, mentre que en unes altres “iniciatives” s’ultrapassen amb excreix les xifres més optimistes. Entre una bona programació teatral, com pga ser el Festival MIM de Sueca (o el Clown de Xirivella) i una cutre amb cervessetes i tapes, prima la tapa. Ara mirem quanta gent s’apunta a qualsevol carrera, o quants MILERS de joves acudiren a la festa de “pre-paelles” fos això el que fos. Però sobretot, mesurem com de grossa (i va en augment) està fent-se la franja que separa els consumidors-gentrificadors de cultura i els que, passant de tot això, ni s’han enterat que hi havia tal o qual “festival”. Cal un poc de cultura slow.

  11. El Doctor Sax dice:

    Pelos de punta! Has hecho la real fotografia de la vida cultural de esta cuidad! El Articulo está fenomenal! Respecto uy admiración por decir las cosas como toca!

  12. rufuss dice:

    A la ciutat d’Alacant és encara pitjor.

  13. Me parece un buen artículo en general, falta criterio y una iniciativa civil que se pueda sostener económicamente por sí sola. Los políticos utilizan la música para sus fines que no siempre ayudan a esto. Y la cultura se construye con materiales duraderos y sólidos, currados y universales. Sobra exhibicionismo emocional.

  14. La Cultura empieza a palidecer cuando es la administración quien quiere programarla. Por eso estamos clausurados. La buena oferta solo accede mediante espacios libres, porque la calidad no ha de estar siempre asimilada, o casi nunca lo está en sus inicios… lo que chirría a la mayoría suele ser nuevo, porque hacer refritos de la basura daría lugar también a resultados novedosos. Y eso es bueno, porque no teme a la experimentación y, el arte se basa en eso. No apoyar a espacios autogestionados para la cultura, es censurar el acceso libre a ella. La Cultura es libre o simplemente un simulacro. Pan y circo, pero sin pan. Compromiso sin palabra y malas prácticas. Ausencia de derecho en una vida enmascarada. [AdB]

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