Un vermut con...

Un vermut con José Antonio Rivas “Commandant”

Jose Commandant (José Antonio Rivas). Foto: Montse Azorín.

Me llamo José Antonio Rivas, también conocido como Jose Commandant, sobrenombre que procede de un pub que regenté a mediados de los años 70. Soy de Russafa, barrio al que siempre vuelvo, aunque mi pubertad y adolescencia las viví entre Benicalap y Campanar.

Durante los últimos 45 años he invertido mi vida en el mundo del espectáculo, esencialmente musical. Creo haber tocado todos los palos del negocio, comencé como DJ en la discoteca La Bruja (Hotel Astoria, Valencia), luego vino el Commandant Pub (Calle Bonaire, Valencia), seguí como vendedor de discos en los los drugstores colectivos de los mercadillos de Avellanas y Sanchis Sivera (Valencia) y con puesto en el Rastro dominguero, finalizando en un pequeño local (calle Albacete de Valencia, junto a las Tres Palmeras) llamado Discos Cowboy. En comunicación, fui jefe de redacción de la Mundo Musical (Valencia), subdirector de Traca (Guía del Ocio de Alicante), redactor de espectáculos y columnista en el diario La Verdad (Alicante) y dirigí programas radiofónicos en las emisoras Radio Benidorm y Antena 3 (Alicante), además de otras muchas colaboraciones puntuales en otros medios.

No obstante, el meollo del trabajo se lo han llevado los conciertos en directo en casi todas funciones posibles: Jefe de prensa, RRPP, producción, asesor, programador y director artístico en salas como Morasol Costa (El Campello, Alicante), Morasol y Jácara Plató (Madrid), Matisse (Valencia), etc. He tenido la suerte de trabajar en grandes eventos internaciones para las promotoras Gay & Co., Dr. Music, Tiburon Concerts, Gigs, Pino Sagliocco… y he logrado conocer personalmente, gracias a ello, a muchos de mis ídolos musicales. He llevado el booking del staff de artistas de la agencia Vertical Ent., en las oficinas de Madrid y València. También coordiné su sello discográfico La Estación y he sido manager y road-manager de algunos artistas de renombre españoles.

Durante los años 90 fundé junto a un socio americano (Danny Faux) la agencia Marker Ent., desde la que suministramos celebridades cinematográficas a festivales de cine y cadenas de televisión. Para acabar, mi última aventura loca fue poner en marcha la disquera Comboi Records junto al excelente músico valenciano Carlos Carrasco, proyecto por el que hemos peleado codo con codo durante más de doce años y que hemos liquidado hace unos meses por jubilación de ambos socios, además de que obviamente todos saben que el futuro discográfico físico no tiene vías de levantar el vuelo. En la actualidad, ya como emérito y algo mermado de fuerzas por una inoportuna enfermedad, continuo siendo manager personal de Julio Bustamante y de The Grannies Band, que son como de la familia y que afortunadamente siempre tienen algún proyecto en marcha que me impide aburrirme. Incluso cuando tengo fuerzas u ocasión sigo montando algún sarao para no perder la costumbre o la ilusión. Puro vicio.

Un disco: Desde los 12 años vengo escuchando música con atención encandilada, así que me es imposible elegir un solo disco, sería como traicionar a otros cientos. Como es natural, te marcan los redondos de tu iniciación allá por el pleistoceno de los vibrantes años 60, con los Beatles a la cabeza y por supuesto los geniales Kinks, Stones, Hollies, etc., discos a los que siempre acabo recurriendo como terapia. Desde entonces no he parado de almacenar en la memoria toneladas sónicas de diferentes estilos, no solo de rock o pop. Intento estar al día y lo último, calentito de este mismo año, que estoy disfrutando con agrado son el On the line de Jenny Lewis y el Walk Through Fire de Yola, dos muchachas que han facturado unas obras muy recomendables.

Una película: Me confieso seguidor de Ford, Wilder, Scorsese, Coppola, Lucas, R. Scott y Spielberg. Considero al cine como un espectáculo liberador que me ha llevado a vivir aventuras impagables de toda índole. ¿Una película a la que siempre acudo? Tal vez la saga de El Padrino.

Un montaje escénico:
 Hace mucho que desgraciadamente no acudo al teatro. Sigo teniendo pendiente disfrutar de un gran montaje de ópera.

Un libro: Acabo de terminar la bio de Paul McCartney de Philip Norman. Ahora voy a meterme con la segunda parte de las memorias de Michael Caine que ha titulado La gran vida. La primera es descacharrante y la disfruté mucho en su día.

Una serie de tv: Soy serie-adicto impenitente y devoro docenas de títulos al año. Entre los clásicos recuerdo con ternura Doctor en Alaska y Aquellos maravillosos años (The Wonder Years) y más actuales, he disfrutado con Los Soprano, The Wire, Treme, Hermanos de sangre (Band of brothers) y, claro, Juego de tronos, entre otras.

Una serie de dibujos de tv:
 En mi generación fuimos criados en el mundo Disney, pero siempre me lo pasé mucho mejor con los cartoons de Hanna-Barbera. Los Picapiedra (The Flintstones) han sido geniales.


Una revista: Sigo siendo fiel al papel: Icon de El País, Ruta 66, Rockdelux, Mondo Sonoro y Cuadernos EfeEme. Además no dejo de consultar guías valencianas como Turia, Beat y AU Agenda Urbana.

Un icono sexual: Lauren Bacall y Grace Kelly. De aquí, Maribel Martín.

Una comida: El arroz en todas sus variantes: seco, caldoso o meloso y las croquetas de mi pareja, inconmensurables.

Un bar de Valencia:
 En los años jóvenes, mi pandilla tenía como cuartel general la cafetería San Patricio de la plaza del Ayuntamiento, donde echábamos horas y horas, planeando un futuro que nunca se cumplió. Ahora disfruto las bravas del Mesón La Pepa (Campos Crespo, 1) o las tapas del Bon Estar (Norte, 12). Para comer y perder la cabeza, el restaurante Pirineos (Av. de Campanar).

Una calle de Valencia: La calle de La Paz, desde el kiosko de El Parterre a la plaza de La Reina, con sus comercios señeros, sus edificios cuidados y su aspecto cosmopolita. Evidentemente, toda la magia se perdió con la invasión de las temibles franquicias. Aún así, me sigue fascinando. Los amigos le llamábamos Paz Street y creíamos pasear por Londres, cosas de la juventud.

¿Con quién te tomarías un vermut? Estos días me tomaría un vermut con ese cazurro desatado de Pablo Iglesias, para intentar hacerle entrar en razón antes de que tire, definitivament,e por el retrete un proyecto político que es necesario rescatar de su propia tormenta y que debe servir de dique de contención ante la marea que me temo, se avecina.