Un vermut con...

Un vermut con Miguel Molina

Miguel Molina.

Me llamo Miguel Molina, soy de Valencia y tengo 25 años. Actualmente estoy acabando un máster de diseño de producto en el CEU. Lo compagino con mi actividad musical como teclista de la banda valenciana Tercer Sol. Hoy por hoy me considero más músico que diseñador, aunque ambas disciplinas me apasionan.

Empecé con la música clásica desde muy joven, cursando el grado medio profesional de violín en el Conservatorio Profesional de Velluters (Valencia). De todos modos, nunca me atrajo nada ese mundo, mucha competitividad y muy poca creatividad, aunque sí me dio unas capacidades musicales que hoy día agradezco tener. Mi círculo de amigos siempre giró en torno al skate y los grupos de música de la escena valenciana más alternativa. Esto me atraía muchísimo y siempre sentí que esa libertad creativa era lo que yo necesitaba, sin duda alguna hacer la música que más me gusta es lo que me enganchó.

En cuanto al diseño de producto, está bastante relacionado. Al final es tener una idea, un concepto y conseguir aterrizarlo de la manera más simple y atractiva posible. Es un complicado juego de toma de decisiones constante, como la vida misma. Hoy en día, con toda la sobre información y masificación de todo en general, me voy dando cuenta que lo único que marca la diferencia es la personalidad de uno mismo, tu bagaje personal. En Valencia hay grandes diseñadores y en un futuro me gustaría trabajar con todos los que pueda, pero pienso que primero uno tiene que buscar su lenguaje, su manera de hacer las cosas, que se dice pronto.

Ambas son disciplinas que admiro porque beben mucho de lo personal y tienen un fuerte componente moral. Bandas como Fugazi, la compañía de diseño Droog Design o, en la actualidad, artistas interdisciplinares valencianos como Luce o Lebrel dan buena cuenta de ello. Es una pena que en general el mundo académico tenga poco en cuenta ese aspecto psicológico/moral que considero esencial en estos ámbitos y en todos.

Un disco: Discos tengo muchos y decidirse siempre es difícil. El primero es el que Tercer Sol sacaremos el 5 de abril, se titula Lejos. Estoy muy contento con el resultado, el disco tiene de todo, es oscurete, hay pop y es bailable, qué más quieres. Tenemos muchas ganas de salir a defenderlo por la península. El segundo que me viene a la cabeza es el primero de Crystal Castles, me vicié mucho a este disco en su momento. Para mí eran una de las mejores bandas del siglo XXI, electrónica, ruido y melodías preciosas.

Una película: Las aventuras de Priscilla, reina del desierto. Me encantó esta película cuando era un chaval. El vestuario de las protagonistas, que están increíbles, me fascinaba. Hay drama, risas, insultos y música, ¡y no es un musical! Maravillosa, no me canso de verla. Por otro lado, toda la saga de Alien, una pasada, sobre todo la primera, claro está.

Un montaje escénico: Me encantaría ver El lago de los cisnes algún día.

Un libro: Estoy acabando Drácula, de Bram Stoker. Quiero volver a ver la película de Francis Ford Coppola cuando lo acabe, seguro que hay muchos detalles que pasé por alto.

Una serie de tv: Plats bruts y La Hora Chanante. Las vi hasta hartarme, forman parte de mi personalidad y me salvaron mil veces de días largos y aburridos en casa.

Una serie de dibujos de tv: Aunque la viera cuando era un nano, Pingu no se me borra de la cabeza. Como transmitían tanto con tan poco, adorable y divertidísimo.

Una revista: Nunca he sido mucho de revistas la verdad, pero hoy en día leo Gràffica. Eso sí, en papel, lo de leer online no me acaba, me distraigo enseguida, no es lo mismo.

Un icono sexual: Esta pregunta me resulta un poco extraña la verdad, así que iré con algo extraño. Cuando era niño tuve un “crush” con la pez que salía en Pinocho, como lo oyes. Nada sexual desde luego jaja.

Una comida: El arroz al horno me cautiva, así como las croquetas o una buena sopa de fideos.

Un bar de Valencia: Iba mucho a un bar llamado O’haras, cerca de La Lonja. Han cambiado de dueño, pero siguen sirviendo birras de importación, aunque ya no es lo mismo. Para almorzar me encanta La Pérgola, una delicia.

Una calle de Valencia: Es difícil, según el día me apetece ir por un sitio u otro sin mucha preferencia. Paso de muchedumbres a callejones solitarios con mucha facilidad.