Jesús Terrés

En Verlanga somos de buen comer, buen beber y buen vivir, así que antes o después nuestro camino debía cruzarse con el de Jesús Terrés. Un tipo que escribe muy bien, tiene un estupendo sentido del humor y unos gustos exquisitos. ¿Cómo casará un perfil como ese con nuestra Valencia? Pasen, lean y disfruten.

Jesusnada

Soy Jesús Terrés, diseñador de interacción en VG Agencia Digital y escritor. Escribo sobre vinos, estilos de vida y gastronomía en GQ, Condé Nast Traveler y Vanity Fair. ¿Que qué más? Me gusta hablar de bares, hombres de bien y mujeres fatales; y amo la buena mesa (casi) tanto como los buenos vinos, los relojes, los chuchos y “El Padrino”. También doy clases sobre creatividad publicitaria en el CEU Cardenal Herrera; últimamente he escrito en Jot Down, dado una charla en TEDx y desnudado el universo del marco de Jerez (no es fácil) en aquellos días inolvidables. Y sí. A pesar de todo, amo esta ciudad ingrata.

Estos son mis 5 sitios favoritos de Valencia:

Ricard Camarena Restaurant.

Valencia está muerta, así en general. Que a mí me encanta vuestro slogan, claro que sí (Valencia está viva, ¡viva!) y que ojalá un día me cague en los muertos de esta entrevista. Pero hoy ­para qué engañarnos, la cosa está gris, pocha y flácida como una erección con resaca de Beefeater.

No obstante hay fulanos como Ricard que le permiten a uno albergar cierto no­sé­qué de esperanza. Curioso, canalla, honesto y currela hasta la extenuación. La insatisfacción personificada en una propuesta gastronómica inmensa, absolutamente dedicada a la experiencia del sabor (de eso iba comer, ¿no?). Es un buen amigo y sé cómo le jode que lo enchufe en mis listas; pero esta es mi entrevista, Ricard. Al grano, para mí es ­hoy­ uno de los cinco grandes: Josean Alija, David Muñoz, Ángel León, Quique Dacosta y Ricard Camarena. Chúpate esa, Cataluña.

Ricard Camarena

Ricard Camarena Restaurant 1

Rausell.

La del Rausell es mi barra favorita de Valencia. Así, sin más. En la casa de los hermanos Rausell (José y Miguel) no se andan con tonterías ni trampantojos: producto fresco, gambas maravillosas de la lonja de Dénia, servicio pluscuamperfecto y más de setenta ginebras. Y yo, que hace tiempo que no quiero experimentos ni gastrobares, lloro de emoción porque sobrevivan (es más, ¡vivan!) barras como la del Rausell. Aquí me saludan al entrar, plantan una copa de godello sobre el mármol y hablamos de las cosas importantes: el punto de la gamba, las locuras de Morante, el betún de los zapatos y las mujeres difíciles (o sea, todas).

Rausell 01

Fotos: Miguel Ángel Puerta.

Fotos: Miguel Ángel Puerta.

Futurama.

Si has crecido en Valencia y no tienes detritos en el cerebro ­(que tiene su mérito, no se crean­) es muy posible que patearas en tu triste adolescencia uno de estos tres templos del placer: La Filmoteca, los reservados de Distrito 10 y Futurama. Yo amo Futurama como uno sólo puede amar las cosas que fueron tuyas cuando nada era tuyo (ni siquiera tú mismo). Más de treinta palos tiene ese maravilloso parqué donde se apilaban los cómics de Bruguera, Forum, Zinco o Vértice; y es que qué maravilla, pasar los dedos por esos rincones que una vez fueron tu mundo: “El viaje” o “The Ultimates”, “La vida está bien si no te rindes” o “Píldoras azules”, “Los combates cotidianos” o “Born Again”

Futurama 01

Futurama 02

Fotos: Miguel Ángel Puerta.

Aquarium.

Beber en Valencia. Asunto complicado. Beber bien en Valencia, oxímoron! Ay, la terreta; más bien pasto de clubs indeseables como On The Rocks (hola, Lucía; esto no va por ti, yo te adoro y te respeto y juro mirarte más a los ojos, besis) o antros piojosos en el Carmen. O peor, clubs como Café Balli, donde cougars salvajes campan (y mueven el pelazo) a sus anchas a la vera de cuatro lumis del este y cincuentones canallitas del ladrillo.

Pero no tiren de la cadena todavía, que nos quedan templos como el Aquarium, donde José Indalecio sigue preparando los mejores Dry Martinis de Valencia. Barra de madera caoba, camatas serviciales (¡los hay!) y la gente bien del ensanche apurando sus últimos años de ímpetu, antes del gotero y las salas de lo penal donde sus adorables hijos se matarán a palos por culpa de la herencia y el chalé en Jávea. Pero de eso ya nos ocuparemos cuando llegue, ¿verdad, Don Indalecio? Por ahora, sirva otra ronda.

Aquarium 02

Fotos: Miguel Ángel Puerta.

Fotos: Miguel Ángel Puerta.

Mercado Central.

Un tópico, lo sé. Lugares comunes, lo sé. Patria chica de modernos con sus camaritas lomográficas y sus libretas de Muji, lo sé. Turisteo de paella con guisantes y bravitas recalentadas, también lo sé. Pero que me aspen si el Mercado Central no es el jodido Camelot de cualquier amante de la gastronomía, todo (absolutamente todo) está aquí: el queso de Manglano y los pescados de Los Malagueños, los guisantes en Carme Catalá o la fruta de Puchades y Margarita, la carne de Varea o los frutos secos en Carrasco. En fin, un nirvana del papeo que tenemos la (inmensa) suerte de tener aquí, un monumental espacio donde un pequeño detalle importa infinitamente más que toda la mandanga modernista: aquí es fácil ser feliz. Superad eso.

mercat_05

Fotos: Diego Obiol.

Fotos: Diego Obiol.

* Justo es reconocer que, aunque nos han encantado los sitios escogidos por Jesús, a nosotros, en realidad, nos interesaban los de su perro Mario. Habrá que esperar al suplemento perruno que, ojalá, publiquemos algún día.

Mario y Jesús.

Mario y Jesús.

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