València Ciudad

Una calle para … Pilar Pedraza

Verlanga sigue empeñada en renombrar el callejero valenciano. Y para ello recluta a gente cuya trayectoria admira y sabe que tiene buen ojo para estos menesteres. En esta ocasión hemos pedido ayuda a Álvaro Zarzuela, que se ha decantado por dedicar una vía urbana a la escritora Pilar Pedraza.

Álvaro Zarzuela es co-fundador y director creativo de Gnomo, la concept store valenciana que ofrece objetos absolutamente imprescindibles para la supervivencia contemporánea. Hará ya un par de años escribió unos pareados sobre amores de verano y parece que gustaron.

Álvaro Zarzuela.

Una calle para … Pilar Pedraza, por Álvaro Zarzuela

Valenciana de adopción, Pedraza ha estado vinculada a la ciudad desde que en los 80 se doctoró en Historia y empezó a ejercer como profesora de Cine en la Universidad de Valencia. En los 90 fue Consellera de Cultura de la Generalitat y miembro del consejo de administración de RTVV. Títulos institucionales que la vinculan con la cultura oficial valenciana y que sin duda ayudarán a predisponer a cualquier autoridad a aprobar la correspondiente placa.

¿Pero por qué en Valencia merecemos tener una calle Pilar Pedraza? Pues para que no se nos olvide volver, una y otra vez, a sus libros. ¿Has leído sus novelas? Brujas y maldiciones, seres de ultratumba, épocas pasadas, lugares exóticos, personajes junto a quienes cruzamos líneas prohibidas para desvelar secretos que acabarán engulléndote. Todos los recursos clásicos del género… para una puesta en escena totalmente distinta. La suya es una literatura a granel inadvertidamente subversiva: en los relatos de Pedraza las mujeres han pasado de figurar como objetos a ser sujetos de la acción y del deseo. Y la trama nos engancha completamente. ¿Cuántas veces has empezado un libro por casualidad y has acabado devorándolo entero durante una noche en vela?

Y luego está la Pedraza peliculera y todos sus ensayos sobre cine. Sobre cine fantástico y de terror, por supuesto. Yo la he ido descubriendo no sé si un poco al revés. De adolescente me llegaban sus textos de crítica cinematográfica. De adulto disfruto con sus novelas de horror y fantasía. O tal vez no sea tan al revés. Porque descubrir el terror cinematográfico de la mano de Pilar Pedraza ejerce una fascinación sólo comparable a leer sus aventuras de brujas en el Imperio Romano o de circos decimonónicos viajando por un mundo de prodigios.

La calle Pilar Pedraza no sería una gran avenida ni un espacio amplio y soleado. Sería una calle serpenteante, con recovecos inesperados, patios escondidos y arquitectura de tiempos poco precisos. Como igualmente imprecisa sería su ubicación. ¿No estaba aquí ayer? ¿No se llegaba a la calle Pilar Pedraza al girar aquella esquina? Juraría que… Estaría, eso sí lo sabemos, en algún barrio con su propio casco antiguo, como Benimaclet o Russafa, con quién sabe qué historias ocultas bajo su trazado centenario. O, mejor todavía, en El Carmen, una tierra laberíntica de geometrías inesperadas. Sería una calle como sus novelas: de donde no pudieses escapar hasta el alba. Una calle en la que, al entrar, algo se perdiese. Pero se ganara algo aún más importante. Como al leer a Pedraza.