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Las revistas valencianas en papel están vivas, ¡viva!

Foto: Saz Enif.

1- Corren malos augurios para la prensa en papel (malos augurios que llevan ya años sobrevolándonos), pero lo cierto es que en València se respira olor a tinta gracias a unas cuantas revistas de estupenda factura. Una de ellas es Alta Tensión, que ha sacado a la venta su segundo número, y es todavía mejor que el anterior. Más páginas, nueva maquetación y portadón de Leó Quievreux. Dentro, un festín de viñetas y textos (entrevistas y perfiles bien documentados), en un menú con bocadillos nacionales e internacionales bien combinados, igual de sabrosos para fanáticos de las historietas que para neófitos. El aroma noir y de sci-fi vintage de Stefano Zattera; el endiablado ritmo narrativo de Ertito Montana, con varias lecciones de giros de guion incluidos en tan solo ocho páginas; el caracter sensitivo, que parece traspasar sus páginas, de la historia que firma la dupla Tina Thomas y Jasjyot Singh; el estremecedor futuro distópico que pinta Kundo Krunch o el thriller localizado en València (de la Ciudad de las Ciencias a Casa Jomi) de Boris Caramull y Adrián Bago, son solo algunos de los motivos para no dejarla pasar.

2- Lletraferit alcanza su número veinte con un ejemplar de cien páginas coronado por la portada de Alba López Soler. La revista pide encerrarse con ella, aislarse del móvil, y entregarse sin tregua a la lectura. Hay gasolina para rato. Y un denominador común, las historias. Historias que alguien tenía que contar (Tetín, la dama de la pilota a Borriana), historias recuperadas (Blasco Ibáñez a través de Martí Domínguez), historias de ausencias (el sentido homenaje de Óscar Mora a Llorenç Giménez), historias de búsqueda (una inmersión por las aguas del Portitxol con Josep Vicent Miralles a pleno pulmón), historias de encuentros (ese mano a mano entre Manuel Baixauli y Joan Benesiu), historias del pasado (el Tirisiti y su irreverencia) y actuales (la entrevista al dramaturgo Manuel Molins), historias que rebuscan (Vicent Molins en Ca Pepico), historias que parecen películas (Cayetano Ros y la trama que acabó con Marcelino y Mateu Alemany), historias verdes (l’infernet de Rafael Solaz),… Y más, y más, del Kurdistán a Castelló, de Vivant Denon a la Gandia del Siglo de Oro. La lectura como sinónimo de felicidad.

3- A Cuadernos Efe Eme se sabe cuando se entra, pero no cuando se sale. Ya llevan veintidós entregas desde que renacieron con formato libresco, lomo generoso y contenido que dribla a la actualidad que da gusto. El futuro, del papel, seguramente, irá por ahí, por revistas que vale la pena guardar porque lo que cuentan no tiene fecha de caducidad, y siempre apetece consultar. El valenciano Juan Puchades dirige esta publicación musical trimestral que en su entrega invernal lleva a Christina Rosenvinge en primera plana. El tracklist es para pedir bises una y otra vez: Xavier Valiño escribe ¡trece páginas! sobre la historia de la canción Hallelujah, de Leonard Cohen; Luis Lapuente dedica ¡23! a un breve diccionario funk; Carlos Pérez de Ziriza se detiene en los siete primeros trabajos de REM; los primeros años, también, de Mari Trini son recordados (y reivindicados justamente) por Luis García Gil; están The Who y Miles Davis, John Cale y Allman Brothers Band, Benny Moré y Nick Cave, o Diego A. Manrique recordando el programa de televisión ¡Qué noche la de aquel año!. Periodismo de largo recorrido para ser disfrutado sin prisas.

4- trencadís es la más joven de las cuatro. La revista de la Associació Cultural Remember València (perderse en su foro de SkyscraperCity, en su facebook, en su Rememberteca o en su blog es un auténtico placer) es como dar un paseo por la ciudad con los ojos muy abiertos, tan abiertos que es posible descubrir aspectos de la misma ya desaparecidos. Después de leer las poco más de 50 páginas de su primer número, la visión y el conocimiento sobre València será distinto. Identificar los restos del alumbrado por gas, conocer la Pobla de les Fembres Pecadrius, fijarse en las puertas metálicas y sus placas y descubrir la historia que hay detrás de ellas, alojarse mentalmente en la Fonda del Cid o recorrer los lugares que evocan las postales antiguas que aparecen en la publicación, todo eso se incorporará al día a día del lector sin ningún esfuerzo. Hay más revistas en papel valencianas (Gràffica, Ferida, Dúplex, Debats, Xiulet, Mètode, Plaza, Cartelera Turia, Beat, AU, Mondo Sonoro, Los Ojos de Hipatia,…), alguna que seguro no recuerdo ahora, y las nuevas Nostromo, Plaça del Mercat y 491 a las que aún no he podido hincar el ojo. ¡Viva!