Letras Somos lo que leemos

Luci Romero

Luci Romero. Foto: Paula Bonet.

Luci Romero es librera y poeta.

¿Somos lo que leemos?

Creo que existen pocas experiencias más libres que la lectura. Cada página que leemos nos aporta. Somos la suma de esa larga lista de historias que han llegado hasta nosotros, las que se quedan y conforman lo que somos hoy. En mi caso, ha sido y sigue siendo un alimento básico en mi día a día. La lectura nos nutre y parte de nuestra manera de ser y estar en el mundo toma como referentes muchas de esas lecturas. Siempre he pensado que la lectura consigue transformarnos

Un libro de tu infancia.

Cuando era pequeña iba al conservatorio, pero me costaba mucho estudiar solfeo y odiaba a mi profesora de piano, faltaba a clase casi todos los días y me escondía en la biblioteca que estaba justo debajo del conservatorio. Allí leía muchos libros, clásicos de la literatura infantil, pero mis favoritos eran los libros de Conan Doyle, leía a escondidas Las aventuras de Sherlock Holmes.

Un libro de tu adolescencia.

Empecé muy joven a leer poesía, en la escuela, independientemente de las lecturas que nos proponían, intentaba descubrir otras cosas. Llegué a Lorca muy jovencita, para mí fue una explosión dentro de mi cabeza. Y Poeta en Nueva York es uno de los libros que más me han aportado en toda mi vida.

Un libro de tu juventud.

El cuaderno dorado, de Doris Lessing. En mi pueblo había dos librerías, ahora ninguna, pero eso es otra historia. Yo solía ir a una de ellas, era librería papelería, pasaba prácticamente cada tarde, tenía unas cuatro estanterías dedicadas a novela, anotaba nombres y leía las contraportadas, los anotaba para posibles regalos. Y en una ocasión mi hermana me regaló ese libro. Doris Lessing fue una de mis despertadoras.

Un libro actual.

Preparación para la próxima vida, de Atticus Lish. Este libro editado por Sexto Piso sigue resonando en mi cabeza de manera intermitente. Una novela que me dejó sin aliento, el personaje femenino, Zou Lei, una inmigrante musulmana de origen chino, es brillante. Una historia de amor, o más que amor, protección mutua, que lleva a sus personajes al borde del hundimiento, que habla de una sociedad que necesita una depuración urgente.

Un libro de siempre.

He dejado para este apartado Moby Dick, de Melville. Es el libro que más veces he leído, releído o buscado información sobre él. No sé bien por qué se ha convertido en mi libro de cabecera. En una especie de obsesión. Recuerdo que la primera vez que lo leí fue una Navidad, estaba en el instituto, no tengo buen recuerdo de esos días, pero sí de la intensidad con la que devoraba el libro. Nunca he podido sacar a Ahab o a Moby Dick de mi cabeza.

Un libro por leer.

Pues uno que estoy deseando hincarle el diente: El viento, de Dorothy Scarborough (Errata Naturae). Habla de la mujer en el Oeste, esas llanuras del oeste americano que tanto me fascinan. Una especie de novela gótica con lo desértico y el miedo a uno mismo, a la soledad, a la locura.

Un libro que no pudiste acabar de leer.

Todos los de Perez-Reverte. Me agota.

Un libro que te gustaría haber escrito.

En Grand Central Station me senté y lloré, de Elizabeth Smart. Leí este libro tras leer un artículo de Vila Matas hace como más de diez años, en ese momento no estaba disponible, poco después lo reeditó Periférica (agradezco enormemente todo lo que Julián Rodríguez ha hecho por la literatura, deja un gran vacío) y el día que lo descubrí casi lloro. La historia de la autora me fascinó, y es un libro de tal lirismo que creo que nunca leeré algo similar. Me habría encantado escribirlo.

Un libro que te gustaría que existiera.

El que estoy escribiendo en estos momentos.

Tres cosas que te gustan más que leer.

Más que leer… difícil. Escribir, quizás. Me gusta ir a nadar después de leer. Y me gusta recomendar libros que he leído.