La Rambleta acoge el 28 de febrero Las amistades peligrosas, dirigida por David Serrano y protagonizada por Pilar Castro, Roberto Enríquez y Carmen Balagué, una versión contemporánea del clásico de Christopher Hampton.
El próximo 28 de febrero, La Rambleta vuelve a poner en escena una de las grandes historias sobre el deseo, la manipulación y el poder con Las amistades peligrosas. Escrita en el siglo XVIII y convertida en un referente indiscutible del repertorio teatral contemporáneo, la pieza conserva una vigencia que dialoga directamente con el presente.
Bajo la dirección de David Serrano, el montaje subraya cuestiones como el abuso de poder, el consentimiento, la manipulación emocional y la influencia corruptora del dinero. El propio director destaca que la obra «habla de cosas que han pasado, pero que todavía siguen pasando, de cómo las clases más poderosas son capaces de jugar con total impunidad con los menos favorecidos, y de cómo el sexo y la necesidad de poseer marcan, a menudo, nuestras vidas».
El reparto está encabezado por Pilar Castro, Roberto Enríquez y Carmen Balagué, que encarnan a personajes complejos, magnéticos y moralmente devastadores. Valmont y Merteuil, centro de esta trama de intrigas, representan unas élites capaces de ejercer su dominio sin límites sobre quienes les rodean, en un juego perverso donde el amor se convierte en arma.
David Serrano, con una sólida trayectoria en cine, teatro y televisión, ha firmado guiones como El otro lado de la cama y dirigido películas como Días de fútbol. Sobre las tablas, ha estado al frente de producciones de gran formato como The Book of Mormon, Billy Elliot, Los asquerosos o Metamorfosis para el Festival de Mérida.
La versión teatral es la célebre adaptación de Christopher Hampton a partir de la novela de Pierre Choderlos de Laclos, publicada en 1782 y considerada una de las cumbres de la literatura europea. Desde su estreno, el texto ha demostrado una capacidad extraordinaria para diseccionar las relaciones de poder y deseo con una precisión que sigue resultando incómoda. Hampton lo resumía así tras el estreno: «Lo que fascina de esta historia es su vigencia. La manipulación de los sentimientos y el uso del amor como arma son temas tan actuales hoy como lo eran en el siglo XVIII».
La propuesta escénica apuesta por un minimalismo radical: un espacio prácticamente vacío, limpio y elegante, sin referencias de época en vestuario o escenografía. Todo queda al servicio de la palabra y de la interpretación, reforzando la contemporaneidad del texto y colocando al público ante un espejo tan seductor como inquietante.













