La coreógrafa canadiense presenta Unarmoured, una pieza que investiga el deseo, la vulnerabilidad y las posibilidades del cuerpo más allá de las convenciones de género.

La coreógrafa y bailarina canadiense Clara Furey llega a La Mutant hoy,  4 de noviembre, con Unarmoured, una propuesta que utiliza el movimiento y la sensualidad para explorar el cuerpo desde una perspectiva física y existencial. La pieza se adentra en el deseo, la vulnerabilidad y el erotismo entendido como una fuerza vital, lejos de las representaciones convencionales.

Furey plantea una investigación sobre la identidad y las distintas formas de habitar el cuerpo. Su trabajo parte de la idea de que no somos una realidad fija, sino seres en constante transformación. A través de lo que denomina «erotismo cósmico», la creadora busca trascender las categorías de género y explorar otras maneras de relacionarnos con nuestra propia corporalidad.

En Unarmoured, el erotismo no se aborda desde una perspectiva explícitamente sexual, sino como una experiencia sensorial y una forma de conexión con la materia. La coreógrafa habla de recuperar una energía que remite a la infancia, libre de juicios y convenciones, y de explorar estados físicos y emocionales que permitan acercarse a otras formas de percepción.

Afincada en Montreal, Clara Furey desarrolla un lenguaje escénico que cruza la danza con otras disciplinas artísticas. Sus montajes, habitualmente minimalistas, buscan generar atmósferas íntimas y dejar espacio a la experiencia individual del espectador. Formada musicalmente en el Conservatorio de París y posteriormente en la École de danse contemporaine de Montréal, ha trabajado con creadores como George Stamos, Damien Jalet y Benoît Lachambre.

Sus piezas han recorrido festivales internacionales como la Bienal de Venecia, el Festival TransAmériques de Montreal y el ImPulsTanz de Viena. En 2025 recibió el Prix de la Danse de Montréal en la categoría de Proyección Internacional, en reconocimiento a la trayectoria y el alcance de su trabajo.

Unarmoured propone así una aproximación al cuerpo como territorio abierto, cambiante y múltiple, en una pieza que invita a cuestionar las identidades establecidas y ampliar nuestra manera de entender el deseo.