Escenarios

Raúl Artacho y sus primeras veces con «las esclavas de Dios»

«Las esclavas de Dios».

Cuando Fernando Trueba recogió su Oscar por Belle epoque dijo que si hubiera creído en Dios le hubiera agradecido el premio, pero como solo creía en Billy Wilder, era a él a quien le daba las gracias. Al día siguiente, Wilder telefoneó a Trueba. Cuando el cineasta español descolgó oyó una voz al otro lado que le dijo «Hola Fernando, soy Dios».

Billy Wilder ya no es Dios en la obra Las esclavas de Dios (Teatre Talia, hasta el 30 de junio). Como ya apunta el título es su esclava, sí en femenino. No es el único. También lo son Quentin Tarantino, Stanley Kubrick y Woody Allen. Los cuatro se encuentran en el purgatorio, cumpliendo «una peculiar condena, escribir las historias que sostienen la vida en la Tierra como equipo creativo de Dios». Son sus guionistas.

Detrás de este peculiar argumento se encuentra Raúl Artacho, que también se encarga de la dirección del montaje. En el escenario: Amparo Oltra, Arantxa González, Lucía Aibar, María Minaya y Josep Manel Casany.

Le pedimos a Artacho que seleccione su película favorita de cada uno de estos dioses cinematográficos, pero para él «es muy difícil. Soy incapaz de elegir mi favorita de cualquiera de los cuatro guionistas-directores». Eso sí, nos propone una alternativa igual de interesante: «Os contrapropongo un juego, la primera vez que vi una de sus películas». Nosotros aceptamos, así que ocupen sus butacas, que apagamos las luces y empiezan las proyecciones con Artacho al mando:

🎬 Quentin Tarantino: Pulp Fiction (1994)

Recuerdo perfectamente cuando vi la vi, fue un 1 de abril de 1995. Estaba empezando la universidad, era mi primer año. Cursaba Ciencias de la Información, en la especialidad de Imagen y Sonido, lo que viene siendo ahora Comunicación Audiovisual. Tras el estreno de Pulp Fiction todos queríamos ser Quentin Tarantino. Teníamos que rodar cortometrajes como parte de algunas asignaturas, y muchos jugaron o jugamos a imitarlo.

Fuera del ámbito universitario también fue la película que marcó a una generación, mi generación. Y, sin embargo, no puedo afirmar que me gusta más o que la prefiero al resto de sus títulos. Reservoir Dogs, Jackie Brown, Malditos bastardos, Kill Bill vol. I o Django son algunos ejemplos de una cinematografía superlativa.

🎬 Stanley Kubrick: 2001: Una odisea del espacio (1968)

La primera vez que la vi tenía 14 años, había oído hablar maravillas de ella. Me horrorizó. Me pareció lenta, aburrida y una rayada mental. Años más tarde, de nuevo en la universidad, la desenterré y volví a ver. En esa ocasión me enamoró cada segundo de cada plano.

Pero, de nuevo, no puedo decir que la prefiero a La naranja mecánica, para mí igualmente excepcional. La chaqueta metálica, Lolita, ¿Teléfono rojo? volamos hacia Moscú, El resplandor, Eyes Wide Shut, Barry Lindon, Espartaco son grandes películas de la historia del cine.

🎬 Billy Wilder: Un, dos, tres (1961)

Desde niño tuve la suerte de ver muchas películas antiguas en el cine, y no hablo sólo de estrenos, entonces el tiempo, la concepción del tiempo era distinta, una película podía estar más de un año en cartel. Además había multitud de salas de cine, con programaciones completamente diferentes y transversales, recuerdo ver una reposición de películas de los hermanos Marx por ejemplo.

Pues en una de esas ocasiones, vi Un, dos, tres. Me quedé alucinado con el ritmo de la película, puro frenesí, entendí que esa forma de contar las cosas era única, y con 10 años, algo se despertó para siempre, mi devoción por Billy Wider. Pienso como Trueba, que Billy Wilder es Dios. El crepúsculo de los dioses, Perdición, El apartamento, Con faldas y a lo loco, Irma la dulce, Testigo de Cargo, Sabrina, En bandeja de plata, El gran carnaval, La vida secreta de Sherlock Holmes… todas sus películas son monumentos de la historia del cine.

🎬 Woody Allen: Desmontando a Harry (1997)

Recuerdo cuando vi Desmontando a Harry. La vi en los extintos cines Albatros de Valencia en 1997. Yo seguía con mis estudios de Comunicación Audiovisual, estábamos en tercero. Era un sábado por la tarde, mis amigos de toda la vida y yo habíamos quedado para ir al cine, les había convencido para ver Desmontando a Harry, ellos tenían sus reticencias, no era enamorados del genio neoyorkino por antonomasia, sin embargo les convencí todavía no sé muy bien cómo.

Fuimos a los Albatros, nos sentamos en la butaca y empezó la película, evidentemente en V.O. detalle que yo había omitido. Si lo hubiese hecho no habrían accedido a verla. Me miraron todos con cara de odio. Lo que menos les apetecía era ver una película de Woody Allen en V.O. Cinco minutos después de sus miradas asesinas, se estaban muriendo de la risa, viendo y leyendo la película. Y ese es mi recuerdo favorito Woody Allen.