Una tragicomedia sobre dos personajes invisibles que pone el foco en la dignidad y la supervivencia en los márgenes sociales.

Del 27 al 29 de marzo, Sala Russafa acoge el estreno en la Comunitat Valenciana de Más perdidos que carracuca, una propuesta incluida en el XV Ciclo de Compañías Nacionales con la que el espacio se suma a la celebración del Día Mundial del Teatro.

La pieza, escrita y dirigida por Emilio del Valle, está interpretada por Jorge Muñoz y David Fernández ‘Fabu’, y llega a València como una coproducción de las compañías madrileñas Tarambana Teatro, A Fuego Lento e Inconstantes Teatro. El montaje se alinea con el espíritu del manifiesto internacional de 2026, firmado por Willem Dafoe, que reivindica el teatro como experiencia compartida frente a la creciente mediación tecnológica.

La obra se adentra en la cotidianidad de dos hombres que comparten habitación en una pensión precaria. Unidos por la necesidad, construyen una peculiar relación que oscila entre la complicidad, el conflicto y una solidaridad casi instintiva. «Son conscientes de que juntos tienen más posibilidades de sobrevivir», explica Del Valle sobre este vínculo que convierte a los protagonistas en una suerte de familia improvisada.

Con una combinación de humor, ternura y una marcada poética, la pieza propone mirar hacia quienes habitualmente quedan fuera del foco. En un contexto donde la exhibición de bienestar domina el relato social, Más perdidos que carracuca pone la atención en quienes apenas cuentan con recursos y sobreviven en los márgenes.

La dramaturgia introduce elementos como la acumulación de objetos inservibles, cercana al síndrome de Diógenes, entendida también como respuesta a la carencia. «Coleccionas lo que está a tu alcance, aunque no sirva de mucho», apunta el autor, que incorpora detalles cotidianos para revelar una fractura social más profunda. Uno de los personajes se aferra a periódicos antiguos para entender un mundo que percibe como cíclico, mientras el otro, analfabeto, opta por mantenerse al margen de esa realidad.

Fiel a una trayectoria que evita la grandilocuencia, Del Valle apuesta por una puesta en escena contenida, donde el peso recae en la interpretación. «La verdad, la belleza de la interpretación es lo que me conquista de este oficio», señala el director, que reduce el espacio escénico a unos pocos muebles y elementos simbólicos, como botellas iluminadas que evocan la evasión y la imaginación.

La naturalidad de la narración y la caracterización de los personajes sitúan al espectador dentro de un universo donde lo mínimo adquiere valor. Situaciones aparentemente insignificantes, como la discusión por unos zapatos, se convierten en el centro de un conflicto que refleja la precariedad. Desde ahí emerge un humor delicado que refuerza la crítica social.

Sobre el escenario, David Fernández ‘Fabu’ y Jorge Muñoz encarnan a dos figuras antagónicas y complementarias, con una fuerte carga humana. Sus personajes representan a quienes habitan espacios invisibles de la ciudad: quienes encadenan trabajos precarios, viven en habitaciones de alquiler o han quedado al margen de los vínculos familiares.

Inspirada en la trayectoria de la compañía andaluza La Zaranda, la obra reivindica la capacidad del teatro para contar vidas que rara vez ocupan el centro del relato. Una propuesta que, en el marco del Día Mundial del Teatro, subraya el valor de la escena como herramienta para mirar y comprender la realidad contemporánea.