
Foto: Miguel Lorenzo
El MuBAV amplía su colección permanente con 28 obras clave del cambio artístico entre los siglos XIX y XX, incluyendo adquisiciones recientes.
El Museo de Bellas Artes de València (MuBAV) incorpora a su recorrido expositivo dos nuevas salas dedicadas a la pintura española de finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, con un enfoque en la llamada España Negra y en el desarrollo de la vanguardia figurativa. La intervención refuerza el discurso museográfico del Edificio Pérez Castiel, donde se articula la colección de arte de los siglos XIX y XX.
Ubicadas en la tercera planta, las salas reúnen un total de 28 pinturas que trazan un recorrido por la evolución de la mirada artística en un periodo marcado por tensiones sociales, cambios estéticos y la apertura hacia corrientes internacionales. Entre las piezas destacan ocho adquisiciones recientes incorporadas al patrimonio público valenciano, que se presentan por primera vez tras su restauración.
El conjunto incluye obras como Carnaval en las Ventas, de José Gutiérrez Solana; La hija pródiga, de Carlos Vázquez Úbeda; el retrato de María Teresa Llavallol de Atucha, de Ignacio Zuloaga; Mujer con su bebé en el campo, de Julio González; el retrato de José Pereira da Graça Aranha, de Daniel Vázquez Díaz; el de Miguel de Unamuno, de Juan de Echevarría; un Retrato femenino, de Pere Pruna; y El joven torero, de Emilio Grau Sala.
Asimismo, se incorporan por primera vez a la exhibición La fillette à la soupe, de María Blanchard, adquirida en 2025, y el Retrato de Larrauri, de Enrique Albizu, donado recientemente al museo.

Foto: Miguel Lorenzo
Según el director del museo, Pablo González Tornel, artistas como Gutiérrez Solana o Antonio Fillol proyectan una mirada crítica sobre la España de 1900, mientras que figuras como María Blanchard o Julio González establecen conexiones con la vanguardia parisina, evidenciando la diversidad y vitalidad de la colección.
El recorrido expositivo dedica un primer ámbito a la pintura de crítica social surgida a finales del siglo XIX, en un contexto de profundas transformaciones políticas y sociales en Europa. Este género alcanzó notoriedad en España tras el reconocimiento de Luis Jiménez Aranda en la Exposición Universal de París de 1889 con La sala de hospital durante la visita del médico. En el ámbito valenciano, Antonio Fillol Granell destacó con obras como El amo o Después de la refriega, donde abordó con crudeza la desigualdad y la violencia social.

Foto: Miguel Lorenzo

Foto: Miguel Lorenzo

Foto: Miguel Lorenzo
Esta corriente entroncó con los planteamientos de la Generación del 98, cuyos escritores mostraron afinidad con la visión sombría de artistas como Zuloaga o Gutiérrez Solana. La oposición estética frente a la pintura luminosa mediterránea tuvo episodios significativos como la Exposición Universal de París de 1900 o la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1904, donde algunas propuestas innovadoras fueron relegadas a espacios marginales.
El discurso se completa con referencias teóricas como la publicación de España Negra en 1898, con textos de Émile Verhaeren ilustrados por Darío de Regoyos, o el libro La España Negra de Gutiérrez Solana en 1920, que consolidaron una visión crítica del país.
El segundo ámbito aborda la irrupción de la vanguardia figurativa en España durante las primeras décadas del siglo XX. En paralelo al desarrollo de las corrientes abstractas en Europa, en el contexto español convivieron diversas tendencias que buscaron renovar el lenguaje pictórico sin abandonar la figuración.
Figuras como Daniel Vázquez Díaz, Julio González o Juan de Echevarría introdujeron influencias del postimpresionismo y el fauvismo, mientras que artistas como María Blanchard, Salvador Dalí o Josep de Togores reformularon la representación tras el impacto del cubismo.
El llamado Arte Nuevo se consolidó como una ruptura con la tradición académica y se vinculó con la Generación del 27, dando lugar a asociaciones como la Sociedad de Artistas Ibéricos. Creadores como Ángeles Santos, Maruja Mallo o Rosario de Velasco impulsaron nuevas formas de realismo que situaron a la pintura española en diálogo con el panorama europeo.
El recorrido concluye con la interrupción que supuso la Guerra Civil en 1936, que frenó el desarrollo de esta vanguardia emergente y condicionó la evolución de numerosos artistas.









