SanIsidro. Foto: Freya Copeland.

El primer disco de SanIsidro, a lo pesau, a lo bajo y a lo llano (Slovenly Recordings), fue una de las mejores noticias del calamitoso 2020. Isidro Rubio (Wau y los Arrrghs!!!, Venereans, Poder Absoluto…) publicó un álbum al que le cuesta encontrar parangón en la escena valenciana actual, pero que actualiza una tradición mediterránea que se había quedado huérfana a pesar de algunos intentos.

Seis canciones inconmensurables, en las que la libertad compositiva de su autor se traslada a la libertad que provoca en el oyente su escucha. Suenan cercanas y al mismo tiempo tan lejanas como sea capaz de llevarte la imaginación. Canta en castellano y en valenciano, mezcla estilos y sonoridades con excelso resultado, explota la capacidad de la psicodelia de generar estados de ánimo optando por bajar las revoluciones y por la repetición contagiosa, incita al canturreo, al baile despreocupado y a la calma como si fuera una tormenta de verano escampando, y sobre todo se arraiga, se llena los pies de agua y barro, y abraza las músicas populares sin esnobismo. Pero nadie mejor que él para contarnos su disco, canción a canción:

1- Calamata

Es mi canción favorita. Es la primera. Aunque ya tenía “Miratge” y “No hacen uno”, con “Calamata” me di cuenta de que estaba haciendo mi propia música. Creo que suena a muchas músicas diferentes y a ninguna en concreto. Esta es la música que yo quiero escuchar. Esta es la música que yo quiero hacer.

Escuchando las demos que hice de esta canción es interesante ver cómo fue evolucionando hasta el resultado final en el estudio. Solo conservo la primera y la última de estas demos y ni siquiera parecen el mismo tema. La primera está dos tonos más alta que la que hay en el disco, es un poco más rápida, más oscura, el bajo es muy errático y es más ácida. Está cantada susurrando al micro porque eran las dos de la mañana cuando grabé la voz y aún así suena muy amenazante y hostil. Yo quería hacer música amable y sentida, que te invite a escucharla sin imponerse, que te haga compañía. Esta es la cualidad que busco en la música de los demás y no tiene mucho que ver con la música que había hecho hasta entonces tocando en grupos, con un estilo o género más o menos definido.

Con esto en mente estuve dándole vueltas sin buscar nada en concreto, sin intentar parecerme a nada. Un día me reconocí en el sonido y me di por satisfecho. Con esta última demo, mucho más elaborada, llegué al estudio Tigruss (Els Poblets, Alicante) y dije: Pepe, ¡este disco lo voy a grabar yo todo! Me la puse por cascos y grabé uno a uno todos los instrumentos en playback y por este orden: guitarra1, pandereta1, congas, darbuka, bajo, panderetas2 y 3, ride, pandereta4 y voz. Una vez en Berlín (Bigsnuff Studios), grabé una guitarra más antes de mezclar y masterizar y doblé la guitarra esa a la que alguien ha llamado”arácnida” (spidery) y que es mi intento de imitar los violines mordentes de la música turca. Nunca escribí la letra. La improvisé una de las primeras veces que grabé la voz en casa y tal cual se quedó. En el estudio años después, cambié dos versos mientras la cantaba. Ahora que lo pienso, creo que grabé la voz en Berlín.

2- Unicorn embolat

Esta es la ultima que hice de todas. Le he tomado un poco de tirria. Parece que siempre está en medio. Parece que todo el mundo tiene algo que decir sobre ella. En realidad la hice “por encargo” para mí: necesitaba un tema para poner entre “Calamata” y “Avantguarda” porque no me gustaban las dos seguidas. Tenía esta melodía que no sabía de dónde me sonaba. Pensaba que era una de esas canciones de saltar a la comba o jugar a la goma en el recreo que se cantan con excesivo ímpetu y escaso aliento y a mí me obsesionan desde que era pequeño. Se te meten en la cabeza y se repiten hasta el infinito. Luego se ralentizan y acabas adornándolas porque la melodía es muy monótona… al final ni las reconoces. Un día me puse con ella y me gustó todo lo que iba saliendo.

Mi novia me hizo un videoclip que grabamos a 200 metros de casa durante la hora y media de noche que teníamos antes del toque de queda y gustó mucho. Me han preguntado si el unicornio soy yo, si es una fantasía sadomasoquista…de todo. Lo más chocante es que algún defensor de los Bous al carrer la ha tomado como un homenaje a su tradición, y me ha escrito para darme las gracias y felicitarme, …¡vaya tela!

Yo cuando la escribí pensaba en un cuentito tipo “Los niños tontos”, de Ana María Matute pero en un paisaje de L’Horta a lo Blasco Ibáñez. No me gusta decir de qué va porque creo que es muy obvio. Sobre todo con el videoclip.

Esta canción acabó siendo el single del disco, solo porque “Calamata” era muy larga. Es la favorita de muchos y en algunas familias la favorita de tres generaciones. Hasta una chica de Canadá me escribió acusándome de haberle plagiado la melodía principal y “traducirla al italiano”…¡¡¡ufff!!! Para ser una canción tonta y facilona que iba de relleno está dando mucho de sí. Veremos qué más pasa con ella…

3- Avantguarda (la tia carmen)

Y, hablando de interpretaciones peregrinas y gente que se da por aludida, una chica me dijo convencidísima que “Avantguarda” era un himno nacionalista y que no me molestase en llevarle la contrária….Ai, Mare!

Aparte de esto, poco más que añadir, lo dicho sobre “Calamata” sirve para esta. En este caso, la inspiración y la raíz o el tronco principal de la estructura es la música rebetiko aunque, después de años dándole vueltas, fue cogiendo aires de muchas otras madres. Y, ¡qué bonito es cuando esto sale bien! Un proceso tan largo como este solo me lo puedo permitir haciendo música yo solo. En el estudio conté con Pau Martí, una pedazo de percusionista valenciana y con mi hermano Jose (DjRosvil). Pau tocó aquí el udu, una especie de botijo árabe y el cajón en “Unicorn” y mi hermano las panderetas, sonajas, cascabeles… en las dos también.

4- No hacen uno

En 2013 y 2014, en Berlín, una amiga y yo, le alquilábamos la casa a una profesora de piano a la que se le había quedado pequeña y se fue llevando los pianos uno a uno al nuevo local excepto uno que se quedó en mi habitación casi un año. Entonces, yo estaba escuchando mucho son cubano, boleros y salsa y me sentaba al piano e intentaba aprender a tocar. Empecé con la idea de escribir un bolero y acabé con este disparate y esa intro que está entre “Come together” de Lennon y “Caramelos” de Los Amaya, que es con lo que estaba tonteando cuando se me ocurrió. Los versos de esa especie de salmodia final los saqué de “Gato Negro, Gato Blanco” de Kusturica. De la escena en que el abuelo se aut induce un estado catatónico para salvar a su nieto de casarse con La Canija. Como tenía a Cristina en el estudio para cantar “Unicorn” y se trajo a Samuel, los puse delante del micro y les dije: A ver, aquí todos hemos ido a un colegio católico. Si os digo que leáis esto como si fuera el Ángelus ya sabéis a lo que me refiero, ¿no? ¡Éxito a la primera toma! Fueron muchos años de “adoctrinamiento”.

Me han preguntado algunas veces si va sobre un triángulo amoroso, y me hace gracia porque siempre pienso en “Corazón loco”, de Antonio Machín de quien soy fan absoluto, pero, no, no.

Si digo que esta canción está arreglada como un tema de hip hop de los 90 no sé si sabría cómo explicártelo pero, para la dinámica entre la batería, el bajo y la guitarra lo que tenía en mente era NWA o A Tribe Called Quest, por ejemplo.

5- Miratge

En 2013 coincidí en Berlin con Mark Sultan, Dale McDonald (Acid Baby Jesus, Demons Claws…) y Nene Baratto (Movie Star Junkies, Big Snuff Studios), montamos un grupo y grabamos un disco entero excepto las voces porque todos se fueron de gira con sus respectivos grupos y aunque todos vivíamos en Berlín, no volvimos a coincidir los cuatro a la vez en el mismo sitio en años. Mark escribió la mitad de canciones y yo la otra. Me quedé con ganas de hacer algo distinto con la música de “Miratge”. Originalmente “Mirage”, escrita en inglés no me interesaba, sin embargo caía palabra por palabra en valenciano. Por ejemplo: are-we-there-yet?,  ja’a-rri-be-em? Años después, me llevé el disco a Berlín para que Nene lo mezclase y masterizase y me dijo: “Me encanta el giro que le has dado a esta pero ése final suena muy mal, joder, ¡a ver qué hacemos con esto!” y tenía razón. Está muy mal tocado. Estaba ya agotado el dia que lo grabé y solo quería quitármelo de encima. Sin embargo, estoy muy contento con las guitarras que tocó Johnny Casino en esa especie de colofón final. La idea es crear una especie de clímax, pero, hazlo largo, le dije, tarda en llegar porque cuando empiece a culminar voy a hacer un fade-out y lo bueno se va a quedar fuera. Lo que me interesa es el recorrido, la melodía creando unas expectativas que no se cumplen, como esta canción que va de engañarse mutuamente. Me dijo que tenía una idea con dos guitarras que se empujan la una a la otra… ¡¡¡genial!!!

6- Penya-segat

Se me ocurrió volviendo a casa un día. Iba tarareando una de esas melodías antiguas, de las que hay en las antologías de folclore regional que el Profesor Garcia Matos recopiló para la Fonoteca Nacional. A cada vuelta que le daba a la tonadilla le añadía un verso o dos y cuando llegué a casa ya la tenía. La grabé a capela para no olvidarla y luego añadí la guitarra. Grabada así, sin prestarle mucha atención, tenía una torpeza y un encanto como el de quien se canturrea mientras hace otra cosa, sin darle importancia, para entretenerse a sí mismo. Hay gente que tiene un verdadero don para esto aunque no se consideren cantantes. Seguramente porque no se consideran cantantes. Cuando vivía al lado de El Caña bajaba a tomar café temprano porque sabía que estaba la madre en la cocina canturreando con ese tono indiferente y relajado, tan bonito. Y así, temprano, con la reverberación del bar aún casi vacío, el sonido de su voz era algo embriagador, casi hipnótico. Así sonaba “Penya-segat” cuando la grabé en casa. Un trocito de esta demo iba a ser un interludio entre “Calamata” y “Avantuarda” pero, con el tiempo se convirtió en una de mis favoritas y decidí volver a grabarla en el estudio y utilizarla entera.