Pantallas

Buscando (y encontrando) a Óscar Peyrou

En busca del Óscar se presenta como un documental sobre la figura del periodista y escritor Óscar Peyrou y su método de ejercer la crítica cinematográfica sin ver las películas, a partir de su cartel, el reparto o la sonoridad del título. Pero la cinta va más allá de la extravagante anécdota o de la visión que traza sobre los festivales de cine y su funcionamiento. Y aquí es donde gana en interés, cuando abandona el interior y la periferia de las salas de cine e inicia una expedición por la vida del protagonista.

En busca del Óscar está dirigida por el cineasta canario, residente en València, Octavio Guerra (Agua bendita), quien acompaña a Peyrou por todo el mundo, con la virtud de capturar su intimidad y la peculiar relación personal que mantiene con el entorno que le rodea, sin que su presencia (y la de la cámara) sea percetpible para el espectador.  El film solo estuvo una semana en los Cines Lys, pero no dejéis de verlo si se cruza en vuestro camino.

Guerra hace un parentésis en la gira de presentación de la película y contesta nuestras preguntas.

¿Qué tiene de ficción y qué de realidad la película?

Si queremos encasillar la película en algún género lo más adecuado sería llamarla no ficción. El largometraje está en la frontera de la realidad y la ficción. Óscar existe, es un personaje real, es crítico y presidente de una de las asociaciones de críticos en España más importantes. La película narra su vida profesional y privada y juega mucho con la puesta en escena, la exageración y la construcción de un relato. Explicar que hay de ficción y que hay de realidad es quitar el misterio a la película, desnudarla, es contar el truco de magia. Pero para dar alguna pista diré que el primer plano de la película, el cuadro del paisaje con el agujero blanco en el centro habla bastante sobre esta cuestión.

¿Cómo surge la idea de En busca del Óscar?

A Óscar lo conozco en el año 2014 durante el Chicago Latino Film Festival. Durante el certamen yo presentaba mi primera película Agua Bendita. El primer día me lo encontré en el desayuno, intercambiamos tarjetas y le invité a ver mi película. Por supuesto que no vino a verla, pero durante esos días nos conocimos y yo intuí que detrás de Óscar podía haber una gran historia. Así que le invité a venir a Valencia. A las dos semanas se plantó en mi casa y le acompañamos a Cannes un pequeño equipo de rodaje. En esa primera grabación no tenía ni idea de lo que estaba haciendo.

¿Cómo fue el proceso creativo de la misma? ¿En qué medida participó el propio Peyrou?

Durante el primer año estuvimos grabando en festivales como Cannes, San Sebastián, Cinema Jove o Sevilla. De estas filmaciones no quedó nada en el montaje final, pero nos sirvió mucho para conocer a Óscar, la historia que queríamos contar y marcar las líneas rojas que no queríamos traspasar. Por supuesto en todo este proceso Óscar fue nuestro cómplice. En cuanto a la realización nos dimos cuenta que si la cámara reposaba con el trípode, el plano crecía y transmitía muchísimo.

¿Hay algo de «intrusismo» por tu parte, de puesta en escena, de lo que se nos relata y cómo se nos relata?

Yo no he escrito ni una sola palabra del guión de esta película, pero si que he decidido la construcción y la puesta en escena. Tras ese primer año que nos sirvió para “encontrar a Óscar” decidimos plantear una serie de premisas para la realización de la película. Una de ellas era intentar rodar un solo plano en la mayoría de las secuencias importantes de la película. Con esta decisión ganamos algunas cosas. Podía darle un significado de realización concreto a lo que estaba contando en cada secuencia a través de un único plano, y al no haber corte, la secuencia en montaje tendría mayor verosimilitud en el tratamiento de la realidad aunque estuviera preparada. Yo dejaba a Óscar fluir en su interpretación, a veces actuaba representando al personaje de la película, y otras estaba más cerca del propio Óscar, por ejemplo cuando le grabábamos durmiendo.

Pareces más interesado en reflejar las acciones más cotidianas de Peyrou (comer, ver películas en el portátil, ir al oculista, lavarse una camisa, bañarse en la playa,…) que lo que le pueda suceder en los numerosos festivales que visita. ¿Por qué?

La película tiene muchas capas. Yo siempre la comparo con una cebolla, mientras más capas quitas más pica. Lógicamente para llegar ahí teníamos que entrar en la rutina de Óscar, tanto en los festivales como en su vida cotidiana en Madrid. Las acciones rutinarias en los festivales me parecían de lo más interesante para mostrar la soledad del viajero y los “no lugares” como los aeropuertos, aviones y hoteles. Es verdad que en la película no vemos mucha interacción de Óscar en los festivales, con los directores y las películas, pero esto forma parte de otra capa más profunda que quería tratar, la del desencanto. La idea es que las secuencias de Madrid sirvieran de contraste frente a los festivales, lujo frente austeridad, pero que no tuviera tanto contraste en la propia rutina del personaje.

Aunque se hace especial hincapié a la hora de presentar la película en que versa sobre un crítico de cine que no necesita ver las películas para escribir sobre ellas, es este un tema que acaba desvaneciéndose y se convierte en algo secundario a medida que avanza el metraje y vas surgiendo otros temas (la relación de Peyrou con su exmujer fallecida, su huída de Argentina, la relación con su padre, la situación política en el mundo,…). ¿Es, de alguna manera intencionado, como si se quisiera captar la atención del espectador con lo de las críticas de películas no vistas para después contarle todo lo demás?

Exacto. El crítico que escribe sobre películas que no ve, es la capa más superficial. Se trata del disparador, la provocación. Puede ser un fake o no. Lo cierto es que Óscar escribe en una sección de la revista de arte y ensayo Canibaal, donde la premisa fundamental es hablar sobre películas que no ha visto. La revista se lo permite. Digamos que es un juego literario de cierta lucidez que busca abrir un debate sobre la crítica actual. En nuestro caso, la idea era ampliar este concepto. ¿Qué es la información hoy en día? Hoy se construye la información con intereses ideológicos y económicos. Los fakes news y los bulos han llegado para quedarse. Los políticos se duermen en el congreso mientras legislan. También nos dan información falsa continuamente que no llega a contrastarse como consecuencia de una falta de análisis y reflexión. Parece que diera igual que la información sea veraz o falsa, lo importante es difundir, impactar y manipular. Y ahí nuestra sociedad pica en el anzuelo y comparte información falsa o verdades a medias en sus redes sociales. En la mayoría de los casos no se lee la información completamente, todo por un like o difundir el primero. Esto lo está aprovechando muy bien la extrema derecha para llegar al poder. Para profundizar en esta capa más compleja y más profunda de la película tenemos que descubrir el pasado de Óscar como montonero frente a la dictadura de Videla y su herida tras el exilio. Aún así, el personaje de Óscar es tan poliédrico que resulta muy complicado hacerse una opinión concreta del propio personaje.

A lo largo de la película se escuchan varios fragmentos de programas de radio que sirven de anclaje a la actualidad, ¿qué te atraía de su inclusión? ¿Qué crees que aportan a la narración? ¿Fueron casuales, era lo que se escuchaba en el momento en el que se grabaron las imágenes que los acompañan?

La película fue creada a través de la intuición y en muchas ocasiones el azar estaba de nuestra parte. Es muy curioso, siempre tuvimos el viento a favor a medida que nos acercábamos a una gran verdad. La intencionalidad del relato aparece con mayor medida en la edición, y ahí casi nada es casual. La película tiene una posicionamiento político. Lo que oímos en la radio o través del portátil de Óscar, marca un contexto histórico actual y forma parte de otra capa de la película, quizás la más profunda, quizás la más importante. El atentando de París, el Brexit, Macri o la elección de Donald Trump son consecuencia de una ceguera global. La parte de Buenos Aires en la película es clave para contraponer el sueño colectivo de la generación del 70 y el mundo actual al que hemos llegado.

Octavio Guerra, director de «En busca del Óscar».

¿Cuánto crees que tiene la cinta de aceptación sin culpa del pasado de cada uno?

Es curioso pero esta película polariza al espectador y a la crítica, la puedes amar u odiar, no hay termino medio ni grises. Es una propuesta radical porque hay una idea de confesión, de cierta culpabilidad y de colocarse en la diana para contar otras muchas cosas de forma irónica. Esto al final es honesto y difícil de encajar. Algunos críticos se quedan tan impactados por la radicalidad del mensaje de Óscar que no logran realizar una lectura profunda de la película. Hay espectadores que se sienten sacudidos e impactados de comprobar o descubrir como funciona este mundo y también hay otros que su ética no les permite encajar la propuesta. Otros se ven reflejados ante un espejo que les hace revivir alguna etapa de sus vidas que desean olvidar; el desencanto, la depresión, las pocas ganas. Pero, ¿Qué es el arte? ¿No debe provocar y sacudirnos?

¿En qué medida compartes la visión sobre la crítica o los jurados de los festivales que se desliza en En busca del Óscar?

Hay que distinguir entre el crítico de los grandes medios de comunicación y el especializado en revistas de cine. En muchas ocasiones es más fácil encontrar la independencia en estas revistas especializadas o en los blogs. Lógicamente un crítico no va a hablar mal de una película que su medio de comunicación tenga intereses publicitarios o vínculos con la producción de la película. De todas formas, las críticas en los medios masivos que conocemos es mucho más sintética. Esta crítica está entre una reseña con la información básica de la película y una pequeña opinión más conceptual. Yo creo que a través de esta información básica, el cartel, el tráiler y cierta imaginación literaria uno puede estar cerca de este tipo de crítica que salen los viernes para anunciar los estrenos de la semana. Pero ¿Cuántas películas son capaces de ver los críticos en un día durante los festivales y hacer una reflexión? ¿Su estado de ánimo no depende de esa reflexión crítica? Ahí lógicamente entramos en el terreno de la subjetividad. En cuanto a los jurados, siempre suelen existir intereses creados. Si hacemos una estadística de la sección oficial de Cannes, nos daremos cuenta que siempre están las mismas distribuidoras y los mismos directores consagrados.

En el film hay hasta nueve localizaciones distintas. Teniendo en cuenta que se trata de una película de presupuesto modesto, ¿cómo se pudo llevar a cabo?

Cuando la película comienza a realizarse no había financiación, eran algunos festivales los que ayudaban con los viajes a través de pasajes, dietas y hoteles para un pequeño equipo muy reducido. Por poner un ejemplo, yo hice también el sonido directo. Desde el punto de vista de dirección y guión me ayudó muchísimo ser pocos en rodaje para buscar la historia a través de la intuición, el azar y la improvisación. También fue muy importante para crear un ambiente íntimo con Óscar y que pudiera soltarse. Más tarde conseguimos gran parte de la financiación y la cosa cambió.

¿Cómo crees que sería la crítica de En busca del Óscar solo en base a su cartel, la sonoridad del título y sus protagonistas?

No hace falta imaginarla, ya la hizo Óscar.