Muy buenas a todo el mundo. Mi nombre es Ana y, si tengo que presentarme, la verdad, me ponéis en un aprieto. Llevo casi 3 años trabajando en la Universitat de València como personal investigador en formación y, si alguien entra en mi perfil de la web de la UV, verá que todavía no hay nada escrito. Creo que esa puede ser una buena presentación. Bromas aparte, dedico gran parte de mi tiempo a estudiar la vida y el paisaje urbano de la València del primer tercio del siglo XX. Esto me lleva a pensar algunas cosas cuando salgo de la Facultad porque, claro, dejo el trabajo y me meto en València. Así que lo que sale lo suelo ir dejando en mi pequeño e informal blog de notas al que llamo @ciudadesbayo. Además, soy una apasionada de las bicicletas por herencia familiar, así que juego a intentar tener un taller clandestino con mis amigos en @octubrebicicletas. Por último, destacaría un humilde proyecto de quiénsabequé con mi gran amiga Alba Gandía. Se llama gabagaba y, entre otras caras, podéis ver alguna cosa aquí, en Verlanga. Hay una línea común en todo lo destacado y es que no se puede esperar de nada de esto una periodicidad. Ideas decentes pero mala ejecución, diríamos. Pero, en realidad, mi verdadera vocación sería trabajar en el Ministerio del Tiempo, en cuya existencia creo firmemente. Espero que haya un cazatalentos leyendo estas líneas y me llegue pronto la oferta de trabajo. 

Una canción:
Palco de Gilberto Gil. 

Una película:
No os voy a engañar, yo no soy muy cinéfila así que esta es difícil. Diré Caro Diario de Nanni Moretti porque la vi hace poco y me gustó mucho, sobre todo el episodio del viaje por las Eólicas. La isla de los hijos únicos, mi favorita. 

Un montaje escénico:
En honor a mi abuela, cualquiera de las zarzuelas a las que me ha llevado. 

Una exposición:
Esta no es sencilla tampoco. Tras mucho pensar, voy a ir con un clásico y diré las exposiciones de Pinazo del IVAM, todas en general. Me gusta mucho el cuidado que hace el museo de su figura, las lecturas que ha ido ofreciendo de su obra, pero, por encima de todo, me gusta mucho Pinazo, simplemente. Poder asomarse a la vida valenciana esbozada rápidamente sobre un trozo de papel que tenía a mano allá por el 1905 no es poca cosa. 

Un libro:

Las pequeñas alegrías de Marc Augé porque es una gran postura ante el mundo. Nueva ilustración radical de Marina Garcés por lo mismo. 

Una serie:

Ya he admitido mi devoción secreta por El Ministerio del Tiempo pero, si tuviera que elegir una serie, diría The Good Place. En realidad tienen relación, dos grandes misterios universales resueltos de una forma bastante divertida. 

Un podcast:

No os voy a mentir: nunca escucho podcasts. Como mucho, podría decir VOLATA Radio. Soy muy fan de Volata así que es el único que me pongo de vez en cuando (cuando llueve y me toca ir en metro, días tristes). 

¿Quién te gustaría que te hiciera un retrato?

Nada me gustaría más que convertirme en un dibujo animado, así que yo creo que algún dibujante de las primeras películas de animación.  

Una comida:

Como la carta de la abuela ya la he gastado con las zarzuelas, voy a decir los macarrones de mi padre. 

Un bar de València:

Estaría mal no decir el BajoBar. 

Una calle de València:

Siempre he sido firme defensora de que la plaza del Collado es la más bonita de València, pero últimamente estoy disfrutando mucho de las callecitas de alrededor de La Nau y sus nombres: dels nocturns, de la tertúlia, vestuari, comèdies… Recuerdan que hubo una época en la que esa zona fue centro de la vida cultural e intelectual de la ciudad. George Steiner, en La idea de Europa, habla de las ciudades europeas como “crónicas vivientes” y de que “releer los rótulos de sus calles es hojear un pasado presente”. Me gusta mucho esta idea y aquí la vivo mucho últimamente. 

Un lugar de València que ya no exista:

Esta ha sido la pregunta más difícil, sin duda. Si algo caracteriza València, entre otras muchas cosas, yo creo que es lo poco estable de su aspecto. Un buen ejemplo lo tenemos en la Plaza del Ayuntamiento (como bien sabemos), así que empezaré por decir la Bajada de San Francisco. Así se llamaba la zona que ocupaba el espacio triangular de la actual plaza. Era un lugar muy vivo, con mucho comercio, un pequeño jardín triangular bien cuco con kioscos en los que tomarse un refresco. Para mí, el mejor momento de la plaza. Todavía no entiendo por qué lo tiraron. En realidad me dedico a estudiar eso y sí que podría explicarlo: que si mejoras de la circulación, que si dar una imagen más acorde con los tiempos… Pero en este espacio me permitiré decir que estoy muy en desacuerdo con la decisión del Ayuntamiento de 1927. 

Y, por otro lado, más que un lugar diré algo que ya no existe: los tranvías. En la que me gusta considerar mi época (primer tercio del siglo XX, no del XXI, no confundirse) las calles de Valencia estaban tomadas por el tranvía. Daba lugar a algún que otro altercado, eso sí, pero a ojos de hoy yo creo que le daban un toque a la ciudad. ¡Qué bonito quedaría el inicio de San Vicente si lo atravesara todavía un tranvía! 

¿Con quién te tomarías un vermut?

Voy a hacer una respuesta trampa y alargaré la de la pregunta anterior. Con quién no lo tengo claro, pero dónde sí. Me iría al pabellón de las Arenas para despedir el verano. Después ya sería cuestión de buscar por allí alguna cara conocida.