Me llamo Eva, tengo 46 años y cuando digo que me dedico a la comunicación científica me entra el nuevo síndrome ese de la impostora, pero luego lo pienso bien y creo que es verdad. Además, trabajo en el lugar más bonito de toda la ciudad, no lo digo yo, lo dice todo el mundo.

Estudié biología porque mi profesor de ciencias del instituto era una maravilla, pero siempre he sido más de letras. Desde hace más de veinte años me encargo de que el Jardí Botànic de la Universitat de València resuene por todas partes y de que tenga una agenda cultural y divulgativa interesante. Gracias a este trabajo, que también es una responsabilidad, he conocido a mucha gente y he hecho muchas cosas diferentes, como ahora que tengo una sección semanal en Àpunt, en La Via Verda, en la que parece que sé muchísima botánica. Tengo que recalcar que solo lo parece.

Llegué a València a los 23 años y soy afortunada porque tengo dos pueblos, Pedreguer y Banyeres de Mariola.

Otra cosa de la que tengo un par, hijos, mis personas favoritas del mundo.

Me divierto leyendo, escribiendo y yendo al cine, que son aficiones de sosa. Soy creyente, aunque tengo que dar muchas explicaciones cuando lo digo. Tengo vértigo, me gustan los animales, no mato a ningún insecto y siempre me dirijo a la gente primero en valenciano, por si suena la flauta. A veces lo hago fuera sin querer y me miran raro, pero no pasa nada. Me gusta caminar y me gusta el mar, pero también las piscinas, aunque no sean sostenibles. Trabajo mucho, me organizo mucho y me río mucho, si me comprometo con algo voy a por ello, cuido a las personas y soy extrovertida y disfrutona. Por supuesto tengo también una larga lista de defectos, pero no creo que sea el momento de entrar en ellos.

Y sí, voy a ser de esas a las que les preguntas por una canción y te dicen cuatro, o alguna más.

Una canción:

Para bailar en directo ‘Déjalo ir’ de De Pedro. Para cantar en la ducha ‘You Oughta Knou’ de Alanis Morisette. Para ir en el coche ‘La parte de adelante’ de Andrés Calamaro. Para caminar bajo la lluvia ‘El cielo se rompe’ de Luis Albert Segura. Para el verano ‘Inevitable’ de Oques Grasses. Para siempre ‘Quiet Town’ de Josh Rouse. Para… Ya paro.

Una película:

La fiera de mi niña, Bola de fuego y Ratatouille. Pero me siguen gustando las típicas en las que todo es tóxico y está mal como Love Actually y Notting Hill. Mi vida sin mí me impactó tanto que no me he atrevido a volver a verla. Memoricé gran parte de los diálogos de Solo en casa, no sé si eso es destacable. De las más recientes, me ha encantado La casa en flames. Ella… ¡madre mía!

Un montaje escénico:

Lloré con Il Trovatore en Les Arts, y con la voz de José Sacristán en Señora de rojo sobre fondo gris.

Una exposición:

Voy a barrer para casa con Por las ramas, de Manuel Sáez, en el Botànic en 2017. Su propuesta de retrato del Jardín fue rompedora y mágica. Y la experiencia de organizarla resultó genial y emocionante en muchos sentidos.

Un libro:

He tenido muchos libros favoritos dependiendo de la edad. De pequeña, sin duda La aventura formidable del hombrecillo indomable, después la trilogía de Corfú, de Durrell, y ya en la universidad recuerdo solo algunos, Nubosidad variable, Sin noticias de Gurb o El huerto de mi amada. Dejé de leer unos años y volví con Ana Karenina, desde entonces apunto todo lo que leo. He revisado mis notas y no sabría qué escoger, quizá Los días perfectos, de Bergareche y Las cuatro esquinas del corazón, de Sagan.

Una serie:

Friends, la he visto decenas de veces y siempre consigue hacerme sentir bien y Los Durrell, ¿qué fue esa maravilla?

Un podcast:

Gabinete de curiosidades. Era delicioso todo, las historias, las referencias, la música… fue un descubrimiento al que llegué tarde y del que me quedé con ganas de más.

¿Quién te gustaría que te hiciera un retrato?

Tadahiro Uesugi, o Slim Aarons, al lado de una de aquellas piscinas colosales. Manuel Sáez sí que me hizo un retrato hace años, pero no me lo ha enseñado, y eso que vivimos a dos calles. Y si mis hijos cogen un boli y hacen de mi cara un garabato en una servilleta lo enmarco.

Una comida:

La pasta, a ser posible sin prisa, con hambre y buena compañía. He probado platos de pasta muy buenos, algunos muy elaborados y otros sencillísimos. En casa preparamos unos tallarines con verduras y roquefort de estrella michelín (una pequeñita) que me inventé yo, y quien diga lo contrario miente.

Un bar de València:

El café de las horas. Me fascinó la primera vez que fui hace un siglo y recuerdo claramente esa sensación.

Una calle de València:

Nuestro primer apartamento estuvo en la calle La Nau. Ese era el centro de mi mundo.

Un lugar de València que ya no exista:

El hotel Lauria. Y con menos glamour, Casa Vella, me gustaría ir con amigos a montar una fiesta de las que acababan de madrugada, aunque ya no tengamos veinte años.

¿Con quién te tomarías un vermut?

Con Jesucristo (por las preguntas). Con Jude Law (por lo sexy). Con Nora Ephron (por las risas). Con Cary Grant (porque… a ver, ¡es Cary Grant!). Aunque si lo pienso bien y fuera un deseo que puede cumplirse, me lo tomaría con mis cuatro abuelos. Y sería un vermut muy largo, han pasado muchas cosas desde que se fueron.