Foto: Sergio Lacedonia

Me llamo Francisco de la Rosa González (Sevilla, 24 de octubre de 1972). Cisco para los amigos de la infancia y el barrio. Dela para los de juventud y muchos de hoy. Y Fran (sin K) para esa gran mayoría que al decirles que me llamaran Dela fueron incapaces de no poner cara de sepia porque entendieron Adela. Francisco sólo me llama mi padre y los médicos cuando me avisan a consulta.

Sevillano en muchos sentidos y en otros absolutamente nada. Dicen que soy el único sevillano sin gracia, no conocieron a Antonio Burgos. Llevo algo más de media vida en Valencia. Llegué en 1998 pero conocía la ciudad desde pequeño cuando venía a visitar a mis tíos y primos. Me enamoré al instante de aquella Valencia de los 80 y 90. Decidí instalarme cuando terminé los estudios y presté servicio a mi país como objetor de conciencia en una biblioteca. Encontré trabajo en el estudio de interiorismo de Luís Navarro (QEPD) y allí estuve diez años en el maravilloso mundo de elegir telas siendo daltónico, proveyendo de lámparas que costaban dos o tres veces mi sueldo y visitando casas que antes sólo podía ver en la revista AD. En la de antes, en la de ahora puedes encontrar la casa de Paquirrín perfectamente.

Aunque continué algunos años más, el mundo del interiorismo fue tomado por arquitectos sin obras y con mucha jeta gracias a la crisis y mi tolerancia al esnobismo y caprichos de las clases altas disminuyó considerablemente. Para entonces, los años de ir a conciertos por toda la ciudad habían creado lazos de amistad con la buena gente de Alta Tensión, Lorenzo Melero, Miguel Miravet y Marilén Álvarez, que hoy son familia. Tras tomar el control del antiguo Loco Mateo, posterior Sala El Loco y hoy Loco Club, me ofrecieron formar parte de él y aquí sigo desde 2012 como encargado. Al final caí de pie.

Una canción:

Siempre que surge esta pregunta mi cabeza implosiona. Los motivos por los que escucho música desde que era niño se me escapan. Algo hizo click en algún momento concreto y desde entonces es una adicción. Aún siento la necesidad de encontrar esa sensación cuando escucho música nueva para mí. Como el yonki que vuelve una y otra vez a consumir buscando ese primer subidón que ya nunca será igual. Sigo descubriendo cosas nuevas que me encantan. Por eso trabajo donde trabajo, por eso tengo muchas amistades construidas a partir de la música, porque es con diferencia lo que más me gusta en el mundo. No deja de ser un cliché pero la música me ha salvado muchas veces.
Elijo dos, una de la artista actual que más escucho, “Andromeda” de Weyes Blood y otra de uno de esos grupos que me han acompañado desde chaval, “The Bitterest Pill (I Ever Had to Swallow)” de The Jam.

Una película:

Te diría Cuento de verano de Éric Rohmer. La veo cada año desde que la estrenaron en Canal+. La grabé en VHS, después la compré en DVD y ahora la suelo poner en Filmin. Como otros muchos directores Rohmer creó un estilo propio y le han surgido imitadores. Algunos lo han hecho muy bien como Richard Linklater y otros no tanto como Jonás Trueba, al que deberían deportar a Francia sin derecho a regresar. Me fascinan los paseos y los diálogos. Como te muestra momentos íntimos de personajes en apariencia corrientes, a veces intensos, la mayoría abofeteables, otras amables e inteligentes, pero los muestra siempre sin juzgarlos y con una mirada casi de voyeur que consigue que les cojas cariño y te interesen. Sus tribulaciones morales me parecen lo mejor con diferencia de la Nouvelle Vague. Rohmer era un viejo verde educado y sensible. Como yo.

Un montaje escénico:

Mi trabajo forma parte de la oferta de ocio de la ciudad y me deja poco tiempo libre para otras actividades. No suelo ir mucho al teatro ni a otras disciplinas escénicas. Por favor, no me llaméis Chalamet. No es que no me gusten pero no me da para estar en todo. La última que vi y que me pareció estupenda fue El bar que se tragó a todos los españoles en el Principal hace algunos años. Debería ir más.

Una exposición:

La de Roy Lichtenstein en el IVAM allá por 1999. Me fascinaba desde que vi una lámina suya en unos fascículos de arte que coleccionaba mi padre, debí copiarla unas quince veces. Aún recuerdo que se titulaba Chica a bordo. Cuando la vi me dejó alucinado y fui un par de veces más mientras duró la exposición. Años más tarde visité una en el Reina Sofía y pensé que sería mejor, ya sabes, la capital, el Reina Sofía… pero no. La del IVAM le daba mil vueltas, mucho más completa y mayor número de piezas. También me gustó mucho la del recientemente fallecido Martin Parr y la de otro genio del Pop Art, Jasper Johns. Creo que el IVAM es de las mejores cosas que tiene esta ciudad.

Un libro:

Curiosamente el libro que más veces he leído es Seis Cuentos Morales de Éric Rohmer, que luego transformó en películas. Aunque he leído varias veces otros muchos, no creo tener un favorito. Me encantan Ishiguro, Martin Amis, Jonathan Coe, Roberto Bolaño, Amélie Nothomb, Gesualdo Bufalino, Richard Ford, Patricia Highsmith… También leo muchísimos libros sobre música. Elijo el último que me ha encantado: Inglaterra, Inglaterra de Julian Barnes.

Una serie:

Prefiero ver películas aunque también consumo series de forma habitual. De todas las que he visto a lo largo de mi vida hay una que siempre será mi favorita, la maravillosa Get a Life (Búscate la vida) de Chris Elliott. Una genialidad aún por superar. Otras favoritas son Frasier, Twin Peaks, Poquita Fe, Arriba y Abajo, The Office y Press Gang, que aquí bautizaron como La Pandilla Plumilla. Tócatelos.

Un podcast:

Suelo escuchar la radio en directo. Este aluvión de podcast por todas partes me pilla desconectado y mi detector de modas idiotas hace que no les preste atención. Es como si me preguntas cuál es mi influencer favorito o mi true crime preferido. El único que he escuchado de forma esporádica durante algún viaje es Pop y Muerte de Kiko Amat y Benja Villegas. Curiosidades de muertes y desvaríos a lo largo y ancho de la cultura popular: música, cine, literatura, famoseo, etc. Te ríes un rato, pero el formato me acaba aburriendo.

¿Quién te gustaría que te hiciera un retrato?

Tengo la suerte de ser amigo de Paula Bonet y me ha dibujado unas cuantas veces. En una de ellas soy una sombra a la que ella se abraza que se hizo bastante popular. Por suerte sólo me reconozco yo. Otras se han quedado en el entorno privado, pero es un honor haber sido dibujado por una de las más grandes de este país. Ahora también puedo decir que tengo cierta amistad con Paco Roca, me encantaría que me dibujara, pero la gente le da tanto la turra y él es tan buena persona que si se lo pidiera igual me decía que sí y es por eso que no me atrevería. Aunque si lee esto y le apetece lo enmarcaré y guardaré como un tesoro. Tampoco me importaría que me dibujaran Laura Pérez que me chifla su estilo, César Sebastián o Mik Baro, que también son buenos amigos con mucho talento.

Una comida:

Un puchero andaluz con su pringá, paella valenciana, un bocadillo de porchetta con stracchino y pescaíto frito.

Un bar de València:

Bodega Oliví en la calle Calatrava. Ahora han cambiado de propietarios y he ido menos, pero me parece el bar más bonito y encantador de la ciudad. Otros que disfruto mucho y además aprecio a sus dueños y trabajadores son el George Best y el Centro Excursionista. También el King Creole en la calle Cádiz de mis queridos Juanjo y Reme.

Una calle de València:

Erudito Orellana. El número 12 concretamente.

Un lugar de València que ya no exista:

La Edad de Oro en El Carmen (más tarde hubo otra en la calle San Jacinto), donde ahora está el restaurante El Rall. El bar que me acogió al llegar a Valencia, un lugar que me atrajo como si de una llamada sobrenatural se tratara. Bueno, la llamada sobrenatural no fue otra que entrar una tarde a tomar café y que estuviera puesto en el reproductor de cds el “Café Bleu” de los Style Council. Lo que vino después fueron un sinfín de tardes y noches en las que conocí a personas maravillosas como sus propietarios, Juanjo Almendral, Reme Maldonado y Pedro Porcel. Y una parroquia digna de una sitcom bizarra. Podías ir una noche y encontrarte a Santiago Auserón, Carmen Alborch, Joan Fontcuberta, Calpurnio o al mismísimo Sidney Pollack.
Si pudiera quedarme a vivir en una noche de mi vida pasada sería en alguna de las que pasé en La Edad de Oro.

¿Con quién te tomarías un vermut?

Con Paddy McAloon, Susan Sarandon, Paul Weller, Natalie Mering, Bobby Gillespie, Jennifer Lawrence, Luke Haines, Isabella Rossellini, Julian Cope…