
Foto: Miguel Serrano
Soy Isabel Martí Piera y el teatro está en mi vida desde siempre. Todo el mundo daba por sentado que haría Arte Dramático. Pero hice Filología. Mi parte racional intentó llevarme hacia la docencia. Me gustaba leer y escribir, y pensé que podría ser una estupenda profesora de lengua y literatura. Después, igualmente, hice Arte Dramático porque también tenía miedo a renunciar a eso. Pero mi idea seguía siendo la de enseñar. Por aquel entonces le tenía menos miedo a la vida de profesora que a la de actriz. Me bastó un año en un instituto para cambiar de miedo. A la vez que se materializaba quedarme esa plaza para siempre, salió un cásting y me agarré a él como a un salvavidas. Me cogieron. Por ahora todavía no me he hundido.
Pero, aunque mi formación profesional solo es de intérprete, yo venía de hacerlo todo en el teatro amateur: actuar, montar, escribir, dirigir, gestionar, participar en lo asociativo… Era difícil no acabar trasladando esa forma integral de entender el teatro al mundo profesional.
Por eso, proyectos como el de Pareja Abierta que estrenamos del 25 de febrero al 15 de marzo en el Teatre Talia, donde adapto y dirijo a la vez, me atraen mucho. Al fin y al cabo, que mi sitio sea el escenario no significa que tenga que ser estrictamente sobre él. Puede ser frente a él, junto a él, detrás, debajo o incluso suspendida sobre él… Pero eso es una historia muy larga.
Digamos, sencillamente, que no quiero elegir; que del teatro me gustan hasta los andares; que me hace profundamente feliz y que creo a ciegas en la capacidad que tiene de hacernos a todas, ejecutantes y espectadoras, más conscientes de estar vivas.
Una canción:
¡Por lo menos una al año! Jajaja. Tengo la costumbre de elegir una canción que sea representativa del año, no necesariamente publicada en él. En 2025, por muchas razones, he tenido muy presente la canción de El amor de Ricardo Arjona que yo cantaba de pequeña como Massiel, con ese desgarro. Me gusta cuando las canciones vuelven de repente como un recuerdo perdido. Donde dice amor yo pongo muchas veces teatro. Creo que, según se lleve, puede llegar a ser una relación muy tóxica. Sin embargo, en los últimos años estoy muy abocada a los creadores que componen desde la raíz de su cultura y en su lengua, aunque no les haga ricos: Marala, Rodrigo Cuevas, Verde Prato…
Una película:
Vi una película no hace mucho que me abrió un chorro de preguntas: A Tale of Love and Desire (Une histoire d’amour et de désir) de Leyla Bouzid, en la que dos universitarios de origen árabe en París descubren la literatura erótica árabe medieval. Me interesan muchísimo las historias que exploran los límites de la identidad. Tengo en un cajón un proyecto de escritura muy relacionado con la reflexión que despliega esta película y me volvió a conectar con él. Quizá lo reprenda pronto.
Un montaje escénico:
Imposible, imposible elegir. Solo diré que en Valencia se hacen cosas maravillosas de todos los estilos y para todos los gustos. Y que no comprendo a la gente que sólo ve teatro a 400 km. de donde vive. Lo que no quiere decir que yo no haga 400 km. para ver teatro. Como anécdota, diré que cuando estudiaba Filología Toni Tordera nos animó a ir al Teatre Micalet a ver una versión de L’Ànima Bona de Sezuan, de Brecht, en la que Resu Belmonte era Shen Te/Shui Ta. La historia me sacudió de pies a cabeza y años después conocí Resu en un momento en que yo me estaba preparando ese personaje. Se lo conté y ella vino a verme. Me dijo: espero que este personaje te traiga tantas cosas buenas como me trajo a mí. Y así fue.
Una exposición:
Una exposición de Jaume Plensa que vi en el IVAM un día de lluvia que acabe refugiada en el museo. Digamos que ese día necesitaba ver esa exposición.
Un libro:
¡Otra dificilísima! Yo leo mucho teatro por razones obvias, pero no es fácil recomendar teatro porque mucho del teatro que leo no está publicado. Eso es algo que la dramaturgia está intentando cambiar, aunque el camino es largo. De momento, hablaré de una novela muy teatral (de hecho, se hizo un montaje teatral) que no podía evitar leer en voz alta porque la belleza de las palabras y la potencia de las emociones era tan fuerte que no te podías callar. La maravillosa Cante jo i la muntanya balla, de Irene Solà. De un estilo completamente diferente, pero con la misma sensación de agarrarte las entrañas y no soltarte hasta la última página, cualquier libro de Almudena Grandes.
Una serie:
¡Merlí! Por supuesto, en versión original.
Un podcast:
De esto no se habla (esta señora escribe como los ángeles), Carne Cruda (un bastión, siempre que ocurre algo en el mundo, quiero saber su opinión. Y la combinación que hacen de política y cultura me fascina), El dolcet pal café (un podcast completíssim i en valencià que et fa sentir-te a casa) y todo lo de Nieves Concostrina porque comunica la historia como nadie y me gusta que sea tan visceral.
¿Quién te gustaría que te hiciera un retrato?
Ya me lo hizo. Elías Taño.
Una comida:
El puchero, el mío. Ya he aprendido a hacer todo lo que me gusta comer porque no soporto que mi placer esté en manos de otros.
Un bar de València:
El Racó de la Corbella, cerca del Teatre Micalet. Cerró hace tiempo, pero cuando estaba abierto a mí me parecía un oasis lingüístico. Era difícil escuchar valenciano en la ciudad entonces.
Una calle de València:
Tengo un amigo que hizo su TFG sobre el simbolismo de los nombres del callejero de la ciudad de Valencia. Una lectura muy interesante. Invito a quien quiera a descubrir la ubicación y la prestancia de una calle con un nombre tan rimbombante como Carrer dels valencians. No desdeñable tampoco la paradoja del Carrer de la Llibertat.
Un lugar de València que ya no exista:
Pienso en Campanar, pienso en La Punta, pienso en el Cabanyal,… pienso también en el Teatro Escalante en el Carrer Landerer. He leído por ahí que se va a convertir en un hotel. Por casos así, hay cosas que no se entiende que estén en manos privadas.
¿Con quién te tomarías un vermut?
Con Vicent Andrés Estellés e Isabel Lorente. Pero, como esto es un poco difícil, quizá llame a Fernanda Medina, del Centro de Documentación Escénica, que es más accesible y también tiene una gran conversación. Así nos hacemos ilusiones de arreglar el mundo.








