Soy Rafa Alarcón, soy actor, soy cómico, soy presentador, guionista, productor, distribuidor… y, a pesar de ser todas estas cosas, como me siento mejor definido es con «soy actor» porque me apasiona el mundo de la interpretación. Sin embargo, no estudié Arte Dramático. Pensaba que las personas que lo estudiaban tenían el don de una gracia o un talento excepcional que yo no tenía. Y lo que hice fue formarme en muchísimos cursos y talleres, tanto en Valencia como en el resto de España, mientras invertía ocho años en NO estudiar Psicología.

Desde bien joven me había picado el guisanillo del teatro al llegar por casualidad a un grupo de teatro amateur y después seguí en la universidad, llegando a montar y dirigir el de la facultad de Psicología. Justo de ahí llegó mi primera oportunidad profesional como actor de teatro. Y, después de tantos años, ya no sé si la gente tiene talento, si yo tengo talento o si, simplemente, los que nos dedicamos a esta profesión a veces tenemos momentos brillantes y otras, simplemente, somos artesanos que nos dedicamos a contar historias.

Porque contar historias es lo que siempre me ha gustado. Y hacerlo de diferentes maneras, desde distintos lugares y con diversos formatos. De ahí que haga teatro contemporáneo, teatro clásico, comedias, monólogos de humor… También he hecho algo de televisión y algo de cine, aunque me gustaría que fuera más, pero hay que dedicarle mucho tiempo a un trabajo que no tiene que ver con la interpretación, sino con el marketing. Y esa faceta, aunque me interesa, he de reconocer que un poco se me escapa.

Pero no he parado de trabajar desde 1999, encadenando diferentes proyectos escénicos. Llegó un momento en que sentí la llamada de la comedia, me interesó mucho la stand-up commedy y creé el Circuito Café Teatro. Más tarde llegó mi empresa, Comedyplan, en la que creo, produzco y distribuyo espectáculos de humor.

En mi faceta de productor, me he basado en la filosofía de «si quieres hacer algo, hazlo, no esperes a que te llamen”. Porque siempre he pensado que cuando quieres algo y no existe, tienes que crearlo tú mismo. De ahí que me juntase hace años con Jerónimo Cornelles para montar nuestra propia compañía teatral, alarcón&cornelles, en la que montamos espectáculos con otros profesionales del sector que nos interesan, para tener la oportunidad de trabajar con gente a la que admiramos.

Nuestra última aventura es Las amistades peligrosas, una versión con mirada contemporánea a este clásico de la literatura epistolar del siglo XVIII. Tuvimos la suerte de involucrar a Andrés Lima en el proyecto, trabajamos con él para recibir su mirada externa y orientar el montaje en su primera fase creativa. Yo interpreto al Vizconde de Valmont, un personaje que en cine han hecho auténticos referentes como John Malkovich. Y comparto elenco con gente tan talentosa como Rebeca Valls, Maribel Bayona o Cristina Esteve. Además, incorporamos a Ana Burguet como ‘cover’. Y vamos a estar en Sala Russafa representando la obra hasta el 15 de febrero, precisamente en el lugar donde nació. Porque somos compañía residente allí, creamos nuestras obras y tenemos un vínculo especial con este teatro. Así que tenemos muchas ganas de que la gente pueda ver este trabajo en su escenario. No tiene nada que ver con las películas o series que se hicieron famosas en su momento. Nosotros hemos ido a la novela para hacer nuestra propia lectura y traerla al siglo XXI. Y ahora es el momento perfecto para esta historia porque la fascinación por la maldad sigue plenamente vigente, el uso del sexo y la manipulación para ejercer poder. Además, me encanta hacer de malo.

Una canción:

‘Come undone’ de Robbie Williams. A veces, cuando sientes que estás cayendo, solo es una sensación. Tenemos que tomar impulso y pensar en positivo. Todos tenemos un ángel y un demonio dentro. Creo que lo inteligente es sacarles a ambos el mejor provecho.

Una película:

Que sean dos. Una, La princesa prometida. Para mí representa el abandono al amor puro, la aventura inocente, sin doble filo, algo naif, pero no por ello exenta de belleza y de acción. Es volver a la infancia. Lo mismo que actuar, que para mí es jugar sin juzgar. Volver a ser niño es una sensación maravillosa y me inunda cuando veo esta película (¡que me sé de memoria!).
Segunda, El club de la lucha. ALERTA SPOILER: los dos actores son la misma persona. Y eso me parece maravilloso porque todos llevamos dentro al responsable y ‘bienqueda’ que sufre por la opinión de los demás. Pero también tenemos un deseo de libertad, de atreverse, que nos hace estar vivos en esta sociedad estructurada, en la que es muy difícil salirse del tiesto.

Un montaje escénico:

O Cabaret, la versión dirigida por Rebecca Frecknall. La manera en que esta directora ha conseguido quitar todo artificio, sin restar espectacularidad a esta historia, me hace acordarme de Peter Brook y de su espacio vacío. No necesitamos nada más que un actor/actriz y un espectador/a para contar una historia. Y, si está contada desde el corazón, llega como una flecha.

Una exposición:

La exposición de Banksy. Es una experiencia que te vuela la cabeza. Estoy muy a favor de los conceptos que te hacen plantear esquemas que teníamos tan establecidos.

Un libro:

Sueñan los androides con ovejas eléctricas. Soy fan de Blade runner y, cuando me leí la novela, aluciné con el universo de Philip K. Dick. Tan oscuro, tan de verdad y tan presente. Creo que él habla de un mundo futuro que ya es presente, pero en nuestro interior.

Una serie:

Mad Men. Antes hablaba de marketing y venta. Me parece algo apasionante que mueve el mundo, tanto como el sexo y el dinero. ¿No será que, en el fondo, todo nace de lo mismo?

Un podcast:

La script, como apasionado del cine que soy. Una pasión en la que no he conseguido profundizar de momento como profesional, por falta de tiempo y dedicación, ya que estoy absorbido por el teatro. Pero que disfruto muchísimo como espectador.

¿Quién te gustaría que te hiciera un retrato?

Todd Mac Farlene. Es un dibujante de cómics que hizo en los años 90 una tirada espectacular de Spiderman y creó el personaje de Spawn. Me encanta la extremada elasticidad y cómo estira dramáticamente el arco de los personajes.

Una comida:

El cocido. Desde pequeño me encanta y me sale bastante bueno. Filosóficamente, te pegas un currazo. Pero luego lo congelas y te sirve para muchos días y futuras comidas. Una lección de vida.

Un bar de València:

El Manicomic, un local de Patraix que recoge la esencia del arte urbano y la gastronomía de las tapas valencianas. Además, el dueño es un artista excepcional.

Una calle de València:

Calle Borrull, cerca del Botánico, muy barrio.

Un lugar de València que ya no exista:

Café París, el de antes, el que estaba viejo, oscuro y abierto hasta tarde. Era un lugar maravilloso para perderse.

¿Con quién te tomarías un vermut?

Con Ben Affleck, me parece un actor que ha hecho cosas espectaculares y cosas espeluznantes. Su coraje y falta de miedo a equivocarse me fascinan. Además de que, como director y guionista, siempre me ha parecido brillante, tratando cosas muy profundas, pero sin cubrirlas de un tufo intelectualoide. Me gusta el cine que huele a vida.