
Un día, cuando era un adolescente, paseando por Bruselas, donde viví hasta los 20 años, vi la portada de una revista de fotografía que me llamó poderosamente la atención, me conmovió tan profundamente que transformó la visión que tenía sobre la fotografía. Mi padre me aficionó a la fotografía cuando era un crío y acabó siendo mi profesión. Le encantaba filmar en super 8mm todos los recuerdos familiares. Yo empecé a captar todas esas imágenes desde mi propia experiencia artística y emocional.
Me gusta que mis fotografías actúen como un diario visual con narraciones fragmentadas e historias enrevesadas que parecen envueltas en una vaporosa aura de tragedia. Pretendo que el tiempo aparezca como un paño raído que puede ser continuamente cosido y deshilachado, creando narraciones inesperadas, generando conexiones y bifurcaciones que producen una distorsión emocional de la memoria.
Al igual que los recuerdos, mis imágenes se mezclan y se confunden creando una realidad híbrida, un lugar que constituye la escritura de mi propia historia porque lo que olvidamos suele ser tan importante como lo que recordamos.
En los lapsus de la memoria, en sus rupturas y huecos guardamos nuestros miedos y nuestras pasiones que de repente pueden salir a la superficie, retratándolas con formas borrosas y fragmentos de cuerpos que se resisten a convertirse en imágenes completas, reconocibles. Para mí no es importante ser inmediatamente traducible o transparente, la opacidad es un valor añadido. Sigo pensando que la fotografía es un campo de pruebas donde experimentar posibles alternativas a la realidad. Existe una correspondencia perfecta entre mis obsesiones y el mundo exterior, es la ilusión algunas veces liberadora, otra simplemente desesperada de controlar mi mundo. Mi trabajo está interconectado a través de una narrativa críptica, como una memoria fabricada. Para mí, evocar es más importante que identificar, prefiero las sugerencias a las definiciones.
Tengo una pequeña editorial independiente desde hace más de diez años, Les Editions Shirokuro que monté para auto publicarme. Para ser fotógrafo no es suficiente hacer buenas fotografías, hace falta contar historias y el fotolibro es su espacio natural, en él hay una materialidad, edición, secuenciación y una narrativa. Y aunque el concepto del fotolibro no es nuevo, es curioso que en plena era digital exista un retorno del libro impreso, al libro objeto. Hoy en día hay un gran y renovado interés por este formato y un consumo frenético por parte de un público más informado, exigente y especializado. Este interés ha llevado a la Facultad de BBAA y a la escuela superior de fotografía a solicitar mi experiencia para impartir másters sobre la edición de fotolibros como expresión artística.
Leí que en un sólo día se publicaban en la red más fotografías que en todo el siglo XX!! Como editor considero importante establecer el impacto del fotolibro en la transformación de la escena artística y por extension a la cultura visual.
Desde hace 3 años dirijo un micro espacio independiente de arte experimental dedicado a la fotografía contemporánea. LasTresNegras, funciona como una plataforma física en forma de cubo con tres paredes negras, diseñada para albergar propuestas conceptuales que exploren las fronteras de la creación de imágenes.
Tenía muchas ganas de desarrollar un proyecto expositivo singular porque hay muy pocos espacios dedicados únicamente a la fotografía en Valencia y me siento muy orgulloso de poder aportar cultura visual y presentar proyectos fotográficos interesantes en el barrio de Velluters. La galería funciona explorando las diversas constelaciones artísticas de la fotografía dando visibilidad a artistas que cuestionan y expanden el uso del medio fotográfico y en la que han expuesto grandes nombres de la fotografía nacional e internacional como Sergio Belinchon, Eduardo Nave, Paco Poyato , Juan Margolles, Jero Martinez, Ana Roussel, Tana Capó, o Franck Jessueld, Simon Isaac etc…
Desde hace unos años me representa la reconocida 44 Gallery Contemporary photography en Brujas/Bélgica. Mi enfoque experimental, mi investigación del paisaje alterado y la memoria manipulada han sido destacados por publicaciones de renombre. La prestigiosa revista holandesa GUP MAGAZINE ha llegado a considerarme como uno de los fotógrafos más influyentes del panorama artístico.
No solo he trabajado con la imagen fija, durante quince años trabajé como video artista manipulando imágenes digitales y haciendo video creación en la escena de la música electrónica.
Mi espíritu inquieto me llevó a formar una banda de rock balcánico y francófono llamada Kruchenko, con mis amigos Boris, Voro, Raúl y el gran Calpurnio que ponía visuales en nuestras actuaciones. Ganamos el concurso de A DOBLE BANDA organizado por el Loco Club en el 2006 y grabamos dos EPs.
Y si alguien estuviera interesado en mi trabajo puede verlo en mi diario visual, seguirme en instagram o leer una entrevista que me hizo la PAC (Plataforma de Arte Contemporáneo).
Una canción:
Me resulta imposible elegir una sola, porque mi vida esta llena de momentos ligados a una banda sonora así que elegiré varias que significan mucho para mí.
La primera: This is not a Love Song – P.I.L., porque me lleva a aquella noche en la que la escuché en mi primera fiesta, tendría unos 14 o 15 años y me recuerda toda mi adolescencia new wave de los 80’.
La segunda: How deep is your love – Bee Gees, porque recuerdo a mis padres muy enamorados bailarla en la cocina de nuestra casa en Bruselas mientras fuera llovía a cántaros…
La tercera: Tinseltown in the Rain – The Blue Nile, la recuerdo con muchísimo cariño, mi primo Quique conduciendo su moto y yo detrás cantándola volviendo de fiesta de madrugada por la carretera… siempre que la escucho me recuerda a él, desgraciadamente ya no está en este mundo.
La cuarta: I need your lovin ́ – N-R-G, porque cuando escuché por primera vez esta versión drum&bass de los Korgis estaba con mi mejor amigo Nacho Belmondo en una de las primeras Raves de las famosas BlueTellinas en la playa, fue un momento inolvidable. Ese mismo año en un viaje a Londres conseguí comprarme el vinilo en una tienda de Candem Town!!
La quinta: Soy un Mocetón – Los Mocetones, porque siempre que la tocan en directo es un despiporre, una sobredosis de adrenalina y el cantante Lalo Kubala es como un hermano. Un Titán sobre el escenario!!
La sexta: Nadie nos ve – Las isla Centeno, porque fue el principio de una maravillosa historia de Amor.
Y como álbum diría que el Led Zeppelin II porque fue el primer disco de blues que escuché, The Night Fly de Donald Fagen (Steely Dan) que fue el primer vinilo que me compré en una tienda de discos y por último el disco de los Eagles, Hotel California, por su preciosa portada que sigue atrapándome como el primer día!
Una película:
Matar a un ruiseñor de Robert Mulligan, basada en la novela homónima de Harper Lee, y que trata sobre la compasión y la valentía de un hombre ante una injusticia racial. Atticus Finch (Gregory Peck) que siempre me ha recordado a mi padre hace un papel magistral. Esta película me atrapó desde los créditos iniciales acompañados por una banda sonora maravillosa de Elmer Berstein. Una obra imprescindible para los tiempos tan oscuros en que vivimos frente al racismo, la intolerancia y los absurdos ultranacionalismos radicales. Toda una declaración de principios.
La Noche del cazador de Charles Laughton, como amante del género de terror para mí no es sólo un clásico fundamental e inimitable. Es también el más perverso cuento de hadas de las historia del cine. Una asombrosa capacidad creativa de Laughton, el director de una sola película, el director que logró filmar el miedo y con Robert Mitchum como uno de los más grandes villanos del cine!
Las aventuras de Jeremiah Johnson de Sidney Pollak, un maravilloso y atípico western que es un canto a la libertad interpretado magistralmente por el tío más guapo del cine Robert Redford, me impresionó el valor y la humanidad del personaje protagonista y la genial banda sonora que acompaña la inmensidad de los paisajes americanos.
Un montaje escénico:
Noun / La Fura dels Baus la Feria de Muestras de Valencia. En los 90 Nacho Belmondo y yo tuvimos la descabellada idea de comernos un ácido antes de entrar a ver este espectáculo. Esta performance estaba planteada de tal manera que me impactó bestialmente. Hoy sigo teniendo escalofríos al recordarlo!!! Una experiencia límite con estímulos suficientes como para desencadenar un cuadro alucinatorio digno de una novela de Hunter S. Thompson.
Una exposición:
Warhol – Unlimited en el musée d’Art Moderne de Paris en el 2015, Warhol me fascina porque a pesar de la constante sobreexposición mediática a la que estuvo sometido nunca perdió su capacidad de desestabilizar al espectador al transgredir constantemente los códigos del arte.
Roger Ballen y su theatre of the Ballenesque un proyecto introspectivo en Centrale for Contemporary Art – Brussel en el 2019. El universo de Roger Ballen me atrae y me interpela. Simboliza ese mundo interior presente en cada uno de nosotros. Ese lugar de caos donde se entrelazan instintos, deseos reprimidos y necesidades primarias. La parte más inconsciente de la humanidad.
Un libro:
L’Écume des jours / La espuma de los días de Boris Vian, una novela de fantasía científica cómica romántica trágica surrealista publicada en 1947, Raymond Queneau dijo que La espuma de los días era “la más desgarradora de las historias de amor contemporáneas”. Y aunque no sea un libro, Los extraordinarios relatos cortos que escribe y me lee mi chica en la cama con una copa de vino.
Una serie:
El prisionero es una serie de televisión de ciencia ficción del Reino Unido del año 1967 protagonizada por Patrick McGoohan. Esta serie me encantó de joven porque el argumento era muy surrealista. La trama de los capítulos me sorprendía constantemente, el protagonista llamado número 6 intentaba huir de una isla llamada la Villa pero nunca lo conseguía.
Un podcast:
Aunque no soy de podcast me encanta Grandes infelices, luces y sombras de grandes novelistas, un podcast literario de Blackie Books presentado y dirigido por Javier Peña que da una visión muy dramática de la vida de los novelistas más importantes.
¿Quién te gustaría que te hiciera un retrato?
Andy Warhol con una de sus serigrafías como la de Elvis desenfundando un revólver. También me encantaría un retrato de Saura. Pero siendo realista tengo predilección en este momento por dos autores valencianos: Chema López y Antonio Ovejero, que me parecen de lo mejor del panorama nacional!
Una comida:
Unos mejillones al vapor estilo belga con mantequilla, apio y un buen vaso de vino blanco mirando la grande Place de Bruselas con mis amigos Joaquim e Ito.
Un bar en València:
Ahora mismo diría que la terraza de “la Gramola” en Benimaclet donde me preparan un fantástico Margarita con Mezcal .
Una calle de València:
La calle Pintor Domingo en Velluters donde he sido inmensamente feliz y donde tengo la galería LasTresNegras.
Un lugar en Valencia que ya no exista:
El bar Barro en el Carmen, regentado por Héctor que era todo un personaje de la noche valenciana, un antro oscuro aterciopelado y decadente donde ponían el mejor blues y donde trabajaba la camarera más hermosa del mundo.
¿Con quién te tomarías un vermut?
Con todos los amigos que se bajaron del tren demasiado pronto… mi primo Quique, mi gran amigo del alma Calpurnio, Fernado y con mi padre con el que nunca tuve la oportunidad de tomarme un vermut y volver a disfrutar de su compañía.
Mi nombre artístico es Tanaka, pero mi verdadero nombre es Rafael, pero ya casi nadie me llama así, salvo cuando tengo hora con mi podólogo, el apodo me viene porque de pequeño me encantaba la saga de Ian Fleming, James Bond 007 y en la novela Sólo se vive dos veces y su adaptación cinematográfica de 1967 el personaje Tiger Tanaka es su aliado del servicio secreto japonés.







