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El penalti eterno

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Foto: Eva M. Rosúa.

Quedaba un día para que empezara el verano de 1976. En Belgrado se disputaba la final de la Eurocopa de fútbol entre Checoslovaquia y Alemania. Después de los reglamentarios noventa minutos y del tiempo extra de la prórroga, el marcador señalaba un empate a dos. Las penas máximas se convirtieron en las protagonistas subiendo el termómetro de la emoción hasta cotas inimaginables. Los checos marcaron sus cuatro primeros lanzamientos. Los alemanes sólo tres porque Ulrich Hoeness había enviado el esférico por encima del larguero. El siguiente era un penalty decisivo. Si alcanzaba la red, Checoslovaquia se alzaría con el trofeo por primera vez en su historia. El elegido fue Antonín Panenka. Poco le importó la presión, inició una ligera carrerilla y golpeó suavamente el balón, que haciendo una vaselina a cámara lenta entró por el medio de la portería, mientras el cancerbero germánico se lanzaba a un lado. El loco bigotudo entraba en la historia y con su sonoro apellido bautizaba una manera de ejecutar los penaltys que aún perdura y ha sido copiada.

Treinta y cinco veranos después de aquel momento, en el año 2011 para ser más exacto, Panenka volvía a la primera plana informativa. En este caso su nombre no bautizaba una manera de tirar los penaltys, sino una revista, que con el subtítulo de “El fútbol que se lee” acababa de nacer. Ahora está (más o menos) normalizada la aparición de nuevas publicaciones, de cuidado diseño y atractivo contenido, pero en aquel momento sólo la pionera Orsai combinaba todo aquello con una distribución ajena a los métodos tradicionales. Para los que pensamos que el fútbol es algo más que forofismo y la tendenciosa prensa deportiva diaria, la noticia se convirtió en una cuenta atrás hacia el buzón de correos.

Aquel número 00 (de edición limitada) no defraudó lo más mínimo. En su manifiesto ya dejaban claro que siempre iban a estar al lado de las historias futbolísticas protagonizadas por seres humanos que ganan y pierden, pero sobre todo que pierden. Nadie mejor que el exzaragocista Drulic podía representar esa intención. Artículos muy bien escritos; temas que dejaban en evidencia a los medios de comunicación generalistas; reportajes protagonizados por grandes nombres a los que se les daba un enfoque diferente,…Una apuesta que aún perdura treinta y siete números después.

Foto: Eva M. Rosúa.
Foto: Eva M. Rosúa.

Panenka es la revista de los que no se conforman con los resultados de cada jornada, de los que rebuscan en alineaciones antiguas buscando alguna pista que seguir, de los que exprimen cada crónica de Enric González o Eduardo Rodrigálvarez, de los que ven fútbol con la misma intensidad que leen o van al cine,… de un público huérfano de cultura del balompié más allá de los archisobados versos que Rafael Alberti dedicó a Platko.

Que nadie busque en ella la exhibicionista erudición de algunos blogs obsesivos nacidos en los últimos años. En Panenka se juega con el tempo del partido. El protagonista nunca es el periodista, aunque en algunos casos esté presente la primera persona del singular. Además, desde su primera entrega, han tenido muy presente un compromiso (no declarado, pero que se palpa) progresista con el mundo que rodea a este deporte.

Foto: Eva M. Rosúa.
Foto: Eva M. Rosúa.

La atemporalidad de la gran mayoría de sus contenidos permite la recuperación y relectura de los ejemplares más antiguos, aunque haya pasado el tiempo. Adquiere la revista así, un componente de memoria histórica, a la manera de algunos libros de consulta, pero más manejables y vistosas. Esa posibilidad de tener una pequeña gran hemeroteca futbolística aumenta para los que en su día se despistaron y dejaron pasar los tres primeros números, agotados hasta ahora y reeditados. Que el tristemente desaparecido Manolo Preciado ocupara la portada del número dos antes de su fallecimiento (los homenajes en vida y no de manera oportunista como algunos diarios que poco antes de su deceso le crucificaron por un absurdo incidente con el folklórico Mourinho) vale más que cualquier definición del proyecto editorial.

Panenka siempre se ha podido comprar ( y es importante no olvidar estas apuestas personales) y se puede seguir haciendo en la Librería Dadá.

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