Vicent Andrés Estellés con chapela

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“Ez zen Valentzia guztian gu bezalako maitalerik”. Así suena uno de los versos más populares (“No hi havia a València dos amants com nosaltres”) de Vicent Andrés Estellés en vasco. La poesía a la que pertenece forma parte de la antología, sobre el escritor, que acaba de publicar la Revista Bostezo en dos lenguas, euskera y valenciano. “Estellés euskaraz”, que así se llama el libro, supone la primera referencia de la nueva editorial de estas mentes inquietas y que tanto hacen por agitar, culturalmente, la ciudad. Un proyecto que, realmente, empezó hace muchos años. Concretamente diez, como explica Paco Inclán, uno de sus editores: “En diciembre del 2003 volviendo de la Feria del Libro Anarquista de Madrid le pregunté a Héctor Arnau a qué poeta escogería para publicarle una antología. Yo esperaba que contestara alguna rareza: algún poeta senegalés, algún latinoamericano desconocido, un marciano. Pero de todos los poetas vivos o muertos, de todas las lenguas y épocas contestó que le encantaría traducir a Vicent Andrés Estellés al castellano. Cuando leí su selección de poemas lo entendí del todo; hay un vínculo con Estellés (con “este Estellés”) en la poesía que escribe y somatiza Arnau. Son poemas con mala leche y tiernos a la vez, deslenguados, incluso groseros a veces, divertidos casi siempre. Es un mal humor expresado con humor”.

¿Y por qué Estellés y no otro? El antólogo Arnau lo tiene muy claro, “porque me toca en lo íntimo, en esotérica regresión del sustrato lingüístico, desde la infancia en el Sagrado Corazón de Godella, la huerta, la toponomia, Carpesa, Borbotó, la acequia de Montcada hasta la adolescencia, ir a pillar, la calle Samaniego, Bailén, Comedias, Barcas, por decir algunas, por no hablar ya de la juventud, el deambular nocturno, el cambio de idioma, el exilio a Barcelona, amores y amistades, y tantos detalles escabrosos más que tendré que censurarme. Una extrañeza cómplice, un golpe ajeno del tiempo, azar pobre y malo. Meter la mano debajo del ala de una gallina. Conversaciones escatológicas bajo el Miguelete. Amores que perdí, otros que no tuve: la franja iberista afro-asiática. Poesía, ¿eres eso? Las glosas emilianenses“.

Que el libro acabara siendo una edición valenciano-vasco es lo más Bostezo que podría ocurrirle al proyecto. “Quizás tenga que ver nuestra propensión natural a toparnos siempre con “nichos” de mercado. El caso es que una noche del 2005 aparecimos aireando en Ca Bassot que íbamos a publicar al “poeta de Burjassot” al vasco. Y Luis Carmona, impulsor y cómplice del proyecto, nos creyó, más incluso que nosotros a nosotros mismos. Al final estamos encantados de este intercambio lingüístico entre el valenciano y el eusquera con los versos de Estellés de intermediarios. El otro día le comentaba a un amigo impresor que éste era el primer libro traducido directamente del valenciano al vasco. “¡Claro, y el último!”, me contestó“, apunta Inclán.

La edición del libro coincide, por los pelos, con la celebración del año Estellés, lo que ha posibilitado la colaboración de los ayuntamientos de Burjassot y Godella en la aventura. Teniendo en cuenta la vasta producción del autor valenciano, la selección de poemas ha debido ser un trabajo arduo y elaborado, aunque dada la admiración que profesa Arnau por la obra, también disfrutado. “Me fascina, me parece un autor clave en el panorama de la poesía occidental del siglo XX, una figura comparable a Lorca, a René Char, a Neruda o a Paul Celan, en caso de que los hubiera leído. Me fascina su rabia, su negrura, su víscera, tan testimonial del siglo XX europeo, con agitaciones, prohibiciones, dictaduras y descomunales conflictos bélicos mucho sexo sublimado. Y su incorrección lírica y política, su coloquialismo, tan culto, que aun así no le ha evitado ser considerado hoy en día como una figura cívica casi folclórica. Pero él resiste bien, supongo que a cada lector lo desarma por un flanco distinto. El mal humor explicado con cierto humor, que dice el editor. Los humores”.

Bostezo cumple cinco años y no hay mejor forma de celebrarlo que con el primer libro de su nuevo proyecto editorial, pero ¿habrá un segundo? “Hemos tardado diez años en publicar el primero. Ahora pasaremos otros diez celebrándolo. La mayor parte de nuestra energía se la engulle la revista Bostezo, pero siempre nos picó el gusanillo esto de editar libros. Además tenemos que rentabilizar el  logo que Andrés García, nuestro diseñador, ha realizado para la sección de libros de Bostezo. A mí personalmente me apetece seguir explorando encuentros lingüísticos inéditos, me parece un ejercicio de salud mental: traducir El Corán al hebreo, a Rosalía de Castro del gallego al kurdo o al propio Héctor Arnau del castellano al maltés. Todo esto llevará su tiempo, aunque espero que no otra década. Al menos que el segundo libro llegue antes de que la lectura se haya perdido definitivamente como hábito del ser humano. Tampoco debe de quedar mucho para ello. Esperemos que el último lector de la faz de la tierra tenga un “Estellés euskaraz” entre las manos. Sólo así habrá valido la pena perder los años y los piños durante este aletargado y enrevesado proceso de edición”, concluye Paco Inclán.


Cinco preguntas a Gerardo Markuleta, traductor de “Estellés euskaraz”

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¿Qué ha sido lo más difícil del proceso de traducción?
Si se me permite empezar con una broma, diré que lo más difícil ha sido aguantarme las ganas de ver publicado mi trabajo. Si la memoria no me traiciona, el encargo original era de 2006 y, si el servicio postal no me falla, veré el primer ejemplar esta misma mañana.

Un poco más en serio: acostumbrado a traducir de un catalán urbano y estándar, como el de Sergi Pamiès o Quim Monzó, el valenciano de Estellés me planteaba bastantes dificultades de léxico y contenía muchas expresiones para mí desconocidas. Gracias a los buenos vientos de lexicógrafos interneteros y diccionarios digitales pude llegar a buen puerto.

Siendo Estellés un poeta tan lírico, ¿te ha costado adaptarlo al euskera sin que eso se perdiera?
Estellés es lírico a ratos. También puede ser narrativo, dramático, popular, incluso cuasi-pornográfico. Además de traductor, soy también (aunque no esté de moda) lector de poesía y poeta; y esa faceta de creador ayuda mucho a la hora de “transvasar” material poético de una lengua a otra. Se trata, como dicen los expertos, de buscar los mismos efectos con distintos medios, de situarse ante el poema tan cerca como sea posible y tan lejos como sea necesario. Como dice José Corredor-Matheos, “la traducción de poesía no puede hacerse si no es con la voluntad de ‘hacer’ poesía, arriesgándose con ello a toda clase de errores con la esperanza de que el conjunto, y los logros parciales, compensen y hagan olvidar esas caídas inevitables”. Joâo Mendes decía con mucha gracia, y en portugués, que las leyes de la traducción perfecta son dos: 1. “A traduçâo perfeita é impossível” y 2. “Tentar a traduçâo perfeita é utilíssimo”.

Creo que el resultado (pero esto habrán de decirlo los lectores) puede leerse como un libro de poemas (escrito/reescrito) en euskera, que es lo máximo a que puede aspirar un traductor de poesía.

¿Qué te parece el proyecto?
Una maravillosa locura. La lectura del epílogo, en el que se relata el tortuoso camino recorrido desde la idea inicial, incluida en cierta ocasión la pérdida de los originales, me compensa en cierto modo por la espera. Las operaciones de “transvase” entre las diversas lenguas literarias del Estado (español) son, quizá por prejuicios lingüísticos y políticos, y no voy a pillarme los dedos abriendo ese cajón, mucho más escasas de lo que debieran. Y, cuando se llevan a cabo, tienden a tener un carácter institucional, académico, tirando a “ortopédico”. Traducir a un poeta valenciano al euskera, porque sí, porque su poesía lo merece, y porque lo merecen los lectores vascos de poesía, es algo más que un proyecto editorial. Hacerlo en estos tiempos, malos no solo para la lírica, sino también para el trabajo y el pan, tiene en mi opinión un mérito que va más allá de lo literario.

¿Hiciste la traducción directamente del valenciano?
Forma parte del trabajo de un traductor buscar versiones de aquello que ha de traducir, en la misma lengua o en otras, que puedan ayudarle en su labor. Hay muchos prejuicios en cuanto a esto, pero sería poco sensato despreciar olímpicamente las tareas realizadas por otros colegas que llegaron antes a los textos. Por supuesto que la guía fundamental ha de ser el original, pero es preciso conocer las traducciones anteriores, aunque sea para, finalmente, hacer justo lo contrario.

Dicho esto, no sorprenderá a nadie que, en euskera, solo hubiera una decena de poemas de Estellés traducidos al euskera (en la antología “Zenbait poeta katalan”, Ibaizabal 1996), y muchos menos de los que esperaba encontrar en las otras dos lenguas que manejo con cierta soltura: el francés y el castellano (he de citar los trabajos de José Agustín Goytisolo y José Corredor-Matheos).

Si, además, tenemos en cuenta que muchos de los poemas incluidos en “Estellés euskaraz” son inéditos incluso en su lengua original, puedo decir sin temor a mentir que sí, la traducción está hecha directamente del valenciano.

¿Qué poeta vasco crees que podría hacer el camino inverso y ser editado en valenciano?
Quizá para responder tuviera que acudir, también yo, al kilómetro 175 de la A-3, de vuelta de la Feria del Libro Anarquista en Madrid, y plantearme la cuestión en la estación de servicio de Atalaya del Cañavate (véase el epílogo). Me resulta muy difícil dar un solo nombre. Si hablamos de clásicos, podría ser Jon Mirande, por la época y por su heterodoxia. Otro buen candidato podría ser el recién fallecido Xabier Lete, por su obra larga y profunda. Aunque, por lo poco que conozco a Paco Inclán y Héctor Arnau, creo que la propuesta ideal sería Joseba Sarrionandia, de obra extensa, vibrante y renovadora, aunque aún sea joven, para un poeta, y viva en un armario: “exilio es esconderse en un armario con miedo de que alguien lo abra y con miedo de que nadie lo abra”.

 

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