
Una pareja a un par de semanas de casarse entra en un bar salido de un futuro no demasiado lejano. Atractivo. De neón. Ligeramente inquietante. En El bar de las Emociones las bebidas no se eligen por su sabor, sino por la experiencia que van a provocar: la primera calada de un cigarro por la mañana, una discusión familiar, unas vacaciones, los celos… Óscar y Silvia llegan pensando en chupitos divertidos y terminan observando desde fuera algunas de las cosas que llevan ocho años normalizando dentro de su relación. El bar no inventa sus problemas. Se los sirve en vaso de cóctel.
La obra nace del encuentro entre Ciencia Escénica, desde el teatro, y Troupe Audiovisual, desde el cine. Ese cruce atraviesa toda la puesta en escena: humor, ciencia ficción, holografía, videomapping, luz. Y una escenografía que no permanece quieta demasiado tiempo. Un barman holográfico, suspendido detrás de la barra, guiará lo que los personajes sienten, recuerdan o preferirían no mirar.
Dirigida por Daniel Serra e interpretada por Julia Fortaña, Ilion Trebitcka, Rafa Segura y Hu Zhao, la obra parte de una investigación vinculada al CSIC sobre física ondulatoria, cuenta con el apoyo de FECYT y está financiada por el Institut Valencià de Cultura (IVC).
Del 24 de septiembre al 18 de octubre en la Sala Big Bang (C/ Felipe Valls 119, Valencia).

El bar de las Emociones es:
➡️ Es una comedia que deja de serlo.
Todo parece bastante apetecible: neón, cócteles imposibles y un bar futurista en el que puedes comprar experiencias a la carta. Hasta ahí, todo bien. Poco a poco, la gracia empieza a tener menos gracia…
➡️ Es física en vaso de chupito.
¿Sabes explicar el efecto Doppler? Nosotros tampoco. Hasta que un científico del CSIC nos lo explicó y descubrimos que, además, podía convertirse en una escena. La idea central aquí es que la física no detenga la historia para explicarse.
➡️ Es teatro con bastante cine dentro.
Nos interesaba llevar al escenario parte del lenguaje con el que trabajamos en cine: el punto de vista, la atmósfera, el ritmo. Incluso cambiar de género sin cambiar de escenario. No hemos metido una cámara en mitad de la función. Nos hemos contenido.
➡️ Es una pareja mirándose desde fuera.
Familia política, celos, convivencia, amistades, miedo al abandono, pequeñas renuncias… Nada especialmente extraterrestre. Bastante terrestre, de hecho. El bar exagera esas situaciones hasta que resulta difícil seguir mirando hacia otro lado.

El bar de las Emociones no es:
➡️ No es una clase de física.
No hace falta conocer la diferencia entre frecuencia y amplitud de onda para entrar. Tampoco habrá examen al terminar la función. Si por el camino alguien acaba entendiendo qué demonios es una interferencia destructiva, mejor. De hecho, que nos la explique por mail al salir. Así comprobamos que ha funcionado.
➡️ No es un catálogo de efectos.
Hay hologramas, mapping, proyecciones, láseres y más cables de los que nos gustaría admitir. Nos gustan. Evidentemente. Pero están ahí porque cuentan algo. Si quitamos la tecnología y la historia sigue funcionando exactamente igual, hemos hecho mal nuestro trabajo.
➡️ No es un manual sobre cómo tener pareja.
Tampoco tenemos tanta autoridad. Ponemos ciertas situaciones encima de la mesa —o de la barra— y dejamos que cada espectador decida cuáles le resultan incómodamente familiares.
➡️ No es lo que parece.
Y sobre esto es mejor no explicar mucho más. Bastante hemos contado ya.
Bienvenidos al bar.
Entradas a la venta aquí.









