La 15ª edición del certamen presenta en Las Naves la instalación sonora Crying Glacier del artista suizo Ludwig Berger y programa en el Museu de Belles Arts la pieza coreográfica Droits de la Nature de Ibrahima Niassy.

El Festival 10 Sentidos celebra su 15ª edición con una programación marcada por la reflexión sobre la emergencia climática y la relación entre el ser humano y el entorno natural. El certamen inaugura este sábado en Las Naves la instalación sonora Crying Glacier, creada por el artista suizo Ludwig Berger, junto a la proyección del documental que muestra el proceso de creación de la obra.

La pieza recoge durante una década los sonidos internos del glaciar Morteratsch, en Suiza, mediante hidrófonos sumergidos en sus grietas. El resultado es una experiencia inmersiva que convierte el espacio expositivo en un paisaje sonoro en transformación, donde el hielo cruje, gorgotea y emite sonidos que oscilan entre lo orgánico y lo electrónico.

El proyecto, documentado por el cineasta Lutz Stautner, funciona como una memoria acústica del retroceso glaciar y una reflexión sobre la desaparición de estos ecosistemas. La obra ya ha podido verse en la sede de la UNESCO en Nueva York con motivo del Día Mundial de los Glaciares y también en la Bienal de Arquitectura de Venecia. El New York Times llegó a definirla con el titular «Así es cómo suena la Tierra al morir».

La instalación permanecerá abierta al público en el horario habitual de Las Naves y forma parte de una edición del festival que convierte distintos espacios de València en lugares de creación y pensamiento crítico alrededor de la sostenibilidad y la crisis climática.

La programación continuará el domingo 17 de mayo a las 18 horas en el Museu de Belles Arts de València con Droits de la Nature, del artista senegalés Ibrahima Niassy, conocido como Pisco, junto a la compañía Cie Fii ak Fee. La propuesta aborda la naturaleza como sujeto de derecho y plantea una reflexión sobre la explotación de los ecosistemas desde el lenguaje del cuerpo y la danza contemporánea.

Inspirada en la formación del creador en la École des Sables y vinculada a su herencia africana, la pieza combina tradición y vanguardia para construir una coreografía que reivindica la justicia climática y la conexión con los cuerpos ancestrales. En escena, el cuerpo se transforma en tierra agrietada y agua que reclama su cauce, en una propuesta que entiende la sostenibilidad como una cuestión vital y espiritual.