Exposición ‘Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes. Melanie Smith’. Foto: Miguel Lorenzo

La artista Melanie Smith explora en el IVAM qué queda de una especie cuando sobrevive su imagen

‘Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes’ reúne 40 obras en torno al ajolote mexicano y el caracol púrpura para abordar la extinción, la representación y nuestra relación con otras formas de vida

Exposición ‘Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes. Melanie Smith’. Foto Miguel Lorenzo

Exposición ‘Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes. Melanie Smith’.Foto Miguel Lorenzo

Exposición ‘Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes. Melanie Smith’ . Foto: Miguel Lorenzo

Exposcion Melanie Smith – IVAM. Foto: Miguel lorenzo

El IVAM inaugura este miércoles Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes, una exposición de Melanie Smith que reúne cerca de 40 obras de Axolotl y Tixinda, dos de las últimas producciones de la artista británico-mexicana, realizadas en 2025. A partir de dos especies amenazadas, Smith construye una reflexión sobre la extinción y, sobre todo, sobre la manera en que miramos, representamos y nos relacionamos con aquello que no somos nosotros.

Comisariada por Helena Chávez Mac Gregor, la exposición se articula en torno a un archipiélago central que divide la sala en dos grandes núcleos, acompañados por una pantalla que reproduce vídeos en bucle. No se trata tanto de contar la historia de dos especies como de utilizarlas para abrir otras preguntas sobre nuestra relación con el mundo natural.

Exposición ‘Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes. Melanie Smith’
La comisaria Helena Chávez Mac Gregorene en el IVAM. Foto
Miguel Lorenzo

El primer núcleo está dedicado al ajolote, un anfibio endémico del Valle de México que se encuentra en una situación crítica en su hábitat natural. Su imagen, sin embargo, disfruta de una vida mucho más próspera. El animal se ha convertido en un icono de Ciudad de México y aparece reproducido en billetes, aplicaciones, productos comerciales y campañas institucionales.

Ahí surge una de las contradicciones que atraviesan la exposición: el ajolote puede desaparecer de sus hábitats naturales y, al mismo tiempo, permanecer omnipresente como imagen. «El ajolote casi desaparece de sus hábitats naturales, pero puede vivir en tanques de agua aislado como mascota, sin desaparecer», señala Chávez Mac Gregor. La paradoja plantea una serie de interrogantes: si sobrevive un individuo, ¿sobrevive la especie? Y si deja de existir en su hábitat, ¿en qué momento podemos hablar de extinción?

El segundo proyecto, Tixinda, se acerca al caracol púrpura, un molusco que habita actualmente en las costas de Oaxaca y cuya secreción adquiere un intenso tono púrpura al entrar en contacto con la luz solar. Ese color, históricamente asociado al poder y al estatus, convirtió al animal en materia prima de una industria vinculada al lujo y al comercio.

La historia del pigmento permite a Smith ampliar el relato hacia otras formas de explotación de la naturaleza. La extracción del color de estos animales estuvo vinculada a antiguas industrias desarrolladas, entre otros lugares, en las costas mediterráneas. La exposición conecta así la historia cultural del color con una larga tradición de apropiación y explotación de otros seres vivos.

Pinturas, dibujos, esculturas y vídeos construyen un universo en el que conviven diferentes tiempos y registros. Historia y ficción, memoria y especulación, pasado y futuro aparecen entrelazados en una obra que no pretende ofrecer respuestas cerradas. «El título es una provocación», explica Smith, que propone pensar «en nuestras vidas alrededor de estos animales en vez de pensar desde lo humano».

La artista trabaja precisamente desde esa acumulación de capas. «Mi trabajo siempre está construido en capas o estratos. Es una obra que crea tensiones, mi trabajo es muy circular, como en forma de espiral», apunta. El visitante debe, por tanto, detenerse ante las imágenes y establecer sus propias conexiones en lugar de seguir un relato lineal.

En un momento en que buena parte de las representaciones de la crisis ecológica recurren a imágenes de catástrofe, la exposición busca otro registro. «No niega la gravedad de la situación, pero no se instala en ella», explica Blanca de la Torre, directora del IVAM. La propuesta invita a observar y a imaginar otras formas de relación con las especies que nos rodean.

La muestra enlaza además con uno de los conceptos que atraviesan el proyecto del IVAM: el «Museo Anfibio», entendido como un espacio capaz de desplazarse entre diferentes contextos, habitar zonas intermedias y poner en relación aquello que tradicionalmente se ha considerado separado.