Electrina Máñez empezó muy pronto a subirse a los escenarios. Con tan solo 14 años, mayo de 1916, la canzonetista valenciana ya arrancaba los aplausos del entregado público. Actuó en el Apolo (teloneando al ventrilocuo Sanz y superando el reto con nota alta), en el Circo Regües, en Trianon Palace o el Teatro Martí. Enseguida salió de València a recorrer el resto de España, sin dejar por ello fijada su dirección de contacto aquí (Plaza Lucena, 3, bajo, Grao), como se puede leer en la publicidad de la época.

Elogios y alabanzas en la prensa especializada. Voz intensa, dicción perfecta, escogido repertorio, presentación suntuosa, decorado propio, bonita voz. También, una crítica demoledora publicada en el diario republicano El Luchador por una actuación en Alcoi. En enero de 1918, primera portada en la revista madrileña El Eco Artístico. Ese mismo año, en octubre, otro artículo lleno de eufóricas alabanzas, seguramente fruto de alguna inversión económica dado el carácter comercial de la publicación. En él, se hace referencia a los deseos del promotor Monforte de que Electrina vuelva a su teatro “para verlo lleno de bote en bote, como si se tratase de un mitin republicano en el que la entrada es gratis”.

Solo tiene 17 años y su nombre va engordando en la cartelería. Recorre primeras plazas y pequeños pueblos. Las crónicas siempre descatan las impulsivas ovaciones del respetable. Y todo éxito despierta recelos y envidias. Un incidente en el Salón Vizcaya, de Bilbao, lleva a su padre, Francisco Máñez, a mandar una carta a El Eco denunciando la actitud de la también artista Emilia Bracamonte que “al cantar mi hija un couplet, se permitió recibir a su compañera con burlas y siseos, proceder que fue justamente censurado por el público, artistas y empleados de la casa”.

La carrera de Electrina Máñez sigue en ascenso, más portadas, más actuaciones, las letras más grandes. Triunfa en el Romea de Madrid, compartiendo galas con Pastora Imperio. Triunfa en el Victoria Eugenia de San Sebastián, en el Benlliure de València o en el Doré de Barcelona, donde forma parte de un programa que incluye a Conchita Ulia, a Mary Flor y a los hermanos acróbatas Elrado Ott (con Laurita, la Locomotora Viviente).

Tiene 19 años, es 1921, enero, y después de un sold out en Logroño, viaja a Barcelona. Luis Corzana le ha contratado en el Edén-Concert, para sustituir a La Goyita. Empieza su pesadilla. Electrina contará su calvario en la revista valenciana La Reclam (donde es portada), seis meses después. “Allí cometieron conmigo crueldades. Quisieron exigirme que alternara, cosa que me opuse rotundamente, y ello fue lo suficiente para que la empresa hiciera los posibles para que rescindiera el contrato, cosa que no consiguió, pues hice valer mis derechos y soporté todas las vejaciones que conmigo quisieron hacer. No obstante, me atrevo a firmar que es el teatro donde más me han aplaudido, a pesar de que la empresa prohibiera a la clac que me aplaudiera”.

Electrina apunta en esa entrevista que su caso no es aislado, que a otras artistas, incluso da el nombre de Manolita Benito, les ocurrió lo mismo. Les obligaban a prostituirse por contrato, tal y como puede deducirse de sus palabras y de una información publicada en marzo de 1921, en El Eco Artístico, en el que aplauden que Máñez hiciera “una salvedad en el contrato que dice mucho en su favor”. La cantante valenciana se negó, lo denunció públicamente dando nombres, pero no ocurrió nada. La normalidad con la que la sociedad del momento asumía esas prácticas espanta casi tanto como las mismas.

La valenciana siguió su carrera triunfal (“su temperamento se amolda lo mismo al couplet picaresco, como a la canción sentimental”), rechazó viajar a Buenos Aires (“me gusta tan poco, aunque la tengo tan cerca, el agua del mar”) e incluso grabó un single, acompañada de orquesta, para el sello La Voz de Su Amo, con “Majeza española” (Morell y García) y “De Benimaclet” (Mendez, Ventura Vidal y García), un fox trot sobre motivos populares valencianos, que se puede conseguir en Todocolección, donde, por cierto, también hay a la venta una postal suya autografiada.