Johnny Chico es el actor castellonense Víctor Palmero. Palmero se ha hecho popular por la serie La que se avecina donde da vida al personaje transexual de Alba Recio. Pero en esta obra (Sala Russafa, del 20 al 30 de enero) no hay comedia. Se trata de un monólogo firmado por el poeta y dramaturgo australiano Stephen House. «Un maricón más que hay que silenciar a golpes, simplemente por ser diferente», se lee en el dossier de la obra, «y nosotros como meros espectadores, vemos y contemplamos la desgracia de Johnny, pero no le ayudamos a salir de ella».

Johnny Chico, dirigida por Eduard Costa, recibió el año pasado el galardón (apadrinado por Verlanga) al Espectáculo Revelación en los Premios del Público de la Sala Russafa.

Johnny Chico «muestra el viaje de un joven marginal de un pequeño pueblo a la gran ciudad. Un tránsito en el que va descubriendo que lo que siente por su mejor amigo, quien le lleva a dar palizas a homosexuales, es algo más que amistad».

Palmero responde a nuestras preguntas.

¿Cómo nace Johnny Chico?

Johnny Chico nació en realidad bajo el título de Go by night en Australia en los años 90. Su autor es el poeta, actor y dramaturgo Stephen House, a quien pedí el texto para versionarlo en España bajo el título de Johnny Chico junto a Eduard Costa, el director del montaje. Nace a nivel nacional por mis ganas de contar algo al mundo que yo escogiera contar, al final como actores siempre aceptamos proyectos muy diversos que en ocasiones nos representan y en otras no y Johnny Chico me apetecía, tanto por lo que cuenta como por a nivel actoral, poder hacer un ejercicio interpretativo diferente de lo que hasta ahora la gente conocía de mí.

¿Qué es lo que te interesaba, desde el punto de vista de la interpretación, del personaje y de la obra en sí?

Me apetecía poner sobre las tablas el tema que trata el texto: hablar de libertad, de ser quien te dé la gana ser, de la búsqueda de la auto-aceptación. Johnny es un personaje valiente y luchador que pese a no tenerlo fácil, no se rinde en esa búsqueda de amor, de hacer coincidir lo que uno muestra con lo que uno siente… que al final creo que es la mayor lucha del ser humano consigo mismo. En el plano actoral ha sido muy emocionante trabajar con Edu los diferentes personajes y es un trabajo intenso en escena el pasar de un personaje a otro, de entre los aproximadamente 10 que aparecen en la obra, en cuestión de segundos ante el público y hacerlo creíble. Quería enseñar al mundo esa versatilidad y volver a acercarme al drama tras años de comedia en televisión.

Después de tantas representaciones, ¿tienes la sensación de que el personaje ha ido evolucionando? ¿En qué sentido? Aunque sea un texto cerrado, ¿tienes en cuenta las reacciones del público durante las representaciones, el feedback que puedas recoger fuera del escenario…, para incorporarlo al protagonista?

Creo que el montaje en sí ha evolucionado, tenemos una grabación del día que la estrenamos y si comparamos el trabajo de estos ya casi 3 años, se nota que el montaje está más redondo y ágil que nunca… Y esto mola porque hace que el público quede atrapado durante los ochenta minutos por la historia, que se convierte en una montaña rusa emocional que no da tregua. Y claro, creo que al final aunque sea un monólogo, la escucha con el público siempre está, en una ocasión llegué a utilizar un estornudo de un espectador como si fuera parte del montaje, Johnny iba en ese momento por la calle y le dijo «Jesús» a alguien, estas absurdeces suelen resultar divertidas para el espectador… Aunque nunca rompemos la cuarta pared, a excepción de un momento puntual en la función donde aparece uno de los múltiples personajes: la Gran Perla. Uno de los momentos favoritos del público.

Durante la obra das vida a diez personajes diferentes. ¿Cuánto hay en ello de querer que sea un proyecto muy personal, cuanto de planificación para que sea más fácil girar, cuanto de cuestión económica…? ¿Cómo afrontas esa multipersonalidad interpretativa?

La clave es absolutamente que sea un proyecto personal, de hecho mi idea inicial era dirigir el montaje, pero no puedo estar más contento de haberme rodeado del equipo que formamos Johnny encabezado por Eduard Costa que dirige y Coque Serrano que produce, ambos fueron mis profesores de teatro cuando era adolescente, nos conocemos mucho y eso ha hecho que todos tengamos voz y voto en las decisiones con respecto a la historia… Y siempre me gustó imitar voces, acentos, acababa de empezar con Alba Recio en La que se avecina y pensé que, por como estaba escrito el proyecto, todos los personajes salían del imaginario de Johnny, venían desde él, y al final cuando uno cuenta una historia la cuenta con lo que él recuerda, con una voz y esta historia estaba escrita para ser contada así, para pasar por ser chico, o chica o chique… y descubrir que lo importante y esencial en la vida va más allá del género.

Se trata de una obra de los años 90 cuya temática, por desgracia, está de mucha actualidad. ¿Ha habido algún tipo de adaptación a referentes o realidades españolas?

La historia en esencia se mantiene prácticamente tal cual la escribió Stephen House, aunque nosotros adaptamos la idea escenográfica junto a Luis Crespo, la banda sonora junto a Juanjo Ballester o la iluminación con Mundi Gómez. Con respecto al texto había una escena sobre un barrio de pijos que a Eduard Costa se le hacía un poco larga y se le ocurrió cogiendo como referente a El Langui covertirla en un rap que yo mismo escribí y también proyectamos durante la función en un momento puntual con titulares de agresiones de lgtbiq+ fobia reales que vamos actualizando… creo que es uno de los momentos más duros de la obra.

Aunque lo habitual es que el director elija a sus actores, en este caso el proceso fue al revés y fuiste tú quien buscaste a Eduard Costa. ¿Por qué él? ¿Qué crees que ha aportado al resultado final?

Eduard me conoce desde que era un niño, él y Coque daban clases en la Escuela Municipal de Teatro de Onda y yo como adolescente, sólo quería que fuera martes o jueves para ir a sus clases. Me daba igual el fin de semana, mi rato de disfrute era sobre el escenario e improvisando, jugando… me hicieron darme cuenta de que esto era a lo que me quería dedicar. Creo que era algo que nos debíamos, porque somos amigos, nos conocemos mucho y para mí ambos tienen mucho talento y confiaba ciegamente en que juntos íbamos a crear algo especial

Tu personaje en La que se avecina te ha proporcionado una popularidad de la que te podrías «haber aprovechado», pero has optado por huír de esa comodidad, de esa zona de confort que podía implicar, apostando por un texto y una propuesta más arriesgada.

Es que soy actor por vocación y amo mi trabajo, y tenía y tengo muchas inquietudes y cosas que me apetece contar al mundo.

¿Qué futuro le espera a la obra?  ¿Te has planteado en un futuro retomar a Johnny Chico y ficcionar que ha sido de él, hacer una segunda parte o tu relación con él finaliza en este montaje?

Por ahora creo que este va ser un año más Johnny que nunca, hay ciudades y fechas por cerrar pero por ahora puedo contar que vamos a estar del 20 al 30 de Enero en la Sala Russafa de València, en febrero viajamos a Ondara (Alicante), Bellreguard (València), Navalmoral de la Mata (Cáceres) y Aragón, donde también estaremos parte de marzo para terminar el mes en el Teatro Goya de Barcelona y abril lo empezamos en Pola de Siero (Asturias)… no sé si mi relación con Johnny termina en este montaje, pero sí sé, que pase lo que pase va a ser un personaje que voy a guardar en mi corazón siempre.