Hay prólogos que adquieren mayor protagonismo una vez se ha leído el libro entero. Adelantan, en clave, lo que vendrá en las páginas siguientes, aunque el lector no tenga la información suficiente para percatarse. El de Notas a Apocalypse Now. Crónica de un rodaje maldito, de Eleanor Coppola, es uno de ellos. En él se recogen las negociaciones y negativas que va recibiendo Francis Ford Coppola de Steve McQueen, Al Pacino, James Caan, Jack Nicholson y Robert Redford para participar en su película. “Francis se siente muy frustrado. Agarra todos sus Oscar de las estanterías y los lanza por la ventana. Los niños recogen los trozos del patio. Cuatro de los cinco se han roto”. El espectáculo, el viaje a los infiernos profesionales y personales, acababa de empezar.

Marzo, 1976, Filipinas. Arranca el rodaje de Apocalypse Now. Eleanor, mujer de Francis, viaja por razones familiares, pero también para rodar un documental sobre el film (Corazones en tinieblas, disponible en Filmin). Escribe un diario, testimonio privilegiado de todo lo que sucede. Dentro y fuera de la película. Dentro y fuera del cineasta. Dentro y fuera de sus vidas. Ese dietario es el libro publicado ahora por la editorial valenciana Barlin Libros, con traducción de Mar Vidal (revisión actualizada y corregida de la que apareció, a principios de siglo, en el sello Emecé).

Eleanor Coppola se convierte en guionista involuntaria de una película paralela (a su propio documental y a la que rueda su marido) en la que no falta de nada. Comienza apuntando los choques que le provoca la realidad de un país tan distinto al suyo. Su hija Sofia comenta, con ingenuidad, que “parece el crucero por la selva de Disneylandia”. Ella confiesa que su lavandera Cecilia “le cae bien, pero me molesta tener una lavadora humana”. La situación política también les afecta. “Francis lleva guardaespaldas permanente, proporcionado por el gobierno. En nuestra casa hay guardias de seguridad”. Este aclimatamiento, pronto, perderá protagonismo, ante la cantidad de conflictos que empiezan a surgir.

El rodaje muta en guerra. Hay víctimas (Harvey Keitel es reemplazado cuando ya se ha empezado a rodar porque a Coppola no le convence su trabajo), nuevos frentes (los helicópteros suministrados por las fuerza aéreas filipinas tienen que abandonar el rodaje para luchar en la guerra civil que azota al país), affaires diplomáticos (el cineasta manda un telegrama a Donald Rumsfeld, secretario de Defensa estadounidense, reclamando la posibilidad de alquilar material del ejército norteamericano que se le niega), problemas económicos (el presupuesto se dispara con la potencia de una metralladora) o enemigos inesperados (un tifón, “el camión generador había sido cubierto por el agua y probablemente era irrecuperable; el rield el travelling estaba enterrado bajo un metro de barro”). Y Eleanor lo va contando con la naturalidad de quien lo va viviendo día a día.

La película no deja de ser el centro sobre el que gravita el libro. Su trabajo documental, los planes de rodaje, la llegada de Marlon Brando, todo lo que le pasa a Martin Sheen (cortes, desmayos, borracheras, ataque al corazón….), el tigre que suben a un avión, el montaje… Pero hay más. Y en esas veredas que se van abriendo es donde lo que narra Eleanor Coppola triplica su interés. Hay un tono confesional de diversas intensidades, desde sus reflexiones sobre las infidelidades de su marido a su “yo casi nunca leo. Hasta hace muy poco me daba vergüenza decirlo”. Un desnudo textual, que más sincero o menos, más dolido o menos, le permite dibujar una realidad fuera de los focos. A nivel anécdotico (el día que sentó a Bob Dylan en un extremo de la mesa junto a los niños en una cena en su casa de San Francisco, la visita a la Casa Blanca…), pero sobre todo a nivel personal, presentando a Francis Ford Coppola como alguien atormentado, con muchas dudas, deprimido, en conflicto consigo mismo, caprichoso, ególatra.

“Treinta y ocho tomas y Francis dice que no ha salido ninguna como él quería”.

“Todos los demás parecen pensar que lo que está haciendo es sencillamente fantástico. Si digo cualquier cosa en el sentido contrario, se interpreta como negatividad, deslealtad o celos”.

Notas a Apocalypse Now. Crónica de un rodaje maldito es la historia de un rodaje catastrófico a varios niveles (en las localizaciones y en la sala de montaje, en las dificultades diarias y en las indecisiones del director….), pero también de cómo se va desangrando un matrimonio, una relación, amenazando con llevarse por delante, incluso el amor propio de quien lo cuenta en primera persona, su batalla “entre el papel de esposa/madre y el de artista”, un conflicto ausente en él.

“Me doy cuenta de que, casada con Francis, puedo volar a alturas más elevadas que con cualquier otra persona”, escribe Eleanor Coppola, para añadir como si fuera uno de los protagonistas de Apocalypse Now, “pero también caer hasta las profundidades más hondas”.