Emili Albi (València, 1979) es licenciado en Derecho, pero si está hoy en las páginas de Verlanga no tiene nada que ver con ello. Es el director editorial de Ariel, pero tampoco ese es el motivo de su presencia por aquí. Es autor de los poemarios Amb veu d’on mai som vinguts y Solitud i labor, sin que esas sean las verdaderas razones para protagonizar esta sección. Este año publicó su primera novela, La amante ciega (en Altamarea Ediciones) y ahora sí, por ello (aunque también por una suma de todo lo anterior) le hemos invitado a que comparta su proceso creativo. Este es su ABCD:

A

Andamio

Toda creación tiene una dinámica común que es la construcción. La más gráfica es la obra arquitectónica, vemos de manera evidente la cimentación, la generación de la estructura, los materiales que se van utilizando, los acabados… Para mí, el andamio es importantísimo, como editor y como escritor, gracias al andamio puedes ver de cerca partes y componentes de la construcción que estás llevando a cabo. Soy un entusiasta de los andamiajes, a veces más incluso que de las obras a las que sirven. Su geometría, su humildad, lo que tienen de artesanal, su parquedad y funcionalidad me emocionan. Para conseguir elevar algo, primero has de haberlo “andamiado” realmente bien.

B

Borrachera

El alcohol, pero no solo (también las drogas), nos permiten ver la realidad de una manera diferente. Sin querer hacer apología de la drogadicción ni del alcoholismo, sí me parece importante que el artista experimente el mundo desde otros estados. Nos abre, por así decir, realidades bloqueadas. Jamás he escrito algo pasable en un estado diferente a la sobriedad, pero sí que he realizado hallazgos de tipo poético o lingüístico y teóricos o conceptuales (ni que decir tiene, sentimentales), estando ebrio. Es, como todo, parte de la vida, y es con la vida con la que creamos. Hay, sobre todo en la literatura, una densidad de dipsómanos que asusta… no daré nombres (porque no caben).

C

Cárcel

Me está saliendo muy macarra todo, pero la sensación de que habitamos una cárcel (el trabajo, la hipoteca, las transaminasas altas, la comunión del sobrino…) es lo que nos empuja a escribir. Si la existencia no fuera tan coñazo, tan carcelaria a veces, no pintaríamos ni un cuadro, ni nos obcecaríamos durante horas frente a un papel en la búsqueda de un verso. Las cárceles dan alas. En la poesía es recurrente, de hecho, identificar “prisión” y “realidad”.

D

Diente

Dice el DRAE en su primera acepción que el diente es “Cuerpo duro que, engastado en las mandíbulas del hombre y de muchos animales, queda descubierto en parte, para servir como órgano de masticación o de defensa.”. La creación mastica el mundo, en el sentido de que lo metaboliza (para eso creamos, para comprender qué coño es todo esto) y para defendernos, para tratar de defender a nuestros semejantes y para luchar contra el poder, y el diente es nuestra primera arma, la más intuitiva, la más natural. Uno de los versos que más me han gustado siempre son los que Miguel Hernández le dedica a su hijo en las nanas de la cebolla: “Al octavo mes ríes / con cinco azahares. / Con cinco diminutas / ferocidades. / Con cinco dientes / como cinco jazmines / adolescentes.” Acojonante.