Lola Mascarell

Foto: José Saborit

Mi nombre es Lola Mascarell. Soy profesora de Lengua castellana y literatura en un instituto de Valencia y además he escrito algunos libros. En concreto, cuatro poemarios y una novela.

Los tres primeros se publicaron en la editorial Pre-textos: Mecánica del prodigio (2010), Mientras la luz (2013, Premio Internacional de Poesía Emilio Prados y Premio Alcalá de Poesía) y Un vaso de agua (2018).

En 2022 publiqué mi primera novela: Nosotras ya no estaremos, en la editorial Tusquets. Unos meses más tarde, nació mi hija. Ahora, en parte inspirado en estos dos años de crianza, acaba de salir, también en Tusquets, mi último libro de poemas: Préstame tu voz. Además de estos libros he publicado muchos poemas en revistas y antologías. También, artículos críticos en distintos medios de comunicación, así como en suplementos literarios y en mi propio blog: registrodeayeres.blogspot.com

¿Somos los que leemos?

Somos lo que da de sí la lucha entre lo que queremos ser y lo que podemos ser. Y en este sentido, lo que queremos ser está muchas veces en los libros: la forma de vivir de la heroína, la valentía del caballero andante, la pasión de la dama enamorada, el toque salvaje del joven viajero, la libertad del artista bohemio o la sabiduría de la anciana venerable… Dicen que querer es poder, así que seguro que muchos de esos personajes están también en nosotras y por eso, cuando los encontramos, no podemos dejar de visitarlos. Somos lo que leemos porque los libros son al final un espejo de nosotros mismos.

Un libro de tu infancia:

Mi infancia está llena de libros. Algunos de ellos están saliendo ahora del armario para que los lea (o más bien, para leérselos) a mi hija de dos años. Los poemas para niños de Gloria Fuertes, los libros de Celia, escritos por Elena Fortuny o cualquiera de El barco de Vapor, estarían entre mis favoritos.

Un libro de tu adolescencia:

Creo que me quedaría con La historia interminable, de Michael Ende. Lo leí en un fin de semana. Lo devoré. Gracias a él, comprendí lo que era viajar a otros mundos lejos de mi casa y también construir una casa dentro de la mía, un refugio en el que me sentía a salvo y del que nadie podía sacarme.

Un libro de tu juventud:

Mi libro de juventud por antonomasia es Rayuela de Julio Cortázar. Lo leí en el último año de instituto y me ha acompañado siempre. Recuerdo que lo compré con el cheque que me dieron por haber ganado el concurso literario escolar, junto a Shiddartha, de Herman Hesse o Poemas paradisíacos, de Vicente Aleixandre. Entonces, cuando leía el libro de Cortázar, pensaba que la libertad era eso, poder elegir el capítulo que venía a continuación. De alguna manera, en aquella época, todavía lo era. 

Un libro actual:

Acabo de terminar La última función, de Luis Landero, un homenaje al teatro, un canto al arte y a la transformación que el arte puede hacer en las personas. Un libro excelente que recoge el universo landeriano y lo vuelve a contar de otra manera, como si esta vez te lo estuviera contando el propio Landero sentado en el banco de un parque. A veces nos falta determinación para seguir nuestros sueños, para cambiar nuestras vidas. Esta novela habla de eso, del deseo de ser otros, del afán, de los sueños, de la modernidad y la desaparición de algunos modos de vida, pero sobre todo del amor: del amor al arte, del amor auténtico.

Un libro de siempre: 

Es un tópico, pero es inagotable. El Quijote. Pasarán los siglos y se seguirán escuchando carcajadas cuando alguien se acerque a sus páginas. Don Quijote no pasa de moda porque cumple con aquello que decíamos al principio: nos cuenta la historia es alguien que se atreve a ser lo que desea, a ser otro, y en esa ilusión de vivir otras vidas, sucede la nuestra.

Un libro por leer: 

Esta es sin duda la más difícil. Porque en mi biblioteca hay más libros por leer que leídos. Diré, por tanto, el próximo que viene y que ocupa este espacio por pura casualidad. Se trata del último poemario de Ana Blandiana: El sueño dentro del sueño y otros poemas. Una de sus traductoras, Viorica Patea, me lo acaba de hacer llegar y lo tengo ahora mismo encima de la mesa, esperando a que acabe de contestar estas preguntas para abrirlo. Blandiana es una de las grandes poetas de nuestra época.

Un libro que no pudiste acabar de leer: 

Guerra y Paz. Me pasaba una cosa que me sigue dando vergüenza reconocer: que me entretenían mucho más los episodios de paz que los de guerra. Mis amigos hombres me decían que los mejores eran los otros, así que decidí dejarlo. Creo que hay algo en el gusto que tiene que ver con el género y hay muchos libros cuyas temáticas, por razones históricas y vitales evidentes, no nos han interesado a las mujeres.

Un libro que te gustaría haber escrito: 

Don de la ebriedad de Claudio Rodríguez. Cuando tienes 16, 17 años quieres expresarte con la poesía, es tu lenguaje natural. Yo escribía poesía por todas partes. Me hubiera encantado tener la clarividencia que tuvo Claudio a esa edad, la maestría de aquel joven que con tan pocos años pudo escribir uno de los mejores libros de poesía en lengua castellana.

Un libro que te gustaría que existiera: 

La novela o el libro de poemas que se soñó, pero no se pudo escribir porque la autora estaba atendiendo a otros asuntos propios de su género como los niños, la cocina o la ropa. Aquel libro que imaginó una mujer mientras atendía a su esposo o limpiaba los platos. El que hablaba de la maternidad, el que contaba cosas de su familia, el que explicaba una historia que le había contado su madre.Todos esos libros.

Tres cosas que te gustan más que leer:

Comer, andar y enseñar. Las dos primeras son complementarias, porque el placer máximo es comer después de haberse dado una buena caminata por las montañas. La tercera también debería poder incluirse en el binomio inicial. Si enseñáramos alrededor de una mesa con sol mientras degustamos una comida frugal o caminando por un jardín lleno de árboles y plantas, entonces la educación recuperaría su brillo original. A menudo olvidamos lo mucho que sabían los griegos.